
Compartir el espacio doméstico con el trabajo puede fracturar la convivencia de pareja. Un estudio publicado en el Journal of Organizational Behavior determinó que el teletrabajo intensivo eleva el conflicto entre el trabajo y la vida en casa, la sensación de soledad y las deliberaciones sobre separación o divorcio, aunque el efecto varía según las preferencias de cada miembro de la pareja sobre los límites entre ambas esferas.
La investigación, firmada por Alejandro Canek Hermida Carrillo, Felix Bölingen, Russell A. Matthews e Ingo Weller, se apoyó en dos estudios longitudinales con parejas de doble ingreso en Alemania. El primero siguió a 170 parejas en Múnich durante la primavera y el verano de 2020, con dos mediciones separadas por ocho semanas. El segundo analizó una base nacional de 1.561 parejas observadas a lo largo de un año. Según informó Phys.org, la pandemia extendió masivamente el teletrabajo y muchas empresas y empleados lo mantuvieron por la flexibilidad que ofrece.
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El eje del análisis es lo que los autores denominan preferencias de segmentación: el deseo de proteger el hogar de las intrusiones laborales. El Journal of Organizational Behavior precisó que, a medida que aumentan las horas de teletrabajo, esas preferencias se vuelven más determinantes. Las parejas con mayor riesgo son dos tipos: las que tienen preferencias distintas entre sí y las que comparten una preferencia muy alta por mantener la separación entre trabajo y vida personal.

Ese segundo perfil resulta contraintuitivo. Cuando ambos miembros quieren fronteras rígidas, pero trabajan muchas horas desde casa, la dificultad de sostener esa división en un entorno flexible genera más conflicto trabajo-hogar, y no menos.
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De acuerdo con el Journal of Organizational Behavior, el intento de mantener muros estrictos en un ambiente que los difumina por naturaleza produce una fricción constante.
El efecto en hombres y mujeres no es el mismo
El primer estudio reveló una diferencia por sexo. Según el Journal of Organizational Behavior, cuando los miembros de la pareja tenían preferencias distintas y el trabajador pasaba muchas horas en casa, los hombres reportaron más conflicto trabajo-hogar, independientemente de sus propias preferencias.
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Si su pareja no compartía su postura sobre los límites laborales, el hombre tendía a percibir que el trabajo invadía su vida doméstica. En las mujeres, la misma falta de coincidencia tuvo el efecto contrario: redujo el conflicto.
De la tensión cotidiana a pensar en la ruptura
El mecanismo que conecta el teletrabajo con las deliberaciones sobre separación pasa por la soledad. El artículo académico sostiene que el conflicto trabajo-hogar consume el tiempo y la energía mental que la pareja necesita para la intimidad. Esa erosión genera aislamiento afectivo incluso cuando ambos miembros comparten el mismo espacio físico.
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El comunicado divulgado por Phys.org describió ese proceso al señalar que, cuando el estrés laboral agota los recursos emocionales de uno de los miembros, ambos integrantes de la pareja acaban sintiéndose solos. El segundo estudio confirmó que esa soledad compartida eleva la probabilidad de que la pareja mantenga conversaciones serias sobre una separación o divorcio. Los autores aclararon que el estudio midió pensamientos y conversaciones al respecto, no rupturas efectivas.

El primer estudio no confirmó de forma estadísticamente significativa que el conflicto de un integrante aumentara la soledad del otro, pero el segundo sí encontró ese efecto cruzado, aunque de menor magnitud. La segunda base de datos también vinculó la soledad de cualquiera de los dos miembros con las deliberaciones sobre ruptura.
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Las parejas que mejor toleran el teletrabajo
El teletrabajo funcionó mejor en las parejas con mayor tolerancia a la mezcla entre trabajo y vida doméstica. Según el comunicado, esas parejas adaptaban el espacio del hogar con más facilidad, no interpretaban las interrupciones como una molestia y construían rutinas compartidas, como calendarios coordinados para pausas o llamadas. El Journal of Organizational Behavior señaló que esas configuraciones encajan mejor con un modelo de fronteras difusas, donde la superposición entre lo laboral y lo personal no se vive como una amenaza.
Los autores recomendaron que cada persona considere las preferencias de su pareja —y no solo las propias— al decidir si trabaja desde casa y cuántas horas. Las implicaciones también apuntan a las empresas: el estudio advirtió que el teletrabajo no debe verse como un acuerdo puramente bilateral entre trabajador y empleador, pues sus efectos se extienden al núcleo familiar. Entre las salidas posibles, Phys.org mencionó la promoción de terapia de pareja a través de los programas de asistencia al empleado.
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