Por qué siempre queremos que gane el más débil: la psicología detrás del efecto underdog

La histórica clasificación de Paraguay frente a Alemania reavivó un fenómeno que la psicología social estudia desde hace décadas. En su columna en Infobae a la Tarde, Tomás Trapé explicó por qué solemos identificarnos con quienes parecen tener todo en contra

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La victoria de Paraguay sobre Alemania en el Mundial no solo desató una celebración histórica en Asunción, donde el presidente Santiago Peña decretó un día de asueto. También provocó una reacción mucho más difícil de explicar: millones de personas alrededor del mundo, sin ningún vínculo con el país ni con su selección, terminaron alentando a un equipo que llegaba como claro desfavorecido.

¿Qué lleva a alguien a celebrar la hazaña de un desconocido como si fuera propia? Esa fue la pregunta que abordó el politólogo Tomás Trapé durante su columna en Infobae a la Tarde, dedicada al llamado efecto underdog, un fenómeno que la psicología social estudia desde hace décadas.

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“¿Por qué personas que no saben ubicar a Paraguay en el mapa, que no conocen un solo jugador y no tienen ningún vínculo con ese país lloraron, se emocionaron o gritaron los penales como propios? Eso es el efecto underdog“, resumió.

La psicología social señala que hinchar por el débil no es un instinto biológico, sino un aprendizaje ligado a la justicia y la igualdad (REUTERS/Pilar Olivares)
La psicología social señala que hinchar por el débil no es un instinto biológico, sino un aprendizaje ligado a la justicia y la igualdad (REUTERS/Pilar Olivares)

Para Trapé, el caso paraguayo no es una excepción, sino la última expresión de un patrón que se repite una y otra vez en el deporte. En cada Mundial aparece una selección inesperada que despierta simpatía global, como ocurrió con Uruguay en Sudáfrica 2010 o Marruecos en Qatar 2022. Lo que conquista al público no es únicamente el resultado, sino la historia que representa: la posibilidad de que quien parecía condenado a perder consiga desafiar todos los pronósticos.

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Esa inclinación, sin embargo, no responde a un instinto biológico. Trapé recurrió a investigaciones de François Quesque, investigador del Centro de Neurociencia de Lyon, para explicar que los niños pequeños tienden espontáneamente a ponerse del lado del más fuerte, un comportamiento asociado a mecanismos evolutivos de supervivencia.

Recién con el aprendizaje de valores vinculados a la justicia y la igualdad aparece la tendencia a identificarse con quien ocupa una posición de desventaja. “Traduzco: hinchar por el débil no es instinto, se aprende. Es una conquista cultural, una capa de moral adquirida”, sintetizó el politólogo.

La victoria de Paraguay sobre Alemania en el Mundial reavivó el efecto underdog que estudia la psicología social (REUTERS/Amanda Perobelli)
La victoria de Paraguay sobre Alemania en el Mundial reavivó el efecto underdog que estudia la psicología social (REUTERS/Amanda Perobelli)

Esa idea encuentra uno de sus principales desarrollos en los trabajos del psicólogo social Joseph Vandello, de la Universidad del Sur de Florida, cuya denominada teoría de la compensación justa sostiene que el underdog cumple una función de equilibrio dentro de la sociedad. “El underdog es el equilibrador de la sociedad", resumió Trapé.

La lógica atraviesa buena parte de los grandes relatos de la cultura occidental: desde David enfrentando a Goliat hasta Zeus desafiando a Cronos o Rocky subiéndose al ring contra un rival muy superior. Son historias que funcionan porque apelan a un mecanismo psicológico profundamente arraigado: la necesidad de ver corregida una desigualdad.

Los experimentos de Vandello reforzaron esa hipótesis. En uno de ellos presentó a distintos grupos de personas dos equipos ficticios y les pidió que eligieran por cuál simpatizaban. Cuando el contexto dejaba claro cuál era el favorito y cuál el desfavorecido, cerca del 90% optaba por este último.

Los experimentos de Vandello mostraron que, cuando hay un favorito y un desfavorecido, cerca del 90% elige simpatizar con el underdog (REUTERS/Matthew Childs)
Los experimentos de Vandello mostraron que, cuando hay un favorito y un desfavorecido, cerca del 90% elige simpatizar con el underdog (REUTERS/Matthew Childs)

Según explicó Trapé, esa preferencia surge porque tendemos a atribuirle un mayor esfuerzo al que tiene menos recursos, aun cuando no exista evidencia objetiva de ello. “El efecto underdog depende de una percepción de injusticia, de una desventaja que sentimos que debería corregirse", señaló. Esa idea lo llevó a formular una pregunta que trasciende el deporte: “¿Hinchamos por el débil o hinchamos contra el poderoso?”.

A su entender, ambos mecanismos conviven porque cualquiera puede proyectarse en esa historia. “Todos podemos ser el underdog: del jefe que odiamos, del banco que nos presiona, del alquiler que nos ahoga todos los meses. Si Cabo Verde puede empatarle a España, quizás nosotros también podemos con nuestros Goliats", reflexionó.

Esa misma lógica, sostuvo, ayuda a entender fenómenos políticos recientes. Como ejemplo recordó la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca de 2011, cuando Barack Obama ironizó públicamente sobre Donald Trump mientras este permanecía sentado entre el público.

El análisis vinculó el efecto underdog con casos políticos como Donald Trump y Javier Milei, y advirtió que también puede generar tolerancia hacia actos del más débil (REUTERS/Kevin Lamarque)
El análisis vinculó el efecto underdog con casos políticos como Donald Trump y Javier Milei, y advirtió que también puede generar tolerancia hacia actos del más débil (REUTERS/Kevin Lamarque)

Más allá de las distintas interpretaciones sobre el impacto que pudo haber tenido aquella escena, Trapé consideró que dejó una imagen muy poderosa ante millones de espectadores. “Lo importante es lo que vio el público: el poder burlándose de un tipo sentado. Lo convirtieron en underdog delante de millones", afirmó.

Desde esa misma perspectiva interpretó parte del ascenso político de Javier Milei. “¿Milei no fue un poco eso? Un subestimado, un marginal, un underdog. Buena parte de su capital inicial fue exactamente ese: la encarnación de una injusticia que una porción del electorado quería ver corregida".

Sin embargo, el efecto underdog también tiene un costado menos visible. Trapé recordó otro estudio de Vandello, realizado en 2011, en el que los participantes evaluaban exactamente los mismos actos violentos cometidos por dos países ficticios, uno poderoso y otro pequeño.

Mundial 2026 - México - Ecuador
La teoría de la compensación justa de Joseph Vandello sostiene que el underdog actúa como un equilibrador dentro de la sociedad (Photo by Alfredo ESTRELLA/AFP)

El resultado mostró que esas acciones eran consideradas más justificables cuando provenían del país más débil. “El débil no solo genera simpatía; genera absolución. Le perdonamos cosas que al fuerte no le perdonaríamos jamás”, advirtió. Para el politólogo, ese hallazgo ayuda a entender por qué quienes logran construir una identidad de outsiders suelen recibir un margen de tolerancia mayor que los actores tradicionales, tanto en el deporte como en la política.

La reflexión final volvió sobre una pregunta que, según planteó, sigue abierta: qué ocurre cuando quien era percibido como el desfavorecido finalmente alcanza el poder. “¿Milei puede seguir vendiéndose como outsider desde la Casa Rosada? ¿Qué pasa el día que el underdog gana? ¿Lo seguimos queriendo o empezamos a buscarle el lado oscuro?“. Quizás esa sea también la explicación de por qué millones de personas terminaron celebrando la victoria de Paraguay. No porque conocieran a sus jugadores o tuvieran un vínculo con el país, sino porque durante un rato sintieron que el mundo había corregido una desigualdad. Después de todo, pocas historias resultan tan universales como la de alguien que desafía al poderoso y consigue, contra todo pronóstico, cambiar el final.

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