El color vuelve al hogar y cambia la forma de entender la decoración

Tras años de blancos, beige y grises, los interiores incorporan piezas protagonistas en verde, azul o rosa, con bases serenas y materiales nobles, para dar identidad, ajustar la atmósfera y expresar emociones

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Ilustración de una sala de estar con sofá, cojines, manta, dos mesas de centro, alfombra, lámpara de pie, cuadro en pared, aplique y ventanal con cortinas.
El color recupera protagonismo en la decoración y convive con las bases neutras. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El regreso del color a la decoración desplaza parte del dominio que durante años tuvieron los tonos neutros en muchas casas, según ELLE Decor, revista especializada en decoración, interiorismo y diseño.

La tendencia ya no se limita a pequeños acentos: se traduce en sillones verdes, cocinas azules, baños rosas, muebles lacados en rojo y lámparas con presencia casi escultórica.

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Durante un tiempo, la estética de tonos arena, blancos rotos, maderas claras, lino y piedra natural marcó buena parte del interiorismo doméstico. Esa fórmula sigue vigente, pero ahora convive con una apuesta más expresiva que busca que la vivienda refleje con más claridad la personalidad de quien la habita.

Salón amplio con sofá blanco, dos butacas verdes y dos celestes, mesa de centro de madera, alfombra, varias obras de arte, estanterías y plantas. Grandes ventanales arqueados.
El cansancio visual ante blancos, beige y grises impulsa paletas más expresivas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El medio citado recurre a la imagen de Andy Warhol como referencia estilística para describir este regreso del color. La idea apunta a una presencia más gráfica, optimista y directa, con interiores que dejan atrás el miedo al error y recuperan una decoración con carácter.

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Según el medio, una de las razones de este giro está en el cansancio visual tras una década de blancos, beige y grises. Muchas casas empezaban a parecerse demasiado y, de ahí, el recurso a paletas más atrevidas para dar identidad propia a cada espacio.

El color también permite afinar la atmósfera de una estancia con bastante precisión. Un azul profundo puede aportar sofisticación a un salón, un amarillo mantequilla ilumina una cocina, un verde intenso refuerza la conexión con lo natural y un rojo cereza añade una energía casi teatral.

Una cocina con gabinetes blancos y rosas, un mueble alto verde, y un salpicadero de azulejos verdes. Mesa redonda de madera con cuatro sillas de ratán y tela blanca.
La casa se consolida como refugio y el color se usa para modular el estado de ánimo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A esa dimensión estética se suma una lectura emocional. En una etapa en la que la casa se entiende cada vez más como refugio, espacio social y expresión personal, el color aparece como una herramienta directa para modificar el estado de ánimo.

La clave, apunta el medio citado, no está en llenar toda la casa de tonos fuertes sin criterio. Los proyectos más interesantes parten de una base serena —paredes claras, suelos continuos, madera o piedra— e introducen una pieza protagonista, como un sillón intenso, una mesa auxiliar lacada, una butaca estampada o una lámpara escultórica.

Otra fórmula habitual consiste en llevar el color a zonas que antes se resolvían casi de forma automática. La cocina deja de ser solo blanca o de madera y suma frentes verdes, muebles azul petróleo, encimeras con vetas marcadas o azulejos brillantes.

Cama con cabecero y ropa de cama blanca y verde oliva. Mesita de noche de madera con jarrón, flores, libros y reloj. Arte y lámparas de pared. Ventana con balcón.
Una base serena permite incorporar una pieza protagonista sin saturar el ambiente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los baños ocurre algo parecido. Lavabos de color, griferías especiales, papel pintado o cerámicas transforman un espacio funcional en un gesto decorativo con más intención.

También gana terreno el uso del color por bloques. En lugar de un detalle aislado, aparece como una mancha definida que ordena el espacio: una librería en burdeos, una puerta en azul cobalto, un cabecero naranja o una pared de comedor en verde oliva.

Entre los tonos que, según ELLE Decor, más se repiten están los colores vitamina, los verdes intensos, los azules profundos, los amarillos suaves y los rojos con carácter. A la vez, la tendencia admite una vía más contenida con empolvados, terracotas, rosas suaves, berenjenas o marrones chocolate combinados con materiales nobles.

Salón con sofá modular beige, mesa de centro de madera y alfombra redonda de yute. Las estanterías integradas y paredes son color burdeos, con un ventanal arqueado.
El uso de bibliotecas lacadas en tonos profundos suma carácter y continuidad cuando el color reaparece en pequeñas dosis en láminas, jarrones o textiles. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para quienes prefieren empezar poco a poco, la entrada más sencilla está en textiles y accesorios. Cortinas de color, alfombras estampadas, vajillas llamativas, jarrones de cristal o cojines bien elegidos pueden cambiar por completo la lectura de una estancia sin transformar toda la casa.

Para evitar un resultado desordenado, conviene trabajar con una paleta reducida de dos o tres colores principales. Una mezcla entre un tono neutro, un color profundo y un acento vibrante suele bastar para dar fuerza al conjunto sin saturarlo.

La repetición en pequeñas dosis ayuda a dar continuidad. Si el sillón es azul, ese guiño puede reaparecer en una lámina, un jarrón o una alfombra; si la cocina incorpora muebles verdes, el mismo tono puede volver en una lámpara o en una pieza de cerámica, una lógica que presenta el medio para integrar el color sin que parezca un gesto aislado.

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