Arte abstracto: cómo los recuerdos pueden cambiar la forma en que vemos una obra

Un estudio de Duke University analizó cómo las memorias autobiográficas pueden surgir frente a imágenes sin figuras reconocibles. Las claves de una investigación que cruza psicología, filosofía y percepción estética

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Vista trasera de una persona de pie frente a una pintura abstracta en un museo; de la pintura emanan siluetas de un niño en columpio, montañas y una pareja.
Un estudio de la Universidad de Duke indicó que el arte abstracto conmueve más cuando activa recuerdos autobiográficos espontáneos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Frente a una pintura abstracta, no todos ven lo mismo. Una mancha de color, una forma difusa o una composición sin figuras reconocibles pueden despertar sensaciones muy distintas según la historia personal de quien mira. A veces, sin buscarlo, una imagen trae a la mente una escena de la infancia, un lugar conocido o una emoción asociada a una experiencia pasada.

Ese vínculo entre memoria y percepción estética fue el eje de una investigación de la Universidad de Duke publicada en Memory & Cognition. El estudio encontró que el arte abstracto puede conmover más cuando activa recuerdos autobiográficos que aparecen de manera espontánea, sin que el espectador intente evocarlos.

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Para los investigadores, el punto central no fue solo que una obra despertara una emoción, sino cómo se originaba esa respuesta. El efecto fue más intenso cuando el recuerdo apareció sin esfuerzo, como una asociación inesperada, y más débil cuando los participantes intentaron evocarlo de manera deliberada.

La autora principal, Anna Smith, psicóloga cognitiva, explicó en la Universidad de Duke que “el arte abstracto deja más espacio para que las personas generen sus propias interpretaciones”. También señaló que, “sin una escena u objeto claros en los que fijarse, los espectadores pueden apoyarse más en sus propias experiencias y recuerdos para entender lo que están viendo”.

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Arte abstracto
La investigación sobre arte abstracto y memoria mostró que la percepción estética cambia según la historia personal de cada espectador (Freepik)

A partir de esa idea, el equipo examinó qué elementos intervienen en la interpretación de una obra. Smith resumió esa hipótesis con otra reflexión sobre el proceso de mirar: “Si interpretar arte es un proceso generativo, en el que construimos significado, entonces esos bloques de construcción pueden venir de nuestras experiencias pasadas y recuerdos”.

Los resultados de tres experimentos apuntaron en la misma dirección. Los participantes dijeron sentirse más conmovidos por las pinturas abstractas que les recordaban un momento concreto de su vida.

Cómo se probó la relación entre memoria y arte abstracto

La investigación reunió a especialistas de distintas áreas en la Universidad de Duke. Participaron Smith, Elizabeth Marsh, profesora de Psicología y Neurociencia, y Felipe De Brigard, profesor de Filosofía.

El equipo diseñó tres experimentos con pinturas abstractas desconocidas para quienes participaron, con el objetivo de evitar temas evidentes que dificultaran distinguir entre la reacción ante la escena y la evocación de un recuerdo personal. Smith lo explicó así: “Si mostrábamos a la gente pinturas con sujetos evidentes, como un caballo o un paisaje, sería difícil saber si respondían a la imagen en sí o a algo personal que les recordaba”.

Obra de arte bienestar emocional
Los tres experimentos mostraron que los participantes se sintieron más conmovidos por pinturas abstractas que les recordaban momentos concretos de su vida (Freepik)

Cada persona observó una serie de pinturas abstractas durante ocho segundos por obra. Después calificó cuánto se había sentido conmovida en una escala que iba de “nada conmovido” a “profundamente conmovido”.

Los investigadores definieron ese estado como la percepción de una obra bella, poderosa o convincente, incluso si resultaba extraña o inquietante. Las pinturas fueron creadas por Sharda Umanath artista y exdoctoranda de Duke, para asegurar que nadie las hubiera visto antes.

Por qué los recuerdos espontáneos cambian la experiencia estética

Aunque el patrón general se repitió en los tres experimentos, apareció una diferencia. En una de las pruebas, los participantes recibieron la instrucción de generar de forma deliberada un recuerdo personal frente a cada pintura, y en ese caso el efecto se debilitó.

Ese contraste llevó al equipo a proponer que los recuerdos espontáneos cumplen una función distinta en la experiencia estética. Marsh lo explicó en la Universidad de Duke con una observación sobre la memoria cotidiana: “Muchos de nuestros recuerdos no se recuperan en el vacío”.

La profesora añadió que “los activa el mundo que nos rodea: conversaciones, libros, películas e incluso pinturas”. También precisó que “en la vida diaria, muchos recuerdos autobiográficos simplemente aparecen en la mente”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Cada participante observó pinturas abstractas durante ocho segundos y luego evaluó cuánto se había sentido conmovido por cada obra (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando una persona intenta recuperar un recuerdo de forma deliberada, el proceso cambia. “Se parece más a completar una tarea”, dijo Marsh, una diferencia que puede influir en cómo cada espectador interpreta su propia reacción emocional ante la obra.

El estudio sugiere que, si el recuerdo aparece de forma natural mientras alguien mira una pintura, esa emoción puede atribuirse a la obra misma. Esa interacción entre memoria interna y estímulos del mundo exterior fue uno de los ejes del proyecto, según la universidad.

Lo que aporta la filosofía al estudio de la belleza

El trabajo también buscó precisar qué pregunta intentaba responder. De Brigard distinguió entre el problema clásico de la belleza y el que abordó el estudio: “La pregunta filosófica es ‘¿qué hace bello a algo?’; la pregunta psicológica es distinta: ‘¿qué hace que las personas juzguen algo como bello o conmovedor?’”.

Para el filósofo, la investigación se concentró en ese segundo plano, el del juicio estético de quien observa. Esa perspectiva ayudó a formular los experimentos y a delimitar con más cuidado los conceptos empleados.

Primer plano del perfil de una persona con cerebro luminoso que irradia luz hacia una pintura abstracta con imágenes superpuestas de una playa, un árbol, una casa y tres niños.
La colaboración entre psicología, neurociencia y filosofía permitió precisar cómo memoria, emoción y percepción intervienen en el juicio estético sobre el arte abstracto (Imagen Ilustrativa Infobae)

Marsh destacó ese aporte con una observación sobre el lenguaje del estudio. “Un filósofo te obliga a ser mucho más cuidadoso con tu lenguaje”, afirmó, y agregó que eso empuja a pensar con más profundidad qué significan ciertas ideas.

Smith sostuvo que la colaboración entre disciplinas permitió abordar una cuestión cognitiva desde varios ángulos. “La experiencia estética recurre a muchos sistemas distintos: memoria, emoción, percepción”, dijo.

De Brigard llevó esa idea a un plano más general sobre cómo estudiar la mente. A su juicio, a veces conviene observar la conducta antes que buscar respuestas solo en una mirada directa al cerebro.

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