
Cuando una niña o niño rechaza participar en una actividad por miedo, madres y padres se enfrentan a un dilema difícil: ¿respetar ese temor, insistir en que lo enfrenten o buscar un equilibrio? Las soluciones impulsivas pueden aliviar el momento, pero muchas veces resultan ineficaces a largo plazo, de acuerdo con recomendaciones de expertos en ansiedad infantil.
Para animar a las niñas y los niños a superar sus miedos sin elevar su ansiedad, especialistas sugieren escucharles con atención, reconocer sus emociones y diseñar en conjunto pasos graduales que los lleven a enfrentar retos. Esto implica acompañamiento, alternativas realistas y evitar frases que minimicen lo que sienten. El objetivo es que aprendan a confiar en sus capacidades sin sentir presión.
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Según Elizabeth Westrupp, profesora asociada de Psicología en la Universidad de Deakin; Christiane Kehoe, docente sénior de Psiquiatría en la Universidad de Melbourne; y Rebecca Knapp, investigadora posdoctoral en la Escuela de Psicología de la Universidad de Deakin, citadas por The Conversation, la tendencia a evitar lo que produce temor puede entregar un alivio inmediato, pero refuerza el miedo y dificulta que la niña o el niño afronte desafíos similares en el futuro. La ansiedad puede instalarse como un patrón si no se abordan los temores a tiempo, y el apoyo emocional en casa y en la escuela resulta fundamental.

Estrategias para acompañar a niños frente al miedo
La comprensión es el primer paso. Ante un evento difícil, como una competencia escolar, conviene hablar previamente y explorar qué causa el rechazo. Es posible que surjan miedos relacionados con la evaluación, experiencias negativas previas o conflictos sociales.
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A veces, los menores no pueden expresar lo que sienten de inmediato. Charlar mientras se camina o antes de dormir puede facilitar que compartan sus preocupaciones, según las expertas.
Escuchar sin interrumpir ni minimizar es esencial. Frases como “no pasa nada” pueden cerrar la puerta a una comunicación genuina. Validar su malestar antes de buscar soluciones les ayuda a sentirse comprendidos.
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El siguiente paso es planear de forma conjunta. En vez de exigir un cambio drástico, se puede proponer una variante accesible: caminar en vez de correr, practicar con una persona de confianza o simplemente observar al inicio. Involucrar al entorno escolar puede facilitar los ajustes necesarios para que la experiencia sea manejable.
La prioridad no es el desempeño perfecto, sino la participación posible de cada niña o niño, adaptada a su realidad.

Cómo apoyar a los niños el día del reto
El acompañamiento familiar durante el desafío influye en la manera en que la niña o el niño enfrenta la situación. Los expertos aconsejan la importancia de recordarles el plan sin prisas y expresar el deseo de que participen, respetando su miedo.
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Si el menor se angustia, mantenerse cerca y permitir que exprese sus emociones es más valioso que intentar resolverlo con palabras motivacionales. Un contacto sencillo, como una mano en la espalda o un mensaje de apoyo, puede bastar.
El valor reside en intentar a pesar del temor. Cuando una niña o un niño descubre que puede avanzar aunque esté preocupado, gana confianza para afrontar futuros retos.
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Identificar patrones de evitación y cuándo buscar ayuda
Permitir en ocasiones que la niña o el niño se retire no es perjudicial. Rechazar una actividad no siempre implica un problema. Sin embargo, la preocupación surge si la evitación se repite y empieza a limitar actividades apreciadas o la vida cotidiana.

Ante antecedentes de acoso escolar, recuerdos negativos o cuando la ansiedad afecta el día a día, se recomienda consultar con un profesional de la psicología. Buscar ayuda especializada previene que el miedo condicionante se consolide y afecte el desarrollo emocional o social.
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Fomentar logros y progreso en casa
Gran parte del proceso para que niñas y niños enfrenten desafíos comienza en el hogar. Los expertos señalan la importancia de resaltar que no siempre se trata de ganar, ser el mejor o acertar. La diversidad de habilidades y ritmos es normal y positiva.
Las capacidades se desarrollan con la práctica, no son innatas. Notar y reconocer avances concretos, como nadar 30 metros cuando antes eran veinte, centra el interés en el progreso individual y no en la comparación.
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Valorar la persistencia ante las dificultades fortalece la autoestima. Abandonar el miedo no es la meta, sino construir la confianza para avanzar aun cuando existen temores. Guiar y acompañar este proceso ayuda a cada niña o niño a descubrir que su diferencia es parte de una vida plena y diversa.
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