
La creencia de que una vivienda más grande garantiza mayores niveles de felicidad y bienestar fue cuestionada por investigaciones recientes. Según especialistas citados por The Washington Post, una vez cubiertas las necesidades básicas, lo que más influye en la satisfacción diaria no es la superficie del hogar, sino la solidez de las relaciones personales y la manera en que se aprovechan los espacios para la vida en familia.
Durante décadas, el progreso se asoció a viviendas cada vez más grandes. Sin embargo, la evidencia reunida en investigaciones muestra que el crecimiento en superficie no necesariamente se refleja en una mayor satisfacción.
Asimismo, el tamaño promedio de las casas nuevas en Estados Unidos aumentó de 165, a más de 285 metros cuadrados por persona desde 1973, mientras que el número medio de habitantes por hogar descendió a 2,5. Este cambio no se tradujo en una mayor felicidad para quienes residen en estas viviendas.
Mariano Rojas, economista del Instituto Tecnológico de México, señaló que la cantidad de espacio es solo un elemento dentro de una ecuación mucho más amplia. Lo que realmente importa es la dinámica interna del hogar y los vínculos entre sus miembros.

Relaciones y vida compartida como clave
El principal motor del bienestar en el hogar se encuentra en la calidad de las relaciones personales, advirtió Gerardo Leyva, investigador de la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México. “La felicidad está vinculada a la calidad de los vínculos entre miembros del hogar, y este puede ser el amortiguador emocional ante desafíos de la vida”, indicó.
Análisis sobre decenas de miles de hogares en México y Europa demuestran que, tras satisfacer las necesidades básicas de espacio y seguridad, cada aumento adicional en la superficie aporta cada vez menos beneficios. Los mayores niveles de felicidad se observan en hogares con entre 4 y 6 residentes, sin importar el tamaño de la vivienda, debido a la fortaleza de los lazos familiares.
Efecto de comparación residencial
El fenómeno de comparar la propia vivienda con las de otros, conocido como “efecto comparación residencial”, ejerce un impacto negativo sobre la percepción del bienestar. De acuerdo con Clément Bellet, profesor de la Erasmus University Rotterdam, lo relevante no es tanto la amplitud del propio hogar, sino el tamaño comparado con el de las residencias vecinas.
Como detalló The Washington Post, la sola presencia de casas significativamente más grandes en el entorno puede borrar la satisfacción obtenida al mudarse a una vivienda más espaciosa. Bellet enfatizó que este ciclo lleva a una insatisfacción constante, ya que “cuando vives en un castillo, dirás: bueno, no es el castillo de Windsor”.

Costos ocultos de las casas grandes e importancia del vecindario
Optar por viviendas de mayor superficie implica afrontar no solo hipotecas más elevadas, sino también otros costos ocultos como el mantenimiento, recorridos diarios más largos y la acumulación de objetos en zonas poco utilizadas. Estos factores suelen reducir el tiempo de convivencia familiar y de interacción social, restando valor emocional al incremento de espacio.
El resultado es que muchas personas acaban invirtiendo sus recursos en casas grandes, pero sacrifican la riqueza de su vida relacional y experimentan una persistente sensación de insatisfacción.
Las condiciones del barrio desempeñan un papel decisivo en el bienestar. Lina Martinez, directora del Centro POLIS de la Universidad ICESI en Colombia, sostuvo que la felicidad del hogar depende menos del espacio y más del entorno: acceso a servicios, áreas verdes y seguridad.

Un estudio en Cali (Colombia) reveló que la satisfacción aumentaba cuando se consideraban factores como transporte, salud y cercanía de familiares y amigos. Contar con una buena comunidad influye más que la superficie de la vivienda, una tendencia corroborada también por investigaciones en Vancouver (Canadá), donde el bienestar no se relaciona con el tipo de casa, salvo en situaciones extremas de espacio reducido.
Calidad del espacio y qué priorizar
Aprovechar los espacios comunes resulta más relevante que la cantidad de habitaciones poco usadas. Una investigación de la Universidad de California encontró que alrededor del 60% de las viviendas cuentan con amplias zonas sin uso, mientras que la mayor parte de la convivencia familiar se concentra en áreas como la cocina y el comedor.
Esto indica que un diseño funcional que favorezca la vida compartida tiene un impacto mayor en la satisfacción que añadir más metros en dormitorios o salones independientes. Es así que las investigaciones analizadas por The Washington Post coinciden en priorizar las relaciones personales, la vida compartida y el tejido social del barrio, como factores determinantes para el bienestar cotidiano.
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