
“Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”. Julio Cortázar lo escribió como quien lanza un salvavidas al futuro. En la primera noche de enero, cuando el brindis detiene el tiempo por un instante, millones de personas en el mundo se permitieron, seguramente, una pausa íntima: formularon deseos y se aferraron a la idea de que un nuevo comienzo es posible.
La escena se repiió en cada casa, en cada mesa: la esperanza se mezcla con el ruido de los fuegos artificiales y la promesa de que, esta vez, los propósitos de Año Nuevo no quedarán en el olvido.
Los propósitos de Año Nuevo aparecen como una hoja en blanco, aunque la experiencia demuestra que sostenerlos no es sencillo. El año 2026 ya está en marcha.

En diálogo con Infobae, el psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), Diego López de Gomara, abre la puerta de su consultorio a quienes buscan ese punto de partida: “Lo más frecuente que escucho es el deseo de querer ser otro, y generalmente más feliz”. La expectativa de cambio más común es la de reinventarse, como si el calendario hiciera el trabajo pendiente durante meses. El especialista describe ese fenómeno como “el antiguo sueño de recuperar una versión ideal de uno mismo, con la curiosa esperanza de que el cambio de año haga el trabajo por nosotros”.
Metas altas, frustración y la trampa de los ideales inalcanzables
El cambio de año, según Alejandra Gómez, psicoanalista, presidenta del capítulo Interfase, Neurociencias y Psicoterapias de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), es un escenario donde cada quien pone en juego deseos propios y colectivos. Desde su mirada clínica, Gómez explica: “El propósito, yo lo llamo deseo, es absolutamente singular de cada persona. Aunque circulan buenos deseos de renovada esperanza, el nuevo año marca desde lo cultural y religioso la puesta en marcha de nuevas expectativas”.

En sus palabras, el brindis esconde un acuerdo invisible: “Dejamos que lo malo se vaya con el año viejo y deseamos fervientemente que lo bueno se dé en el nuevo año. Olvidamos que en esta vida transitamos alegrías y sinsabores al mismo tiempo, que el ser humano no es completo ni perfecto y que siempre debe lidiar con algo que falta”.
Las metas van desde cambiar de auto hasta mejorar la salud o aprender un idioma. El riesgo, señala Gómez, está en imponerse logros difíciles de alcanzar, sostenidos por ideales que más que estimular terminan frustrando. López de Gomara coincide: “Los ideales desmedidos suelen terminar en culpa, y la culpa es una gran enemiga del cambio”.

Cómo transformar los propósitos en hábitos duraderos
La experiencia de los especialistas muestra que la clave está en cómo se formulan los deseos. López de Gomara recomienda abandonar la lógica del todo o nada y apostar a la constancia mediante hábitos modestos.
“Cuando el deseo no se vive como sacrificio, suele durar más. Mucho depende de cómo formulamos esos propósitos y del lugar que les damos en la vida cotidiana: si los pensamos como exigencias, rara vez funcionan; si los acercamos al placer, tienen más chances de sostenerse”, explicó a Infobae.
Gómez agrega que “las metas simples, posibles, alcanzables son lo suficientemente buenas para crear contento. Una sucesión de logros posibles estimulan a seguir adelante, es parte de la construcción de la autoestima: lo que hago y lo que me viene de los otros como reconocimiento”. Su consejo es renunciar a la perfección, evitar metas demasiado elevadas y preguntarse por qué un objetivo no se logra antes de castigarse por el fracaso. “El psicoanálisis es muy importante para bucear en la historia individual”, subrayó.
Objetivos concretos y el valor de la compañía
En el consultorio de Charo Maroño, doctora en Psicología y parte del Departamento de Niños y Adolescentes de la APA, las palabras “propósito” y “objetivo” tienen fronteras claras. “Propósito es muy amplio. El objetivo es algo mucho más realizable”, explicó Maroño a Infobae.

“Un propósito típico puede ser ‘voy a empezar una dieta’, pero un objetivo concreto sería ‘voy a incluir un plato de verduras en una de las comidas’. Es más corto, realizable y enfocado, lo que permite sostenerlo en el tiempo”.
Maroño recomienda establecer objetivos cortos y posibles, compartirlos en grupo, buscar apoyo profesional cuando sea necesario y, sobre todo, practicar la autocompasión. “Si fallamos, no torturarnos, sino volver a empezar. El ‘solo por hoy’ es una herramienta muy útil”, aseguró. El grupo, para ella, es clave: “Brinda un espacio donde uno puede hablar y recibir apoyo”.

Las voces consultadas por Infobae coinciden en que la clave para cumplir y sostener los propósitos de Año Nuevo reside en encontrar satisfacción en los logros pequeños y adaptar las expectativas a la realidad personal.
“Las metas realistas son sostenibles en el tiempo, porque nos van a generar satisfacción, nos van a generar la sensación de que lo pudimos lograr”, sintetizó Maroño.
Quizás ningún brindis garantice milagros. Pero, como dijo Cortázar, el coraje de empezar de nuevo: una y otra vez, con menos culpa, más realismo y la convicción de que todo es posible si se avanza un paso cada día.
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