
El teletrabajo se consolidó en numerosos países como una modalidad habitual, pero también trajo consigo un efecto colateral: jornadas cada vez más sedentarias. En Australia, por ejemplo, más de 6,7 millones de personas —cerca de la mitad de la fuerza laboral— trabajan de forma remota al menos parte de la semana, especialmente en ciudades como Sídney, Melbourne y Canberra.
Este escenario alimenta el debate sobre estrategias para reducir el tiempo sentado, entre ellas el uso de cintas para caminar bajo el escritorio (walking pads), según el análisis publicado por The Conversation y escrito por Christian Brakenridge, investigador del Iverson Health Innovation Research Institute de la Swinburne University of Technology.
Teletrabajo y reducción del movimiento incidental
El traslado del trabajo al hogar modificó rutinas antes marcadas por el movimiento incidental —desde los desplazamientos hasta las pausas para conversar con colegas o ir a almorzar—. Ahora, las jornadas prolongadas frente a la computadora disminuyen los niveles de actividad física diaria y dificultan alcanzar las recomendaciones mínimas para una buena salud.
Caminar es reconocido como un hábito beneficioso. Estudios demostraron que quienes incrementan su caminata semanal experimentan mejoras en la presión arterial y la tolerancia a la glucosa. Las investigaciones más recientes consideran que 7.000 pasos diarios son adecuados para disminuir el riesgo de diversas enfermedades.

Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) flexibilizó sus pautas y valora cualquier movimiento, sin exigir bloques mínimos de 10 minutos. Según The Conversation, experimentos recientes confirman que pausas cortas y regulares de actividad, como caminar o hacer sentadillas durante la jornada, pueden ser más favorables que una única sesión prolongada de ejercicio. Así, acumular pasos mediante pequeñas pausas activas a lo largo del día adquiere nueva relevancia para quienes teletrabajan.
Evidencia sobre el uso de “walking pads” en el entorno laboral
Un estudio científico reciente indicó que el uso de una walking pad bajo el escritorio puede favorecer pausas activas durante la jornada laboral y tener efectos positivos en la salud.
Si bien la evidencia aún es limitada, los trabajos disponibles describen beneficios como reducciones de grasa corporal, mejoras en la presión arterial y el perfil de colesterol, y efectos favorables sobre el metabolismo cuando su uso es sostenido.
Según los datos citados por Brakenridge, el uso de cintas bajo escritorio permitió aumentos diarios de entre 1.600 y 4.500 pasos en trabajadores sedentarios. Las mayores pérdidas de peso se observaron entre quienes presentaban obesidad.

Un estudio adicional registró que médicos con sobrepeso redujeron su grasa corporal en 1,9% utilizando estos dispositivos. Otras investigaciones reportaron un incremento de 43 minutos diarios de caminata ligera, aunque algunos participantes señalaron la dificultad de integrar ese tiempo extra en días laborales de alta exigencia.
Por esta razón, los especialistas advierten que los efectos varían entre personas y dependen principalmente de la regularidad con la que se integra el ejercicio en la jornada laboral.
Desafíos prácticos y económicos de las “walking pads”
La llegada de estos aparatos al entorno doméstico o de oficina presenta ciertos retos. The Conversation advierte que para muchas personas puede resultar complicado coordinar el caminar con el uso de la computadora, especialmente en tareas que requieren precisión manual, como teclear o manejar el mouse.
Las investigaciones no hallaron diferencias significativas en las funciones cognitivas entre quienes caminaban y quienes permanecían sentados, pero sí pequeñas dificultades en la destreza con el teclado y el mouse. Como alternativa, algunos usuarios optaron por sistemas de dictado por voz.

En el aspecto económico, el costo inicial de una walking pad básica oscila aproximadamente entre los USD 90 y USD 150, mientras que los modelos más avanzados pueden superar los USD 400–600 y, en muchos casos, requieren además la compra de un escritorio regulable en altura. Esta inversión puede limitar el acceso a la tecnología y plantea el interrogante de si no sería más rentable incorporar pausas activas caminando lejos del escritorio varias veces al día.
El análisis de Brakenridge subraya que, a pesar de que existen pruebas de que las cintas de caminar bajo escritorio pueden ayudar a combatir el sedentarismo, su adquisición debe evaluarse cuidadosamente en función de la motivación y las posibilidades económicas de cada trabajador.
Alternativas gratuitas o de bajo coste, como levantarse y caminar periódicamente, podrían resultar igualmente efectivas para la mayoría de quienes trabajan desde casa.
Incluso incrementos modestos en los niveles de actividad física pueden traducirse en mejoras sustanciales para la salud, especialmente en personas con hábitos muy sedentarios, según la valoración final de The Conversation.
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