
Un fragmento musical que aparece en la mente sin previo aviso y se repite una y otra vez es una experiencia común para la mayoría de las personas. Este fenómeno, conocido popularmente como earworm o “canción pegadiza”, ocurre cuando una melodía se instala de forma involuntaria en el pensamiento y persiste incluso cuando se intenta ignorarla. Aunque suele ser inofensivo, puede resultar molesto, especialmente cuando interfiere con la concentración o el descanso.
Comprender por qué ocurre este fenómeno y qué estrategias pueden ayudar a reducirlo permite aliviar la sensación de falta de control que generan estas repeticiones mentales. Según explicó la psicóloga Kia-Rai Prewitt, de Cleveland Clinic, la aparición de canciones pegadizas responde a una combinación de procesos cerebrales automáticos y estímulos cotidianos.
Qué es un earworm y cómo lo define la ciencia
El término earworm proviene del alemán ohrwurm y se popularizó por describir con precisión la sensación de una melodía que “se mete” en la cabeza sin permiso. En el ámbito científico, este fenómeno se conoce como imaginería musical involuntaria (Involuntary Musical Imagery, INMI), y hace referencia a la reproducción mental de sonidos musicales sin intención consciente.

A diferencia de recordar una canción de manera voluntaria, el earworm aparece de forma espontánea y suele limitarse a un fragmento breve. Cleveland Clinic señala que, en la mayoría de los casos, lo que se repite es un estribillo o fragmento de entre 15 y 30 segundos. Estas secciones suelen ser simples, rítmicas y fáciles de anticipar, lo que facilita su retención en la memoria.
Canciones con estructuras repetitivas, letras cortas y ritmos marcados tienen mayor probabilidad de quedar atrapadas en la mente. Ejemplos clásicos incluyen "We Will Rock You" de Queen o "Bad Romance" de Lady Gaga, cuyos patrones musicales favorecen la repetición automática.
Qué ocurre en el cerebro cuando una canción se “pega”
Desde el punto de vista neurológico, el earworm está vinculado con el bucle fonológico, un sistema de memoria a corto plazo que permite retener y manipular sonidos. Este circuito conecta la corteza auditiva, responsable de procesar lo que escuchamos, con áreas cerebrales asociadas a la memoria, la atención y las emociones.

Según Prewitt, este sistema puede activarse sin que la persona lo decida conscientemente. “Una palabra, una imagen, una emoción o incluso una situación cotidiana pueden funcionar como disparadores”, explicó la especialista. Escuchar una frase relacionada con una canción, ver una escena asociada a ella o experimentar una emoción similar a la que generó originalmente puede poner en marcha la repetición mental.
El cerebro tiende a completar patrones incompletos. Cuando una canción queda “abierta” —por ejemplo, si se escucha solo un fragmento—, la mente intenta cerrarla reproduciéndola internamente. Este mecanismo, que suele ser útil para el aprendizaje y la memoria, explica por qué ciertas melodías resultan tan persistentes.
Aunque el fenómeno es casi universal, no todas las personas lo experimentan con la misma frecuencia o intensidad. Cleveland Clinic indica que quienes están más expuestos a la música —como músicos, estudiantes de música o personas que escuchan canciones de forma constante— tienden a reportar más episodios de earworms.

También influyen factores emocionales y psicológicos. El estrés, la ansiedad y la fatiga mental aumentan la probabilidad de que aparezcan estas repeticiones involuntarias. Además, personas con rasgos vinculados al trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) pueden experimentar canciones pegadizas de manera más persistente, debido a una mayor tendencia a los pensamientos repetitivos.
Estrategias para reducir una canción pegadiza
Para quienes desean cortar el ciclo, Cleveland Clinic sugiere varias estrategias sencillas. Una de las más efectivas es escuchar la canción completa, en lugar de evitarla. “Completar la experiencia musical puede ayudar a cerrar el bucle que mantiene atrapado el fragmento”, señaló Prewitt.
Otra opción es redirigir la atención hacia una actividad que requiera concentración: caminar, llamar a alguien, ver una película o realizar un juego mental. Este tipo de acciones ayudan a desplazar el foco de atención y reducen la repetición automática. “Anclar la mente al presente facilita que el earworm pierda intensidad”, explicó la psicóloga.

Algunos estudios también sugieren que masticar chicle puede interferir con la memoria verbal, dificultando la reproducción mental de la melodía. Cambiar de música puede funcionar, aunque existe el riesgo de que la nueva canción ocupe su lugar.
Cleveland Clinic estima que casi el 90% de las personas experimenta canciones pegadizas al menos una vez por semana. Aunque pueden resultar molestas, no representan un problema de salud ni indican un trastorno neurológico.
Si ninguna estrategia funciona, la recomendación es simple: esperar. Las canciones pegadizas suelen desaparecer por sí solas. Con el tiempo, el cerebro deja de reproducir el fragmento y recupera su equilibrio natural.
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