
El corcho es un material que suele asociarse con el sellado de botellas, pero su utilidad va mucho más allá de esa función específica. En el ámbito de los trucos caseros, es considerado uno de esos elementos que parecen simples, pero cuyos beneficios pueden resultar sorprendentes.
A lo largo del tiempo, se popularizaron diversos usos para este pequeño objeto, que demostraron ser tan prácticos como eficaces.
Aunque a simple vista no parece tener relación con estos aparatos, poner corchos en la heladera es una de las tendencias para ahorrar energía en el hogar. ¿Por qué surgió esta técnica? Los detalles.
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¿Guardar corchos en la heladera ayuda a ahorrar energía?

Colocar corchos dentro de la heladera, que no está completamente llena, puede ayudar a disminuir el consumo energético. Al ocupar parte del espacio interno, la cantidad de aire que necesita ser enfriada es menor, lo que significa que el motor no tiene que esforzarse tanto para mantener la temperatura. De este modo, se optimiza el uso de energía del electrodoméstico.
De acuerdo con un artículo de Harvard, el corcho tiene una función adicional como moderador del flujo de aire frío dentro de la heladera. Gracias a su composición porosa y ligera, ayuda a dirigir el aire hacia las áreas que más necesitan enfriarse.
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Este proceso de distribución uniforme permite que el frío se extienda de manera más efectiva, y evita que ciertos sectores del refrigerador demanden más energía que otros.
Además de regular la temperatura, los corchos pueden ayudar a reducir la acumulación de escarcha. La formación de hielo en el interior -en aquellos equipos que no tengan tecnología No Frost- puede llevar al aparato a trabajar con mayor intensidad, lo que incrementa el consumo de energía. Sin embargo, al mejorar la circulación del aire frío y evitar concentraciones de humedad, los corchos ayudan a minimizar esta acumulación de escarcha.
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Qué dice el artículo de Harvard

Lorna J. Gibson es profesora de Ciencia e Ingeniería de Materiales en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y en el artículo de Harvard señala cómo el corcho es un material sorprendente por sus características físicas, que lo hicieron esencial en diversas aplicaciones a lo largo de los siglos.
Desde el microscopio de Robert Hooke hasta la ciencia moderna, su estructura única ha sido objeto de estudio detallado. Pero, ¿cómo algo tan simple como la corteza de un árbol puede tener tantas propiedades notables? Todo se remonta a su microestructura y al lugar de donde proviene: el alcornoque (Quercus suber).
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En la publicación, se distingue a las tres características fundamentales que hacen del corcho un material indispensable: elasticidad, impermeabilidad y estabilidad química. Estas propiedades permiten que se utilice principalmente como tapón para botellas, ya que logra sellar eficazmente el contenido sin alterar la calidad del líquido.

Además, la suberina, un componente graso presente en las paredes celulares del corcho, es lo que lo hace impermeable al aire y al agua. Otra propiedad importante es su baja densidad, ya que está compuesto aproximadamente por un 15% de sólidos, mientras que el resto es aire. Esto lo hace flotante y ligero.
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El corcho, según Harvard, se utiliza en una amplia variedad de productos debido a sus propiedades naturales. En el caso de los suelos, su capacidad para retener calor y su resistencia al deslizamiento, incluso cuando está mojado, lo convierten en una opción común en distintos espacios. Además, es conocido por su comodidad al caminar, lo que lo hace adecuado para su uso en entornos como hogares y oficinas.
Otro de sus usos notables es en los tablones de anuncios, donde el corcho permite que la zona donde se inserta una chincheta se deforme ligeramente y luego recupere su forma al retirarla. En los instrumentos de viento de madera, como clarinetes y flautas, se emplea en las juntas, ya que su capacidad para comprimirse y adaptarse asegura un cierre hermético entre las piezas del instrumento.
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El artículo también describe cómo el material fue fundamental en la historia de la microscopía desde que el científico inglés Robert Hooke lo estudiara en el siglo XVII, cuando descubrió que estaba compuesto por pequeñas unidades llamadas células debido a su parecido con pequeñas cámaras.
En su obra Micrographia, Hooke dibujó estas células con formas rectangulares y prismáticas, una estructura que sigue siendo visible en las modernas micrografías electrónicas de barrido. La disposición prismática y ondulada de las paredes celulares le otorga al corcho un comportamiento único: cuando se comprime o estira, sus células se pliegan como un acordeón, lo que explica su notable compresibilidad.
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Otros consejos para ahorrar energía
Existen varias formas de ahorrar energía en el uso de la heladera, más allá de colocar corchos. Aquí, algunos consejos sencillos pueden mejorar la eficiencia del refrigerador y cuidar el medio ambiente:
- Ajustar la temperatura adecuadamente. Mantener el refrigerador entre 3 y 5 grados Celsius y el congelador a -18 grados Celsius asegura un funcionamiento eficiente sin consumir energía extra.
- Evitar sobrecargar la heladera. Un exceso de alimentos bloquea el flujo de aire, lo que hace que el motor trabaje más. Organizar el interior correctamente permite una mejor circulación del frío y mejora el rendimiento energético.
- Descongelar el congelador regularmente. La acumulación de escarcha aumenta el consumo energético, ya que el aparato tiene que trabajar más para mantener la temperatura. Es importante descongelar periódicamente para evitar este problema.
- Revisar las juntas de las puertas. Las gomas de las puertas deben estar en buen estado para evitar fugas de aire frío. Si las juntas están desgastadas, el refrigerador pierde frío, lo que obliga al motor a trabajar más tiempo y, por lo tanto, aumenta el consumo.
- Colocar la heladera en un lugar adecuado. Evitar que esté cerca de fuentes de calor, como hornos o radiadores, ya que esto incrementa la demanda de enfriamiento. Mantenerla en un lugar ventilado y alejado de la luz directa del sol contribuye a su eficiencia.
- Abrir la puerta lo menos posible. Cada vez que se abre la puerta del refrigerador, entra aire caliente y el aparato debe trabajar para enfriarlo de nuevo. Limitar las aperturas y cerrarla rápidamente ayuda a reducir el consumo energético.
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