
La técnica de meditación tibetana Tummo, practicada por monjes budistas en un monasterio al norte de la India, permite elevar la temperatura corporal y manejar el estrés. En el libro “Magic and Mystery in Tibet”, la periodista Alexandra David-Néel describe cómo estos monjes pueden meditar desnudos en temperaturas gélidas mientras una sábana húmeda sobre sus hombros se seca por el calor corporal despedido durante la meditación.
El Tummo, conocido también como “fuego interior”, es una técnica antigua de respiración y visualización practicada originalmente por monjes budistas tibetanos. Consiste en un patrón específico de respiración combinado con la visualización de una llama que sube por la columna vertebral, según señala la maestra de respiración e instructora de yoga Gwen Dittmar. Además de elevar la temperatura corporal, se cree que ayuda a manejar el estrés, mejorar la cognición y promover una transformación interna significativa.
Diversas fuentes tienen perspectivas distintas sobre los orígenes del Tummo. En el texto “Los seis yogas de Naropa”, se adjudica la técnica al místico indio Naropa. No obstante, el budismo tibetano atribuye su origen a Buda Gautama, quien habría transmitido esta práctica a Naropa. La técnica forma parte de las prácticas del Vajrayana, una rama del budismo tántrico que incluye visualizaciones y rituales.

Herbert Benson, un cardiólogo, observó en 1981 a monjes en las montañas del Himalaya capaces de aumentar la temperatura de sus dedos en hasta 8.3 °C. La práctica del Tummo no tiene como principal objetivo elevar la temperatura corporal, sino facilitar un estado profundo de meditación. Esta práctica milenaria se considera una herramienta para alcanzar la iluminación espiritual más rápidamente, como lo sugieren las enseñanzas avanzadas del budismo tántrico.
Los monjes que practican Tummo afirman que esta meditación implica la combinación de técnicas mentales y físicas que permiten a sus seguidores entrar en un estado de meditación profunda, perdiendo consciencia de su presencia física y entorno. Según observaciones de 2013, se encontró que los practicantes de Tummo podían elevar sus temperaturas corporales a niveles similares a una fiebre moderada.
Existen estudios que indican que esta forma de meditación influye en la actividad del sistema nervioso, pero parte de las respuestas sobre su funcionamiento continúan siendo un misterio desde un punto de vista científico. Por lo tanto, se recomienda acudir a profesionales de la salud si se busca aprovechar los beneficios de esta técnica.

El Tummo es considerado una de las prácticas espirituales más sagradas por los practicantes budistas tibetanos, y no se enseña a cualquier persona hasta que han alcanzado un cierto nivel de despertar espiritual. Además, la técnica no debe tomarse a la ligera y siempre se debe abordar con respeto y seriedad.
La técnica de Tummo es tan antigua como relevante, proporcionando no solo una manera efectiva de elevar la temperatura corporal, sino también de alcanzar niveles profundos de meditación y bienestar mental. A pesar de las pocas pruebas científicas concluyentes, su efectividad es defendida por quienes la practican y observan.
Cómo poner en práctica la técnica de Tummo en 8 pasos

- Sentarse en una postura cómoda con los ojos cerrados y las manos sobre el estómago.
- Intentar relajar la mente todo lo posible.
- Visualizar un fuego en el interior del estómago, cerca del ombligo, imaginando que es un globo hueco con una bola de fuego en su interior. Esta visualización debe continuar durante toda la meditación.
- Inhalar profundamente por la nariz, inclinándose ligeramente hacia atrás y expandiendo el torso y el pecho. Imaginar que el oxígeno de la respiración alimenta el fuego interior, haciéndolo más grande y caliente.
- Exhalar con fuerza por la boca mientras se fruncen los labios, como si se soplara a través de una pajita. Curvar la columna hacia delante e imaginar que la llama extiende su calor por todo el cuerpo.
- Repetir este patrón cinco veces, imaginando que el calor aumenta. Después de la quinta inhalación, tragar suavemente y concentrarse en cómo se retiene la respiración por debajo del diafragma. Contraer los músculos del suelo pélvico, manteniendo la respiración entre el diafragma y el suelo pélvico.
- Mantener esta respiración el mayor tiempo posible, luego exhalar y relajar los músculos.
- Repetir este patrón varias veces.
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