
La fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz ha ingresado a la Academia de Bellas Artes y ha sido la protagonista de un momento colosal para la industria de la moda.
Su inclusión a la prestigiosa institución no podría haber sido más icónica. Ella vistió el popular “habit vert”, el distintivo traje que fue creado para distinguir a los “inmortales” a simple vista.
Este vestuario ha sido utilizado por académicos desde los tiempo napoleónicos. En su búsqueda de seguir esta tradición pero añadiendo su propia marca, Annie Leibovitz junto a Luis Vuitton, ha creado la versión más magnífica del traje.
Annie Leibovitz, nacida en Waterbury en el estado de Connecticut en 1949, ha conquistado la industria de la fotografía por sus icónicas imágenes. Debutó con sólo 21 años fotografiando a Grace Slick, cantante del grupo Jefferson Airplane. En lo que continuó de su carrera a fotografiado a los personajes más celebres como John Lennon, Yoko Ono, a la reina Isabel II y a Donald y Melania Trump. Además ha creado las más bellas portadas de Vogue, Vanity Fair y, por supuesto, Rolling Stone.

A la homenajeada se la vio alegre, elegante y cómoda en la celebración y bien podría ser por el mágico traje que el diseñador Nicolas Ghesquière de Louis Vuitton creó para ella.
Annie Leibovitz, con sus cabellos largos grises de absoluta frescura, fue recibida por Anna Wintour, quien le entregó su espada académica, de una manera extrañamente poética. Wintour, una estrella más del evento, al llegar impuso un silencio respetuoso en la sala en la que se encontraban Victor Hugo y Simone Veil, Hélène Carrère d’Encausse y la coreógrafa Blanca Li, para dar inicio al evento.
La inmortalidad del “habit vert”
A partir de un decreto de 1801 el hábito verde se convirtió en el uniforme que los académicos, y más tarde académicas, utilizarían en el día de la gala de acceso a la Academia de Bellas Artes. Resultaba ser indistinto para todos los miembros y está compuesto por un hábito, chaleco o chaqueta y pantalones negros.
Lo característico del habit vert es su famoso bordado de color oliva, que resalta entre tanto negro.

Aunque la casa de moda Starck & Sons es conocida desde hace tiempo por su confección totalmente a medida del famoso habit vert, distintas casas de moda han demostrado que pueden seguir con la tradición interpretando a su fantástica manera el traje.
Antes de las atrevidas modificaciones que realizó Annie Leibovitz , hubieron otros célebres personajes, como Victor Hugo y Édouard Detaille, que tuvieron su misma idea, añadiéndole al uniforme unos pequeños detalles personales.
Pero fueron las académicas las que realizaron los cambios más distintivos a la vestimenta. Por ejemplo Jacqueline de Romilly, especialista en la antigua Grecia, se negó a llevar espada y la remplazó por un bolso a juego con su atuendo.

La primera mujer elegida en 1980, Marguerite Yourcenar, recurrió a Yves Saint Laurent para la confección. Tanto Simone Veil, como Dominique Bona y también Blanca Li, confiaron en la labor de Chanel para la confección de sus atuendos, y hoy día se conservan en los archivos del Museo de Arte e Historia del Judaísmo.
Y la filósofa Barbara Cassin le pidió a Guillaume Henry de la casa Patou en 2019 que realizara el trabajo.
La tradición del habit vert se ha continuado y es muy especial para la academia, pero la aceptación de los nuevos detalles únicos que le pueden aportar cada académico y sus respectivos diseñadores de moda resultan emocionantes.
Annie Leibovitz de la mano de Nicolas Ghesquière

Diseñador hace 10 años de la prestigiosa casa de alta costura Luis Vuitton, Nicolas Ghesquière ha sido el encargado de crear el traje para la homenajeada de la ocasión.
El modisto se inspiró en en las siluetas de su colección primavera-verano 2017, usando como lienzo el clásico uniforme, logrando un hibridismo entre una moda del siglo XIX con una contemporánea. No sólo ha colisionado épocas, pero además, ha logrado un equilibrio entre el tradicional masculino y femenino, diferenciación que se ha mantenido dentro de la industria de la moda, y que hoy día se busca romper.
El material que eligió para la celebración es la lana de grano de pólvora negro finamente texturizada, característica de la confección de los esmóquines para hombre. Confeccionó para la fotógrafa una chaqueta larga de cuello alto, con una botonadura clásica, de corte en la cintura. La prenda se alargaba por detrás simulando un frac con hendidura en el medio.
Debajo llevaba una camisa de popelín blanca con cuello tipo lazo plisado a mano. En la parte inferior tenía puestos los pantalones pitillo. Realizado completamente a mano, se destacaba el típico bordado a color en la parte delantera de la chaqueta. Este representa las tradicionales hojas de olivo y se realizó de manera simétrica en el cuello, las mangas y la parte delantera de la chaqueta.
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