
El maratón de Nueva York es el más famoso del mundo. También es el más multitudinario, llegando a superar los 50.000 corredores en algunas ediciones. Todo maratonista aficionado sueña con Nueva York, ya que es la carrera que todos quieren correr.
Cuando el maratón no tenía la fama que tiene hoy, Nueva York fue la carrera que no paró de crecer y todas estaban detrás de ella en fama. Gracias al maratón de Nueva York, miles de maratones se realizan hoy en todo el mundo. Por eso la historia de Fred Lebow tiene una importancia capital. Siendo él una de las personas que fundó la carrera en 1970 y viendo todo lo que hizo para convertirla en lo que es hoy, no quedan dudas de que su figura es una pieza indispensable en el mundo del running mundial. Por lo pronto, en Nueva York se lo reconoce como la persona más importante de toda la historia de la carrera.
Como todo prócer, Fred Lebow tiene su estatua. Como todo neoyorkino que se precie, dicha estatua está en el Central Park. Pero lo que diferencia a Fred del resto de los que son recordados en la ciudad es que su estatua no permanece todo el año en el mismo lugar.

Cuando llega en la primera semana de noviembre la realización del maratón de Nueva York, su estatua es trasladada del lugar en el cual está y se la coloca en la llegada de la carrera. Así de importante es Fred para la carrera, así se lo recuerda en el maratón más importante del mundo.
Pero volvamos a atrás. En 1970 Nueva York realizó la primera edición de su maratón. La idea era seguir los pasos del legendario Maratón de Boston, cuya historia había empezado en 1897. En ese debut la carrera tuvo tan solo 127 corredores que dieron vueltas por el circuito del parque hasta completar la distancia de 42 Km 195 mts (26.2 millas). Tan solo completaron la prueba 55 corredores.
La semilla de un árbol gigante acababa de ser plantada y Fred Lebow fue el hombre que vio el futuro. Los inscriptos aumentaban y entonces fue su idea que, aprovechando el bicentenario de los Estados Unidos, la carrera diera el gran paso. Así fue como diseñó un trayecto que pasara por los cinco grandes barrios de la ciudad.

De esa forma los corredores podrían pasar por cada lugar y los espectadores de cada distrito pudieran salir a verlos. El éxito fue absoluto y Nueva York comenzó su camino ascendente. En el camino, gracias a ese éxito, muchas grandes ciudades del mundo copiaron el modelo de Lebow.
En 1978 la corredora noruega Grete Waltz batió el récord mundial femenino, lo que a su vez atrajo la mirada de la alta competencia, no solo los aficionados. Lebow y Waltz fueron durante años grandes amigos y figuras identificadas con este maratón.
Fred Lebow nació en Rumania en 1932 y su familia judía tuvo que emigrar a Estados Unidos, donde se instalaron en Nueva York. Su amor por la ciudad fue siempre incondicional y por eso dio todo lo que tenía para darle un evento que sigue siendo uno de los puntos más altos del calendario de una ciudad que el planeta ama. En su extensa carrera como corredor completó 69 maratones en más de treinta países.
Estuvo al frente del New York Road Runners desde que eran pocos corredores hasta un par de décadas después cuando ya era la institución vinculada con el running en la ciudad. Actualmente no solo hay obras de caridad que llevan su nombre y también un medio maratón en su honor. El reunir dinero para caridad en el maratón también fue una idea de él.

En 1990 se le diagnosticó un cáncer cerebral. Lebow, que había corrido la edición inicial de 1970 corrió por última vez el maratón de Nueva York junto con su amiga Grete Waltz. Ahí estaban, el fundador de la carrera y la mujer que había ganado la competencia en nueve ocasiones.
Enfermo, Fred completó la carrera abrazado de su amiga en cinco horas y algunos minutos. Fue, posiblemente, uno de los momentos más emocionantes de la historia del maratón de Nueva York. Dos años más tarde moría pero su legado no pararía de crecer.
La estatua que lo recuerda se inauguró un mes después de su muerte y lo muestra a él con un cronómetro midiendo el tiempo de los maratonistas. La estatua se encuentra en East Side Central Park Drive 90th St.
Como dijimos, una vez al año es trasladada a la llegada del maratón. Cada uno que pasa esa meta debe saber que está ahí gracias a Fred. No es exagerado decir que casi la totalidad de los maratonistas aficionados corren por las ideas que él tuvo. Su amor por el maratón nos trajo a todos hasta acá. Su legado, más allá de su nombre y su estatua, es para siempre.
*Santiago García es maratonista, autor del libro “Correr para vivir, vivir para correr” y “Volver a correr”. Completó la Six World Marathon Majors dos veces. En Instagram: @sangarciacorre.
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