
Llegó la época de Halloween y con ella aparecen todo tipo de supersticiones relacionadas al terror, la muerte y el lado oscuro de la existencia, aspectos muchas veces afrontados desde un lugar lúdico e incluso desde la celebración. Lo que no se sabe, o se sabe poco, es el origen y el lúgubre entorno que rodean a este tiempo que, por su naturaleza, suele estar alineado con otras fechas cercanas y similares como el Día de los Muertos. Sin embargo, la historia de la humanidad indica que se trata de dos efemérides muy diferentes en su contexto.
Entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre se conmemora Halloween, mientras que el 1 de noviembre es la jornada asignada originalmente en México para reivindicar a los seres queridos que ya no están en la Tierra. Para comprender las principales diferencias de estos cultos, Infobae conversó con el historiador y docente Fernando Casullo, quien explicó los orígenes de cada festividad.
“El Día de los Muertos es una tradición mexicana que tiene que ver con las diversas costumbres de los indígenas -como el caso de los Teotihuacanos- y la lógica de la cosmovisión de estos pueblos. Para ellos, la muerte no significa que va a haber un cielo o un infierno, o un premio y un castigo. Todo se trata de un ciclo que forma parte de un mismo proceso. Hay toda una lógica muy distinta porque ellos suponen que hay una especie de inframundo en el que los muertos interactúan con los vivos”, detalló el experto.

En tanto, en relación a Halloween, el historiador indicó que no sólo es una tradición sino también una conversión de varios cultos. “Es el ejemplo de un choque de culturas, con un punto fuertemente vinculado al cristianismo, que forma parte del calendario litúrgico y son tres días establecidos para la conmemoración de los Fieles Difuntos. No tiene nada que ver con el Día de Muertos porque, entre otras cosas, está mas ligada a lógicas católicas”.
En ese marco, Casullo dijo que si uno sigue la historia de Halloween encuentra “elementos nórdicos como los de la cultura celta y los del paganismo. Todo se termina mezclando y hoy en día hay hasta una cuestión comercial. Ahí se ve el mundo que se fue globalizando desde el siglo XIV por la interacción entre culturas”.

Según Casullo, “en principio, Halloween y el Día de los Muertos no tienen nada que ver. Pero ahora, con lo que denominamos sincretismo, que se vive en América con la vinculación de los grandes temas precolombinos -previo a la llegada de Cristóbal Colón al continente- y con la acción del cristianismo, están más mezclados en la consideración popular”. Como se ve, el sincretismo, que se trata de una tendencia a combinar distintas teorías, actitudes u opiniones (según la RAE), no sólo es un factor esencial para comprender estos fenómenos; también resulta interesante porque nos muestra cómo cada cultura le ofrece al mundo sus distintas manifestaciones y sus secretos para darse a conocer.
En Europa, que fue sede de diversas poblaciones celtas -especialmente en el Reino Unido- se celebraba el final de las cosechas campestres a fines de octubre. Además, los habitantes le daban la despedida al verano y al Dios del Sol, al que llamaban Lugh. Según los relatos históricos, esta costumbre invitaba a los espíritus a regresar al mundo. De aquí se desprende parte de la explicación de los típicos disfraces que invaden las calles de las ciudades de todo el globo terráqueo durante Halloween.
Por otro lado, en el año 2008, la UNESCO incluyó al Día de los Muertos en su histórica lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. ¿Los motivos? Según el organismo, porque “las ofrendas son tan variadas como la imaginación, combinando tradición, arte y creatividad. Además, en ninguna de ellas puede faltar el cempasúchil, la flor de los muertos. Las festividades han ganado fama internacional y parecerían ser cada día más grandes y coloridas”.

Bajo el precepto de interacción entre la Tierra y el inframundo, una de las costumbres ritualistas y clásicas de algunas familias mexicanas consiste en darle color al ambiente festivo con bebidas, como el tequila o el mezcal. ¿Para qué? para volcarlos en las tumbas de sus familiares o amigos. “Como si estuviesen tomándose un trago con sus seres queridos”, detalló Casullo. Y concluyó: “La idea de la muerte como algo trágico no sólo esta asociada a la cuestión del judeocristiano sino sobre todo a la modernidad. En México esto es diferente porque hay una persistencia muy fuerte del pasado premoderno previo a la conquista y al desarrollo que vino después de la construcción del Estado nacional con la nueva identidad. La muerte es propia de su cosmovisión: es un enlace; una vida que está más allá y que le da continuidad a la existencia en la Tierra”.
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