
Como si de algo que tiene que ver con la estacionalidad se tratara, la llegada de los meses de calor despierta la pregunta de tías, abuelas y amigas: “¿Este verano vas a sacarle los pañales?”. Por extraño que parezca, muchas son las personas que siguen creyendo que el control de esfínteres en los niños tiene alguna -extraña- relación con los meses del año.
Y si bien la época de calor facilita la tarea a los padres, ya que es más cómodo para no lavar tanta ropa, por ejemplo, lo cierto es que el control de esfínteres es un proceso fisiológico y madurativo, que poco tiene que ver con las condiciones climáticas o con una edad igual para todos los niños.
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“Es como apurar a una oruga a convertirse en mariposa”. La metáfora de la licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247) es clara: sacarle los pañales a un niño que aún no está preparado es lisa y llanamente forzarlo a hacer algo para lo que aún no está capacitado fisiológicamente. Y al parecer, eso no se aprende. Se madura.
Mónica Oliver es médica psiquiatra y psicoanalista infantil, y explicó que “el control de esfínteres depende de un sistema anatomo- fisiológico, que únicamente tras un período de maduración podrá funcionar y cuya utilización dependerá de normas culturales”. “No es algo innato en sí, sino el resultado de la maduración de este sistema anatomo-fisiológico y del condicionamiento impuesto por la sociedad”.
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Según Ruda, poco se observa en qué etapa está el niño y si está o no en condiciones de dejar el pañal “porque socialmente se impuso que los dos años es la edad para iniciar el proceso”. Incluso –agregó– “la mayoría de los jardines aún insisten en la condición de entrar a sala de tres sin pañales, lo cual fuerza a las familias a tener todo el verano al chico desnudo, haciéndose pis y caca encima, o persiguiéndolo con la pelela para que cuando llegue marzo hayan logrado el objetivo”.
“Venimos de la escuela en la que se creía que el control de esfínteres es una cuestión de hábitos, educación y una cuestión de aprendizaje. Y lo cierto es que contrario a lo que se cree, este proceso es lento y con idas y vueltas”, destacó Ruda, quien enfatizó: “Al ser un proceso madurativo, acelerarlo es contraproducente”.
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Para ella, “suele exigirse al niño, perdiendo de vista que el control de esfínteres no es cuestión de voluntad”. Y comparó: “Si un niño está aprendiendo a caminar y nosotros en vez de acompañarlo lo agarramos de la mano y lo hacemos caminar forzosamente, en realidad vamos a lograr que este niño se sienta cada vez más inseguro y hasta podemos retrasar el proceso. Un empujoncito para ayudarlo puede terminar en alguna caída que al niño lo asuste y viva este proceso con temor e inseguridad. En cambio, si dejamos que experimente y vaya probando a su ritmo acompañándolo, sosteniéndolo y, sobre todo, mirándolo, probablemente se sienta más seguro y se anime a caminar cuando de verdad sienta que puede hacerlo, ya que, en definitiva, a nadie le gusta frustrarse. Del mismo modo ocurre con el control de esfínteres. Lo único que podemos hacer como padres ante este proceso es esperar, observar, contener y acompañar”.

Para poder contener y acompañar de la mejor manera, conviene saber que “alrededor de los dos años convergen varios pasos en el desarrollo”, según explicó Oliver. Y enumeró:
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- El niño superó la excitación de caminar y está listo para sentarse.
- Entiende palabras, expresiones, secuencias de acción.
- Reconoce su pelela.
- Se encuentra identificado con los adultos que lo rodean.
- Comienza a guardar sus cosas.
- Comienza a aminorar su negatividad.
Y sobre qué condiciones del niño y su familia son necesarias antes de comenzar el control de esfínteres, resumió: “Debe estar avanzada la adquisición del lenguaje, tener desarrollo del aparato muscular, que no haya otras exigencias o situaciones estresantes para el niño, y es conveniente haber superado pautas de comportamiento de la etapa oral, o sea, no usar mamadera, chupete etc”.
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Adiós pañales: cuáles son las etapas de maduración y cómo reconocerlas

La Asociación Española de Pediatría considera que es entre los dos y los tres años cuando los niños empiezan a estar preparados para dejar el pañal, sin embargo, recomiendan tener en cuenta que cada niño evoluciona de forma diferente y que algunos no estarán 100% preparados hasta los tres años y medio. Esperar el momento adecuado facilita mucho el proceso, pudiendo hacer la transición en poco tiempo. Si, por el contrario, el niño no está preparado, la retirada del pañal puede ser mucho más larga y traumática. Por este motivo, lo ideal sería esperar a que el niño decidiera por sí mismo quitarse el pañal, bien porque le molesta o bien porque considera que no lo necesita. Si esto no ocurre, hay ciertas señales que pueden ayudar a evaluar si el pequeño está preparado para hacerlo:
- No moja continuamente el pañal, lo que indica que ya tiene cierto control sobre sus esfínteres.
- Tiene horarios regulares para hacer caca.
- Sabe decir “caca” y “pis” y avisa cuando se ensució.
- No le gusta llevar el pañal sucio y comienza a resultarle incómodo.
- Es capaz de bajarse y subirse la ropa solo.
- Imita a los adultos o a sus hermanos mayores cuando van al baño.
- Camina y se sienta solo.

Ruda, en tanto, enumeró las etapas a tener en cuenta para poder observar en qué momento se encuentra el niño y qué se puede esperar de él:
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- Primero hacen pis y caca en el pañal sin prestar interés en dicha situación
- Hacen pis o caca y avisan una vez que ya hicieron
- Avisan mientras están haciendo pero no pueden anticiparse
- Posteriormente registran que tienen ganas y avisan que están por hacer, pero no pueden esperar, retener
- Finalmente, registran que tienen ganas, avisan con anticipación y pueden esperar a llegar al lugar indicado. Retienen y controlan.
Asimismo, “hay ciertos indicadores motrices que dan cuenta de la posibilidad de controlar esfínteres como, por ejemplo, cuando los niños suben la escalera alternando los pies. Esto no quiere decir que cuando lo hacen ya hay que sacar los pañales, pero sí que si esto aún no sucede entonces no sería momento de quitar pañales ya que aún no hay control sobre otras partes del cuerpo que son de importancia para el control de esfínteres. Sucede igualmente que, aun teniendo este control, los pañales los dejan mucho después, sintetizó”.
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Para finalizar, la especialista insistió en que “estas etapas no son iguales en todos los niños y es importante respetar el tiempo de cada uno sin apurar el proceso, ya que ningún chico usará pañales de por vida”. “En todo caso, no está de más revisar qué nos pasa a los adultos con este proceso y con las presiones sociales, lo que también ayudará a dejar fluir en vez de apresurar y presionar. Si nosotros soltamos, ellos también soltarán”, concluyó.
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