La oxitocina es conocida como la hormona del amor. Y esa afirmación tiene algo de cierto.
Usted, probablemente, la escuchó nombrar. ¿Qué es la oxitocina? Es una hormona, una sustancia que se genera en el cerebro. ¿En qué parte del cerebro? Se ubica en la zona del hemisferio derecho, se genera en una parte del cerebro que seguramente también escuchó nombrar, que se llama hipotálamo, en unos núcleos de nombres raros, núcleos supraópticos, paraventriculares.
Se libera y luego sale por otra parte del cerebro, por una glándula, que se llama hipófisis, y de ahí va a la sangre y se esparce por todo el cuerpo.
¿Por qué este mecanismo? ¿Por qué la naturaleza, genera esto tan fuerte como una sustancia que se genera en tal punto del cerebro, viaja a otro y se libera a la sangre? ¿Y qué tendrá que ver este procedimiento con el amor?

La realidad es que las hormonas modulan las conductas. Por ejemplo, una persona que tiene bajos los niveles de la hormona tiroidea es probable que se sienta decaída, más bien sedada, intelectualmente más como apagada, porque un buen nivel de hormona tiroidea mantiene el metabolismo y la función mental en condiciones. Si la hormona tiroidea estuviese muy elevada, la persona estaría más nerviosa, más ansiosa. Por eso, a modo de síntesis fácil de comprender lo resumo como “las hormonas son conductas” .
¿Qué es lo que pasa, justamente, con la oxitocina? ¿Cuándo se libera oxitocina? En dos circunstancias muy claras: en el parto y en la lactancia. En ambas situaciones la oxitocina se comporta como una hormona necesaria para el mecanismo del parto y para la producción de la leche materna.
Pero no es lo único que hace a la oxitocina. En el inicio, como para llamar un poquito la atención me referí a la oxitocina como la hormona del amor. Esto es porque modula las relaciones sociales, las relaciones interpersonales.

Por eso, nos sentimos mejor cuando el cerebro libera oxitocina que es la hormona del apego y la confianza. Los niveles de esta sustancia aumentan generalmente con el afecto físico que se produce con un abrazo, una sonrisa, una conversación agradable o cuando damos o recibimos un regalo.
Las hormonas son conductas y esta hormona modula patrones de comportamiento, o bien de sexualidad, o de emociones, de sentimientos y, fundamentalmente, de confiabilidad.
Cuando uno la pasa bien, en una reunión, con amigos, está en familia y un buen momento, seguro está segregando oxitocina. Cuando está en pareja y se siente bien, seguro, está segregando oxitocina. ¿Es la hormona del amor? Y… tiene mucho tiene que ver con eso.
Por todo esto, podemos concluir que debemos hacer cosas para pasar la vida lo mejor posible y segregar oxitocina.
La oxitocina doma la ferocidad

Hace unos meses, científicos de la Universidad de Minnesota, EEUU, detectaron en un estudio que inhalar oxitocina ayudó a los leones a reducir la agresividad.
Los investigadores trabajaron con leones de la reserva de vida silvestre ubicada en Dinokeng, en Sudáfrica, y detectaron que la aplicación intranasal de una dosis de la llamada hormona del amor, la oxitocina, convertía a las fieras en animales menos agresivos y peligrosos. El estudo fue publicado en marzo en la revista iScience, perteneciente al grupo Cells.
Estos especialistas que vienen trabajando hace tiempo con la oxitocina como estrategia, pudieron concluir en un documento que los leones se convierten en más cercanos y accesibles con sus vecinos, además de tener una actitud menor de alerta frente con los extraños.
En los mamíferos, la oxitocina es la principal molécula que fortalece los lazos sociales. Surge dentro del cerebro de una madre cuando mira a los ojos de su recién nacido, promoviendo sentimientos de bienestar y felicidad, mientras hace que el bebé quiera agarrarse al pecho para mamar. Científicos de diferentes áreas han comprobado efectos similares en otras especies.
* El doctor Daniel López Rosetti es médico (MN 62540) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Presidente de la Sección de Estrés de la World Federation for Mental Health (WFMH). Y es autor de libros como: “Emoción y sentimientos” (Ed. Planeta, 2017), “Equilibrio. Cómo pensamos, cómo sentimos, cómo decidimos. Manual del usuario.” (Ed. Planeta, 2019), entre otros.
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