Decir Pablo Ramírez es hablar de impecabilidad, perfección, distinción. El chico audaz que irrumpió hace décadas con sus pasarelas a todo negro, uno de los diseñadores más influyentes y reconocido por la prensa nacional e internacional.
Reflexivo, profundo, siempre en un camino de evolución. Desde aquel tapado de Principito que le diseñó a Gustavo Cerati hasta los looks actuales de Lali Espósito (pelo rosa, perlas chanelescas sobredimensionadas), el diseñador hizo de todo, incluso un éxito en plena pandemia que es su colección online. Denim y vestidos que viajan de norte a sur del país en cajas deslumbrantes.
Reinventarse, siempre con inteligencia. Así es el ex chico terrible, ahora convertido en auténtico bon vivant. Y de esto va la nota. Un reportaje sabroso, que marida cocina y atelier.
-¿Qué sabor deja el vestido terminado?
-Sin dudas, dulce. Algo así como una mousse de chocolate.
-¿Cuál es tu trago?
-Soy aburridísimo porque no tomo alcohol. Me encantan los jugos naturales. Ahora, por ejemplo, estoy encantado con el agua de ananá. Lo hago con la cáscara. También me gusta todo lo que lleva jengibre.

-¿El mal trago?
-Me lo imagino amargo. Y si hablamos de mi profesión, tiene que ver con la insatisfacción.
-Ramírez es negro y blanco. Galletitas: ¿Melba o sonrisa?
-Siempre Melba.
-Tus colecciones, ¿serían para un banquete dulce o salado?
-Me parece que agridulce. Siento equilibrio, algo que no llega a ser ni una cosa ni la otra. Más bien estaría emparentado con un menú de pasos. No hay nada que empalague. Podría ser un cacao amargo con sal marina. Algo sutil y sofisticado a la vez.
-¿Qué perfume te hace agua a la boca?
-Harinas horneándose. Medialunas, un bizcochuelo, algo casero que le imagines la tibieza. Y si pensamos en moda me hace agua a la boca ciertas caminatas de los viajes. Sobre todo en estos tiempos, imaginarme caminando por Roma o París.
-¿Cuál es la torta negra más elegante? La que sería un auténtico Ramírez de negro.
-Alguna que tenga equilibrio entre lo dulce y lo ácido, entre lo crocante y lo húmedo. Y que arriba el chocolate, perfecto, brille como un cristal.

-¿Qué se te antoja comer después de un desfile a toda adrenalina?
-¡Carne! Algún buen lomo. Algo que me reconforte.
-¿Cuál es tu plato fuerte en el diseño? ¿Y en la cocina?
-En casa cocina Gonzalo, mi pareja. A veces yo le hago de Juanita, pero el que sabe es él. Antes yo también cocinaba y no lo hacía mal, pero con el tiempo él tomó el mando por completo. ¿Mi plato fuerte en el diseño? El vestido negro, sin dudas. Y de mis épocas de cocinero recuerdo el arroz con pollo.
-¿Cuál es el utensilio clave en tu cocina? ¿Y en el taller?
-Me encanta la cuchara de madera. Y acá, en la oficina, es la lapicera.
-¿Qué plato te parece un espanto?
-El mondongo. Pero bueno, tal vez sea el momento de confesar ciertos traumas. En realidad tengo malos recuerdos porque en la casa (familiar) no lo hacían rico, tenía aspecto poco atractivo. Pero la realidad es que a mí siempre me gustó todo. El tema es que veía que a mis amigos siempre les disgustaba algo, parecía que eso era lo normal, así que empecé a inventar. De pronto vi que a mi tía Coca no le gustaban las pasas de uva, por lo tanto adopté el supuesto desagrado. Una gran mentira porque me encantan. Lo mismo hice con el coco. Me construí el mito, se lo hice creer a todos...Pero la realidad es que si me ofrecen algo rico con un toque de coco me lo como feliz.

-¿Y la prenda que te espanta?
-¡El talle bajo! Nunca lo hice, jamás lo haría.
-¿Qué bocado o sorbo te inspira para crear?
-Siguiendo la línea de lo agridulce me viene en mente un sacramento, fosforito o locatelli. Son estéticos, fáciles y te levantan un montón.
-¿A qué cocinero vestirías?
-Damián Betular va por mi segundo smoking en las finales de Masterchef, además es mi amigo. También lo quiero mucho a Germán Martitegui. Y ni qué hablar Dolly, que es genial. La vestiría a ella, a Narda y a Pamela Villar.
-¿Qué cosmético consumís como golosina?
-Soy un desastre en ese sentido, no uso cremas ni productos específicos. Golosinas normales un poco más, pero con respecto a lo otro sólo muero con el jabón de Hermes.
-En el avión, ¿pasta o carne?
-Carne.
-Si la Argentina fuera un plato...
-Unos ravioles con estofado. Ese plato es la patria.

-¿Cuál es la sal de la vida?
-La familia.
-¿Y la pimienta?
-El amor.
-¿Qué sabor te dejó la pandemia?
-Siento que fue un vaso de agua: incoloro e inodoro. Se trató de una gran pausa, algo relacionado con la limpieza y el cambio profundo.
-¿Modificó tus siluetas?
-Sí, hice prendas holgadas, solté la silueta. Y eso sí que fue un cambio porque yo siempre la marco mucho. Sentí la necesidad de pensar una colección más home, más puertas adentro. Primero fueron tres artículos, pero ahora le estoy dando continuidad. Piezas cómodas, túnicas con un lindo cuello o escote aptas para el zoom nuestro de cada día.
Realización video: Gastón Taylor/ Edición de video: Rocío Klipphan y Martín Rodríguez/ Producción: Macarena Sánchez
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