Lamentablemente, la dificultad para alcanzar el orgasmo en las mujeres se presenta de manera frecuente. Son muchas las consultas que recibo en función de esta cuestión, que genera angustia y preocupación. Ya sea porque no lo han alcanzado nunca o porque sólo lo logran estando solas o en contadas ocasiones, muchas mujeres se cuestionan si hay algo de malo en ellas.
Lo primero para aclarar es que muchas personas -tanto hombres como mujeres- llegan al orgasmo de una sola manera y eso no tiene nada de malo. Simplemente responden a una forma específica de estimulación. Por otro lado, sólo en un 5 por ciento de los casos, las causas de la dificultad se relacionan con factores orgánicos.
Ahora bien, si la ausencia de orgasmo es general o situacional es un elemento clave que permitirá rastrear las posibles causas del problema. Si el orgasmo no se ha alcanzado nunca, quizá tenga más que ver con cuestiones de educación sexual inadecuada, emociones negativas asociadas o falta de estimulación adecuada. Si en cambio, la problemática aparece en un momento especifico, quizá esté asociada a alguna medicación o alguna situación vincular o anímica.
Entre las causas orgánicas asociadas podemos mencionar alteraciones producto de lesiones medulares o problemas de inervación de la pelvis. También pueden afectar las alteraciones metabólicas, como la diabetes y los trastornos endócrinos, como el hiper o hipo tiroidismo, las enfermedades crónicas cardivasculares y las disfunciones hepáticas o renales. El alcohol y los psicofármacos como los IRSS generan retardo orgásmico.

Entre las causas psicológicas y vinculares el mayor impedimento con el que lidiamos es la nula educación sobre salud sexual con la que contamos, o peor aún, cuando la poca educación que tuvimos estuvo basada en el miedo y en el control. El resultado de esto lo vemos en conflictos que se podrían haber evitado, simplemente con la información adecuada, en el momento oportuno. Educar sobre el placer y darle herramientas a las mujeres para que conozcan su cuerpo, se cuiden y puedan elegir cómo y con quién explorarlo.
Ya sea por crianzas conservadoras, experiencias negativas y/o educación religiosa, vamos formando una opinión negativa hacia la sexualidad. Esto va construyendo la creencia interna, por ejemplo, de que “tocarse está mal”. Muchas personas incluso, llegan a manifestar asco, pudor o rechazo ante este tipo de prácticas.
Otro factor que colabora con las dificultades para alcanzar el orgasmo en las mujeres es la baja autoestima. La desvalorización, los trastornos de la imagen corporal, los trastornos de alimentación y las inseguridades en general, obstaculizan el vínculo saludable con el cuerpo. En el plano mental, sentirse incapaz se suma a la lista de creencias que atentan contra el orgasmo.
El miedo al abandono, la falta de confianza, la vergüenza a la exposición y el temor ante la vulnerabilidad son dificultades que subyacen en relación a lo vincular. Tampoco ayuda cuando el otro está pendiente de mi orgasmo, todo lo contrario. En la misma linea, se encuentra la incapacidad para comunicar de manera exitosa, es decir, poder pedir lo que necesito y no quedarme acoplada al placer del otro. Estas cuestiones podrían subsanarse, en vínculos amables, a través del diálogo.

Por último debemos mencionar tres factores que tienden a generar confusión y que obstaculizan el camino hacia el orgasmo.
En primer lugar, las expectativas desmedidas: hemos escuchado tanto sobre el orgasmo que creemos que si no sentimos una explosión o no vemos fuegos artificiales, no está sucediendo. Las sensaciones orgásmicas son muy diferentes en cada persona y tanta expectativa puede llevar incluso a evitar que se reconozca lo que está pasando en el propio cuerpo.
En segundo lugar, es necesario permitirse soltar el control y eso es algo que socialmente no tenemos habilitado. El orgasmo implica un breve momento de pérdida de control y es esa capacidad de entrega, de saltar al vacío, la que tenemos que procurar.
Finalmente, lo que en sexualidad llamamos ansiedad de desempeño y tiene que ver con el nivel de hipervigilancia en el que nos disponemos, más que nada, al encuentro con un otro. Es un mal de estos tiempos con el que cargan tanto hombre como mujeres y nos lleva a poner la mente en alerta en lugar de relajar y conectar con la excitación.
La buena noticia es que en la mayoría de los casos, con información, conocimiento del propio cuerpo, tiempo y estimulación adecuada, las dificultades para llegar al orgasmo se trascienden. Se trata de disponerse a ocuparse del asunto.
*Cecilia Ce es psicóloga, sexóloga y autora de los libros Sexo ATR y Carnaval toda la vida (editorial Planeta). En Instagram: @lic.ceciliace
Realización: Thomas Khazki / Producción: Macarena Sánchez / Edición de video: Sofía Boutigue
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