
Uno de los grandes mitos sobre la reproducción es el de que hay ciertos momentos que son mejores que otros para buscar un embarazo. El invierno, cuando hay mayor predisposición a estar adentro, en intimidad, o la primavera, que trae los días más cálidos y se acercan las vacaciones, se disputan las condiciones de una situación que depende, en realidad, de un conjunto de elementos muy complejos y difíciles de equilibrar. Lo cierto es que, científicamente, no existen pruebas de que haya una época más beneficiosa para buscar un embarazo.
Sin embargo, sí es cierto que hay ciertos contextos que inciden en nuestro humor, en la predisposición hacia un otro y en la relajación en la vida cotidiana, que tienden a preparar al cuerpo de una mejor manera a la hora de buscar la concepción.
“Muchas personas deciden comenzar los tratamientos en verano porque es una época más despejada en cuanto a otros compromisos. Tener tiempo y estar relajada contribuye a que el cuerpo esté mejor predispuesto. Esta condición aplica tanto para los pacientes de reproducción asistida como para quienes están buscando un embarazo de forma espontánea”. María Villamil es psicóloga especialista en reproducción asistida y como encargada de la Unidad de Apoyo Psicológico de IVI Buenos Aires participó de la elaboración de una Guía de Apoyo Emocional, gratuita y online, para tratar, entre otros temas, la cuestión de los sentimientos por los que atraviesa una persona durante un tratamiento de reproducción asistida.

La relajación de horarios, un descanso más prolongado y una mayor dedicación al ocio favorecen el estado general de salud, que es una de las condiciones favorables para lograr un embarazo exitoso. “No sería conveniente utilizar las vacaciones para dedicarse al cien por ciento a un tratamiento de reproducción asistida, sino más bien hacerlo antes, y viajar o despejarse después de la transferencia embrionaria”, recomendó Villamil. La transferencia embrionaria es el momento en que el embrión fecundado in vitro se introduce en el útero. Los días siguientes a esta intervención son decisivos en la confirmación del embarazo, que depende de que los embriones se implanten correctamente en el útero.
Si bien las condiciones para lograr un embarazo exitoso dependen de la preparación del endometrio, la calidad embrionaria (que, generalmente, depende de la edad materna) y el potencial evolutivo del embrión, según los especialistas, también influye el momento en que se realiza la transferencia. “Hay una tendencia entre las pacientes en elegir el verano para comenzar los tratamientos, porque en muchas profesiones y empleos el caudal de trabajo es menor y el cuerpo se relaja y predispone mejor al embarazo”, señaló la médica especialista en reproducción asistida Doris Raso, de IVI Buenos Aires. Además, agregó que “es importante que la persona pueda seguir disfrutando de otros aspectos de la vida, es decir, que el tratamiento no se vuelva el eje de la vida cotidiana”.

Si bien no está científicamente comprobada su incidencia, hay una línea de investigación que propone que aquellos pacientes que llevan con más calma emocional el tratamiento logran el embarazo más rápidamente que aquellos que han expresado estar tensos y ansiosos. “Cada ciclo trae consigo una carga emocional de ilusión, alegría y esperanza, pero también es posible que no se logre el objetivo buscado en el corto plazo. Hay que ser paciente y comprender los tiempos de cada cuerpo”, aseguró Villamil y aclaró que, para quienes encaran un tratamiento en pareja, es importante recordar que “cada uno puede lidiar con el tema de forma distinta y, por lo tanto, es posible que uno experimente resentimiento porque el otro no aparenta atravesar las mismas sensaciones”. Por eso es clave darse tiempos para conversar, disfrutar y atravesar el tratamiento de la forma más relajada posible.
El sol y la vitamina D
La vitamina D, conocida como la vitamina proporcionada por la luz solar y, por lo tanto, la estrella del verano, es uno de los elementos que deben estar equilibrados en el cuerpo al momento de buscar un embarazo. Sin embargo, los profesionales explican que no se trata de exponerse al sol más tiempo de lo habitual, sino que, en verano, naturalmente hay una mayor absorción de este elemento.
“La vitamina D ayuda a aumentar las probabilidades de embarazo, su presencia en cantidades esperables optimiza la secreción y la acción de insulina, mejora la ovulación y predispone a la implantación embrionaria -aclaró Raso-. En los hombres, tanto concentraciones muy altas como muy bajas de vitamina D afectan el espermograma. Se demostró que en ambas situaciones disminuye la cantidad y la movilidad de los espermatozoides. Sólo la restitución a concentraciones normales de vitamina D mejora el espermograma”.
En las mujeres, por su parte, “mejoraría el metabolismo en aquellas con síndrome de ovario poliquístico, y podría mejorar también el estado de la endometriosis en pacientes que la padecen”, explicó la especialista.
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