“Mamá, me aburro”: el juego como herramienta para detectar la ansiedad y el estrés de los niños en cuarentena

A través del lenguaje no verbal o el juego simbólico los pequeños pueden “dejar ver” lo que tal vez no saben o no pueden expresar con palabras. Qué síntomas o señales pueden dar cuenta de que un niño está angustiado o que algo de la situación que atraviesa le genera malestar, y qué hacer para ayudarlo

"El juego es la posibilidad de tramitar psíquicamente desde un lugar simbólico lo que el niño no puede verbalizar o poner en acto" (Shutterstock)
"El juego es la posibilidad de tramitar psíquicamente desde un lugar simbólico lo que el niño no puede verbalizar o poner en acto" (Shutterstock)

“Un niño juega no sólo para repetir situaciones placenteras, sino también para elaborar las que resultaron dolorosas y traumáticas”. La frase del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, bien puede valer para interpretar la actual situación de confinamiento que atraviesan los niños debido a la pandemia por coronavirus, y todo lo que desde lo lúdico pueden “decir”.

De que el contexto les resulta angustiante y doloroso no hay dudas. El trauma que de esto pueda resultar dependerá de cómo cada familia haya atravesado esta inusual experiencia que al mundo entero le toca vivir.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas que sufre trastornos psicológicos tiene entre 10 y 19 años de edad, siendo la adolescencia y la niñez períodos cruciales para el desarrollo y mantenimiento de hábitos sociales y emocionales importantes para el bienestar mental.

“El juego es fundamental en la vida de un niño. Nos preocupamos si observamos que un niño no juega. El juego es inherente a la infancia: es placentero, libre y espontáneo, esto quiere decir que se juega por placer, el niño elige libremente a qué jugar y lo hace según lo que se le ocurra en cada momento”. La licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247) diferenció que, “por otro lado están los juegos reglados y con pares, los cuales facilitan la socialización, la empatía. Ayudan a resolver conflictos con otros, llegar a acuerdos y también a respetar las normas y reglas”.

En diálogo con Infobae, la especialista en maternidad y crianza, continuó: “Transgredir las reglas tendrá una sanción. Este tipo de juego reglado facilita la convivencia con otros y aprender a vivir en un mundo con normas, o sea en sociedad. Nos topamos en estos juegos con niños frustrados cuando pierden y será mediante el mismo juego que este sentimiento intentará resolverse”.

Para la licenciada en Psicología Luján Rossetto (MN 45356), “todo lo que un niño no pude tramitar verbal o psíquicamente lo elabora a través del juego, lo cual lo vuelve una actividad central para el desarrollo emocional, madurativo, y psico anímico en la vida de una criatura”.

El juego en su faceta más rica es el que se produce con los pares (Shutterstock)
El juego en su faceta más rica es el que se produce con los pares (Shutterstock)

Pues bien, desde el 16 de marzo, día en que se vio interrumpido el ciclo lectivo a causa de la emergencia sanitaria declarada en el país por el avance del coronavirus, y con el aislamiento social preventivo y obligatorio que rige desde el 20 de ese mismo mes, los menores “están privados de la actividad de jugar: juegan en sus casas, con sus familias, en solitario, pero el juego en su faceta más rica es el que se produce con los pares, aunque obviamente todo esto siempre requiere menciones particulares dependiendo la edad del niño”. Según Rossetto, “el juego tiene una finalidad simbólica, es la posibilidad de tramitar psíquicamente desde un lugar simbólico lo que el niño no puede verbalizar o poner en acto” y en ese sentido, “el juego en su faceta más significativa y poderosa es el que se produce con pares, sobre todo a partir de los cuatro años en adelante; antes de esa edad se habla de juego paralelo (que no es integrado con pares aunque siempre es importante la presencia de ellos). Desde los cuatro años en adelante, la presencia de un otro posibilita la interacción, el intercambio, identificarse y desidentificarse con otros niños y niñas”.

“Hace muchos días ya que los niños se ven privados de esta actividad y todo queda reducido no sólo a un gran encierro si no a una situación extremadamente intrafamiliar y dada la cantidad de días que esto transcurre es importante empezar a pensar en alguna estrategia para disminuir las consecuencias -que las va a haber- y qué otras alternativas simbólicas podemos utilizar para contrarrestar esta situación anormal y excepcional”, apuntó la especialista.

Durante la cuarentena, este juego social, compartido con otros, se limita a la familia y a los juegos de mesa generalmente. “O pantalla mediante, juego con pares a través de bingos, generalas, pero no están teniendo posibilidad de jugar con otros como lo solían hacer naturalmente -reforzó Ruda-. Mucho tiempo los niños se encuentran aburridos y esto es una buena oportunidad para desarrollar la creatividad y observar cómo resuelve cada niño su aburrimiento. Partiendo de la base de que el juego es placentero, libre y espontáneo, podemos decir que el juego es facilitador de la elaboración de conflictos así también como medio para expresar sentimientos y emociones de una manera ‘disfrazada’ o ‘encubierta’”.

Rossetto hizo un paralelismo entre las fases de la cuarentena y las que atraviesa la salud mental de quienes la viven: “Así como el Gobierno habla de fases y en cada una va habiendo flexibilizaciones o cambios estratégicos en las políticas de salud, lo mismo ocurre con nuestro psiquismo y con la conducta de nuestros niños. En este último tiempo parece haber una especie de resignación, de aplacamiento del ánimo, más agotamiento, tristeza y una mayor resignación. Y en los niños empezó a aparecer ya más marcada la sensación de aburrimiento, la necesidad de contactarse con sus pares, aun sin poder poner esto en palabras”.

Desde que se decretó la emergencia sanitaria, los niños juegan en sus casas, con sus familias, en solitario (Shutterstock)
Desde que se decretó la emergencia sanitaria, los niños juegan en sus casas, con sus familias, en solitario (Shutterstock)

Así, para ella, “por un lado el aburrimiento es una instancia muy interesante, porque generalmente a los adultos les resulta intolerable, como si inmediatamente hubiera que suplir ese aburrimiento, que consolar esa situación, cuando en realidad que un niño pueda manifestar ese aburrimiento, aceptarlo y transitarlo es una instancia de gran aprendizaje en la que pueden empezar a desarrollar otras estrategias creativas”. “Ahora, cuando esta situación de aburrimiento, de aislamiento y de irritabilidad se ve sostenida durante tanto tiempo es momento de empezar a pensar en otras estrategias y en este punto yo apunto mucho al valor de lo simbólico: a falta de juego con pares, hacer hincapié en todo lo simbólico que podamos hacer desde nuestros hogares -opinó-. Todas las medidas que se vayan flexibilizando y que impliquen mayores libertades y permisos para nuestros niños, utilizarlas al máximo, ofrecerles alternativas, contarles que les va a hacer bien el contacto con el exterior, que es importante respirar aire fresco y dar un paseo”.

“Por otro lado me parece elemental, simbólicamente, y a falta de contacto, nombrar a sus pares, preguntarse qué estará haciendo tal o cual amigo, consultarles si quieren hacer una videollamada o mandar un audio, pero nunca obligarlos, ya que a veces estas situaciones de excesiva virtualidad los estresa -señaló Rossetto-. Sin la tecnología, hay otras maneras en que podemos empezar a convocar a los amigos. Si son vecinos, por ejemplo, en alguna salida pueden pasar y dejarle un dibujo, un regalito o generar un intercambio, en el que si bien no va a estar presente el juego, que más que nunca esté el registro de que el otro está, existe y nos espera; que hay un afuera y que el afuera está compuesto por los otros”.

“Aún en la distancia, es una manera más tolerable de que ese niño sepa que esto no es para siempre, y que el afuera no es sólo amenaza”, insistió.

Sobre lo no dicho: señales para prestar atención

El juego se presenta como modo en que niño expresa su mundo interno, sus emociones y conflictos psíquicos (Shutterstock)
El juego se presenta como modo en que niño expresa su mundo interno, sus emociones y conflictos psíquicos (Shutterstock)

Quizá un niño no pueda poner en palabras sus miedos, pero sí puede actuarlos con los personajes que elija o lo que dibuje. "Sus relatos espontáneos durante el juego son súper fructíferos a la hora de descifrar qué le puede estar pasando a un niño -apuntó Ruda-. Mediante el juego nos cuentan si su juego es acorde a la edad, si hay palabras que nos quedan resonando, gestos o expresiones con el cuerpo que ayudan a entender algunas vivencias con su propio cuerpo".

“Los procesos evolutivos pueden representarse en el juego, por ejemplo, un niño dejando el chupete puede actuarlo con un muñeco, repitiendo su modo de elaborar dicho cambio”, destacó la especialista, para quien “en los juegos de roles pueden representar situaciones vividas facilitando al observador entender cuáles son las experiencias vividas y si hay algo que ‘haga ruido’. Obviamente estas cuestiones las puede observar en profundidad un especialista, pero en casa sí podemos observar si algo del juego de nuestros niños nos llama la atención”.

Así, el juego se presenta como modo en que niño expresa su mundo interno, sus emociones y conflictos psíquicos -cada etapa tiene conflictos propios que van elaborando y resolviendo, propios del crecimiento y maduración-. “Sin darse cuenta, jugando está manifestando y elaborando lo que le sucede”, destacó Ruda, para quien “en esta cuarentena pueden observarse cambios en las conductas de los niños, manifestaciones de sus enojos, del sentimiento de encierro”.

“Podemos detectar su angustia en los relatos de su juego y dibujos, en sus enojos manifiestos y explícitos como así también en cambios en sus estados de ánimo -describió-. El llanto a simple vista injustificado y a flor de piel, alteraciones en el sueño, despertares nocturnos, pesadillas, necesidad de contacto físico con los padres, o la vuelta a la cama grande en quienes ya la habían abandonado” son algunas manifestaciones que los padres debieran poder percibir. Además, “el apetito puede estar alterado, ya sea por aumento o por disminución, pudiendo todos estos ser signos de ansiedad en los niños: puede que se observe que se lo pasan comiendo, un poco ansiedad otro por aburrimiento o quizá dejan de comer a causa del estrés y la angustia”.

Se los puede encontrar tristes, apáticos, que ninguna propuesta los cautiva y quizá hasta que no juegan. “En edades más grandes la tecnología los atrapa y se convierte en el único juego y quizá en el modo en que evitan encontrarse con sentimientos displacenteros pero cuando se apaga la play, la compu o la tablet, arde troya”, apuntó Ruda, para quien “algunos pueden, después de enojarse, resolver qué hacer (aquí la importancia del juego libre placentero y espontáneo, acorde a las edades) y otros sin embargo exacerban su estado de desgano y están más abúlicos”.

El llanto a flor de piel, alteraciones en el sueño, despertares nocturnos, pesadillas, necesidad de contacto físico con los padres son algunas manifestaciones que los padres pueden percibir (Shutterstock)
El llanto a flor de piel, alteraciones en el sueño, despertares nocturnos, pesadillas, necesidad de contacto físico con los padres son algunas manifestaciones que los padres pueden percibir (Shutterstock)

En este punto, Rossetto agregó: “Desde luego que en este contexto puede haber muchas conductas disruptivas o regresiones: hay muchos niños que comenzaron a tener episodios de enuresis nocturna, algunos a hablar en un lenguaje más correspondiente a etapas evolutivas inferiores y todo esto es esperable que suceda”.

Y tras remarcar que “es bueno saber que hay muchos profesionales de la salud mental infantil que están asesorando de manera online”, Rossetto consideró que “quizá éste sea un buen momento -sobre todo si los padres se sienten muy angustiados o sobrepasados con la situación- para realizar una entrevista orientativa para evaluar singularidades y estrategias que apliquen a cada caso particular”.

Todas las emociones son válidas, “el punto es no quedarse quietos en alguna de la que cueste salir”. “En última instancia cuando vemos que nos excede y nos encuentra preocupados, no está de más hacer una consulta para que el chico tenga un espacio ‘neutro’ donde expresarse, ya sea con palabras o jugando, con un especialista que sabrá interpretar y comprender su proceso y ayudará a pasarlo lo mejor posible”, aconsejó Ruda.

“Por supuesto estos sentimientos y sensaciones también las padecemos los adultos y estando en una situación tan particular como esta cuarentena, es hasta esperable”, manifestó la especialista, y agregó: “De todos modos, si notamos que nuestro hijo presenta estos estados como ‘lo nuevo normal’ habría que ver la manera de ayudarlo a expresarse, empatizar con él, contenerlo y no forzarlo a que esté todo el tiempo feliz y contento cuando en realidad no lo está”.

Es importante saber que la vida no puede seguir igual que antes y que -según Rossetto- “no se puede pretender cumplir con todas las expectativas, o las tareas del colegio”. “El objetivo es poder generar la mayor contención posible para que esto no sea tan o más amenazante que lo que se está viviendo. El adentro tiene que tornarse lo menos amenazante posible”, concluyó.

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