Por Sergio Federovisky
Sin dudas 2019 ha sido abrumador en materia de información ambiental. Los guarismos y cifras revelados este año por organismos científicos o gubernamentales muestran de manera descarnada la grave situación que el planeta está atravesando.
Apenas unos días después de culminada la Cumbre de Acción Climática, llevada a cabo hace unas semanas en Nueva York, la Organización de las Naciones Unidas volvió a la carga con un nuevo y alarmante documento. Una vez más el organismo endureció su diagnóstico y su lenguaje respecto de la situación ambiental y volvió a conminar a Estados y gobernantes a tomar medidas urgentes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Esta vez la institución hizo foco en lo que se vislumbra como la mayor amenaza sobre la población mundial: el derretimiento de los hielos y sus efectos sobre el aumento del nivel del mar.
Los especialistas de la ONU señalan que la tasa de crecimiento del nivel de los océanos es dos veces y media superior a la de la última década del siglo pasado. Las inundaciones y los ciclones naturales que se preludian golpearán duramente a más de 1.500 millones de personas. Como si fuera poco, el aumento de las temperaturas marítimas generará también una mayor acidificación de los océanos y una disminución de su oxígeno, lo que afectará gravemente la pesca y, por ende, la seguridad alimentaria mundial.

Unos meses antes, otro destacado organismo había presentado también información agobiante y reveladora. Hablamos del documento elaborado por la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), una institución independiente e intergubernamental creada en abril de 2012 para evaluar el estado de la biodiversidad.
El dossier informaba que la velocidad con la que se están destruyendo los ecosistemas no tiene precedentes en la historia de la humanidad: más de un millón de especies de animales y plantas podrían desaparecer en las próximas décadas si las actividades industriales y comerciales del hombre no disminuyen o mejoran en materia de sustentabilidad.

En este informe trabajaron 145 expertos y 310 colaboradores de 50 países que revisaron más de 15 mil fuentes científicas y gubernamentales. El diagnóstico es sombrío: tres cuartas partes del planeta están deterioradas; más del 60% de los océanos están contaminados y 100 millones de hectáreas de bosques tropicales fueron arrasadas en las últimas siete décadas, de las cuales, 42 millones pertenecían a América latina.
La mitad de los arrecifes de coral -indispensables para la vida en los océanos- se perdieron en las últimas cinco décadas.

Sin dudas la tierra está ingresando peligrosamente a un punto de no retorno si no se hace lo que hay que hacer. En un mismo año y con menos de seis meses de diferencia lo anuncian dos organismos tan trascendentes como la ONU y el IPBES.
Ya pueden sentirse tristemente satisfechos los miles de científicos e investigadores de todo el mundo que desde hace décadas intentan alertar a gobernantes y dirigentes sobre el aciago rumbo que tomó el planeta. El 2019, lamentablemente, les ha dado la razón.
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