Por Fabricio Portelli*

El vino sigue al hombre desde hace más de 8000 años y, evidentemente, fue testigo y un compañero de ruta fiel a lo largo de toda su evolución, convirtiéndose en parte de la cultura casi universal. Por eso, no es casual que aparezca recurrentemente en los libros de historia en los hechos más significativos que forjaron el presente, ya que fue protagonista de innumerables movimientos sociales. Ya en la época de los romanos, a los soldados les daban vino antes de luchar. Y más tarde, Napoleón Bonaparte se convertiría en un gran promotor del Champagne durante la gesta de la revolución francesa. La lista es interminable, e incluye a la Argentina.

La vitis vinífera se introdujo al país masivamente a principios del siglo XIX, traída por los colonos españoles, aunque recién hacia finales del siglo comenzaría a desarrollarse la vitivinicultura a nivel industrial. Por consiguiente, la mayoría de los vinos que se tomaban en 1816 eran importados de España, porque además existía una ley (promulgada por la corona en el siglo XVI) que prohibía el cultivo de la vid en sus colonias. Así, la clase alta y los políticos disfrutaban de los afamados vinos de Rioja, Málaga y Jerez, mientras el pueblo debía conformarse con el "vino Carlón"; tintos generosos a base de la uva Garnacha que se elaboraban en la región de Valencia, a los que se encabezaba con mosto concentrado cocido durante la fermentación. Eran vinos intensos, densos y pesados, de gran cuerpo y con más de 15 grados de alcohol, que soportaban bien el cruce del Atlántico y el paso del tiempo, pero debían rebajarlos con agua para poder tomarlos. Sin dudas, cuando se declara la independencia en el país, el vino Carlón (español) era el más popular.

Con el paso de los años, y ya liberados de la corona española, se empiezan a elaborar en el país (paradójicamente a manos de viticultores inmigrantes de España e Italia, principalmente) mejores vinos que los importados. Mendoza ya producía una cantidad suficiente de un vino que resultaba de menos cuerpo que el Carlón, pero a la vez con bastante espíritu, de excelente gusto, y con cierta capacidad de guarda, según consta en documentos jesuitas de la época.

Elaborados a base de uvas Criolla (grande y chica), Cereza y Moscatel, provenientes de parrales "españoles" y cosechadas en canastos, se llevaban en mula a la bodega. Los racimos se volcaban en un lagar de cuero de buey, allí se pisaban y el mosto (jugo de uva) se depositaba en grandes botijas para su fermentación. Una vez obtenido el vino, se colaba con un cedazo de cuero para eliminar hollejos, semillas e impurezas, y de ahí pasaba a las vasijas de arcilla y cerámica (reemplazadas a finales de siglo por las de roble), ubicadas en los sótanos de las bodegas para su posterior despacho.

El vino de la independencia

Al igual que la sociedad argentina, la industria vitivinícola se forjó a imagen y semejanza del Viejo Mundo, con uvas, métodos y denominaciones europeas, llegando a ser uno de los cinco productores de vinos del mundo de la historia.

Fue así que hasta finales del siglo XX los vinos nacionales más admirados y consumidos tenían mucho más que ver con la influencia de los importados; aunque a nadie le preocupaba ya que se vendía todo lo producido.

Pero esa dependencia vínica se transformó en independencia gracias a una cosa; mejor dicho, a una uva: Malbec. Es cierto que su origen es francés y que llegó al país casi de casualidad; introducida (entre otros cepajes) en 1853 por Michel Aimé Pouget a pedido de Sarmiento. Pero acá se adaptó tan bien; mucho mejor que en su lugar de origen; que se convirtió en un as de espadas.

El comienzo del siglo XXI fue el puntapié inicial para lograr que el Malbec sea sinónimo de Argentina, aunque es un proceso muy dinámico y que está en pleno desarrollo.

El principio fue con vinos muy concentrados, cargados y potentes, maduros y estructurados, con mucha presencia de roble. Pero rápidamente, los hacedores se dieron cuenta que ese no era un estilo propio sino apenas un intento para impactar al consumidor global; que por cierto duró poco. Así comenzaron a llegar vinos más frescos y tomables, también concentrados pero en sus expresiones, y poco a poco el roble dejó de ser la gran protagonista para pasar a ser un importante actor de reparto.

Hoy, el presente y el futuro del vino argentino depende fundamentalmente del Malbec. No solo por ser la uva tinta más plantada (42.000 has) sino por ser el vino más producido, consumido internamente y exportado. No hay dudas que es el mejor que elaboran agrónomos y enólogos, además de ser el que demuestra mayor potencial.

Porque los Malbec de hoy, apoyados en un carácter frutal tan propio como atractivo, logran ser el mejor vehículo para expresar un lugar o un paisaje, siempre interpretados por un hacedor, y así llegar a ser únicos. Además, por sus condiciones naturales, se encuentra muy bien adaptado en todas las regiones vitivinícolas del país. Y está demostrado que con Malbec se pueden hacer desde rosados y tintos ligeros agradables, hasta grandes vinos complejos de guarda.

La diversidad que propone hoy el varietal, en todos los segmentos de precio, merece el respeto y admiración de los consumidores más exigentes, y de los profesionales del vino del mundo entero. Pero lo importante, más allá del éxito comercial, es el verdadero significado del Malbec para el país. Porque hay pocas uvas que tienen gran reconocimiento internacional, y se han convertido en variedades globales, sin que ello signifique la pérdida del prestigio de su origen. Muy por el contrario, a mayor oferta internacional de un vino, mejor apreciación del mismo de su país de origen. El ejemplo más evidente es el Cabernet Sauvignon, que surgió en Burdeos (Francia), y se elabora en casi todos los países vitivinícolas con mucho éxito. Pero los mejores exponentes, los más admirados y por los que más se pagan, siguen siendo los Grand Cru Classé franceses. Algo similar sucede con el Chardonnay y el Pinot Noir (también franceses), y con el Syrah que los australianos estuvieron cerca de lograr posicionar.

Hoy, el Malbec asoma con serias posibilidades de lograr conquistar al mundo. Ya se elabora con mayor entusiasmo en Cahors, su cuna en Francia, y en pequeñas cantidades en Chile, Estados Unidos y Australia, entre otros.

Revelar sus secretos, formar profesionales y compartir sus experiencias para que la variedad pueda adaptarse en otros terruños del mundo, es la gran decisión que tiene por delante la industria, si quiere que el Malbec alcance el status de variedad global, impulsando a la Argentina y permitiéndole competir de igual a igual con los mejores vinos del mundo. Algo que sería imposible sin tener una variedad de bandera como el Malbec, que permite demostrar al mundo la independencia (vínica) argentina.

9 Malbec para brindar por la independencia

Xumek Malbec 2018
Bodega Xumek, Valle de Zonda, San Juan $390

Daniel Ekkert (enólogo de la casa) quiso participar del proyecto desde sus inicios en 2001, admirado por el lugar y su potencial, sobre todo por la madurez temprana de las uvas. De aromas vivos y expresivos, y paladar fluido con buena tipicidad y dejos especiados. Mordiente por joven y no por carnoso, fresco y agradable de beber. Limpio, joven y vivaz, con un evidente carácter de frutas rojas. Tiene fuerza para servir en la mesa, pero también mucha gracia para disfrutarlo solo por copa.
Puntos: 89

BenMarco Malbec 2017
Susana Balbo Wines, Los Chacayes, Valle de Uco $610

Edy Del Pópolo y el equipo de la bodega han logrado un tinto joven con mucho sentido de lugar. De aromas directos y frutales, con un costado más vegetal y algo de torrefacción (el vino se crio durante once meses en barricas de primer y segundo uso). Paladar fresco y casi vibrante, con taninos algo firmes pero finos. Moderno y listo para disfrutar, más allá que en botella puede ganar armonía.
Puntos: 90

Puramun Reserva Malbec 2014
Bodega Puramun, Valle de Uco $760

José "Pepe" Galante (chief winemaker de Bodegas Salentein) logra aquí un vino de autor junto a su familia. Un Malbec de aromas típicos y buena frescura, con cierto agarre y buen carácter. De paso fluido, fresco y vibrante. Su mensaje frutal habla de la tipicidad del Valle de Uco, y la madera se siente muy bien integrada. Es un Malbec que está para descorchar o para guardar un par de años más.
Puntos: 91

Fond de Cave A Temps Malbec
Bodega Trapiche, Valle de Uco, Mendoza $1100

Blend de cosechas: 2011 (65%), 2012 (30%) y 2014 (5%). De aromas expresivos a Malbec, amable y con buen volumen, incluso cierto agarre. Se nota algo de madurez, pero también de fruta roja viva, con texturas todavía firmes, y la madera que empieza a integrarse. De paladar franco, llena la boca con algo de frutas negras y especias, cierta calidez y potencia, bien equilibrada por la frescura. Es un Malbec completo con una atractiva madurez final. Según su hacedor (Sergio Casé) tiene un potencial de guarda de 30 años.
Puntos: 90

Pascual Toso Alta Malbec 2016
Pascual Toso, Barrancas, Maipú $1290

El enólogo Felipe Stahlschmidt está escribiendo su propia historia desde que llegó a la bodega. Acá presenta un Malbec de buen volumen, con la acidez sostenida y la fruta clásica. De paladar amable en su ataque, pero paso vibrante, con taninos firmes y finos. Carácter de fruta madura con la madera bien integrada. Franco y típico, de fresco final, con algo especiado y un agradable dejo licoroso.
Puntos: 90

Pulenta Single Vineyard Gualtallary Malbec 2014
Bodega Pulenta Estate, Gualtallary, Valle de Uco $1300

Hugo y Eduardo Pulenta presentan el más moderno de sus Single Vineyard (plantado en 2008). Un Malbec vibrante y con el carácter del lugar. De aromas expresivos y frescos, con notas de frutas de baya y hierbas. Un buen cuerpo y un paso consistente en el que se perciben sus texturas vivaces y delicados ahumados de la crianza (18 meses en barricas de roble francés).
Puntos: 92,5

Cadus Single Vineyard Viña Vida Malbec 2014
Cadus Wines, Los Chacayes, Valle de Uco $1780

Un Malbec que nace en un viñedo de autor (Oscar Marcovecchio) muy particular. De aromas delicados y equilibrados. Con buen volumen y frescura, llena la boca con algo de fruta roja y dejos herbales marcados. Hay balance con agarre, carácter con elegancia, y buen potencial. Su final es vibrante, sin perder equilibrio, con fuerza y consistencia. Solo falta que la madera se integre un poco más.
Puntos: 92

Terrazas de Andes Los Castaños Parcel Malbec 2013
Terrazas de los Andes, Paraje Altamira IG, Mendoza $2300

Auténtico Single Vineyard Malbec, de aromas expresivos y paladar compacto, pero con fluidez. Taninos muy delicados, con agarre. Es un vino que entra y sale todo como uno, de paso delicado, y con la frescura integrada. Su potencia bien equilibrada, y se nota que habla más el vino que la crianza. De final algo herbal y con gran potencial.
Puntos: 93

Catena Zapata Malbec Argentino 2015
Catena Zapata, Mendoza $3960

Alejandro Vigil elabora este vino hace una década con la intención de mostrar lo mejor del cepaje de bandera. Con uvas de dos tradicionales viñedos (La Consulta y Lunlunta) logra un Malbec completo y de excepción. De aromas expresivos y buen cuerpo, su paso sucroso y fresco resalta la fruta roja y las especias. Sus texturas vibrantes le aportan carácter, y su final comienza a ser complejo con toques herbales y de crianza. Este vino cuenta una historia por fuera (etiqueta), pero también por dentro, porque se lo siente moderno y clásico a la vez.
Puntos: 93,50

Fabricio Portelli es sommelier argentino y experto en vinos

Twitter: @FabriPortelli

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