
Hay un consenso y preocupación en la sociedad médica argentina, que va más allá del debate por el consumo en mayor o menor medida de la sal. Y apunta al preocupante aumento que se registra cada año de la hipertensión arterial (HTA) en la Argentina. A raíz de la problemática, son cada vez más las acciones para reducir el sodio en los alimentos procesados.
El sodio es un mineral que el cuerpo necesita en pequeñas cantidades para funcionar adecuadamente, interviene en funciones de los nervios y músculos, y ayuda a mantener en equilibrio los líquidos del cuerpo. Su consumo en exceso eleva la presión arterial, y en la Argentina causa el 62% de los accidentes cerebrovasculares y el 42% de las enfermedades coronarias, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Para luchar contra una de las enfermedades responsables del 40% de las muertes en Argentina, desde el 25 de septiembre del 2018 entró en vigencia la Resolución Conjunta 1/2018, que establece la reducción de sodio de 26 artículos del Código Alimentario Argentino (CAA) en productos tales como galletitas, bizcochos y similares, fiambres, embutidos, sopas y caldos.

Y es que el elevado consumo de sodio es el principal factor de riesgo para la hipertensión arterial, que se relaciona directamente con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, responsables del 40 por ciento de las muertes en la Argentina. La medida, que fue impulsada por la Secretaría de Gobierno de Salud de la Nación, dispone en rigor una segunda disminución del contenido de sodio de estos alimentos, que se da en el marco de un plan de descenso escalonado.
"La hipertensión arterial es el factor de riesgo más importante en la mortalidad cardiovascular en la Argentina, siendo el consumo de sal el principal determinante de la hipertensión arterial", contextualizó la directora nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades Crónicas No Transmisibles de la Secretaría de Gobierno de Salud, Verónica Schoj, y agregó: "Las políticas de disminución de sodio son altamente costo-efectivas para reducir la carga de enfermedad cardiovascular y disminuir los costos sanitarios".
La funcionaria consideró que esta nueva reducción de sodio es un gran paso, aunque advirtió que "no debemos perder de vista que los argentinos consumimos el doble de la sal recomendada, por lo que es fundamental para avanzar en esta meta que la población cocine con menos sal, no agregue sal a la comida y consuma cada vez menos alimentos procesados y más frutas, verduras y otros alimentos frescos".

La medida fue presentada por las autoridades de la Secretaría en la IV Reunión de la Comisión Nacional Asesora para la Reducción del Consumo de Sodio de la que forman parte distintos sectores gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, entidades científicas y académicas, organizaciones de consumidores y la industria de alimentos.
La Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) avaló la propuesta que surgió del trabajo de las mesas de reformulación de alimentos integradas por el Instituto Nacional de Alimentos (INAL), la Dirección Nacional de Bebidas y Alimentos de la Secretaría de Gobierno de Agroindustria, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), las cámaras y empresas productoras de alimentos. La norma fue avalada también por la Comisión Nacional Asesora para la Reducción del Consumo de Sodio. Las empresas tendrán un plazo de 18 meses para la adecuación a este nuevo cambio.

Esta modificación del Código Alimentario se realiza en el marco de la Ley 26.905 –sancionada en 2013– que, entre otras estrategias, establece la limitación del contenido de sodio en alimentos industrializados, la presencia de menús alternativos de comidas sin sal agregada, las limitaciones a la oferta espontánea de saleros y la disponibilidad de sal en sobres y de sal con bajo contenido de sodio en establecimientos gastronómicos.
Durante el encuentro, se presentó también una nueva propuesta que será elevada a la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) para limitar el contenido de sodio en otros grupos de alimentos como salsas a base de tomate y algunos tipos de aderezos como la salsa golf.
Por otro lado, se trabajó sobre el diseño de mensajes sanitarios a colocar en los envases de sal de mesa que adviertan sobre el riesgo del consumo excesivo de sal, tal como está establecido en la ley.

Además se compartió un modelo de protocolo metodológico para la apertura de nuevas mesas de reformulación de alimentos que se llevan a cabo con la industria, y que será utilizado no solo para la disminución del contenido de sodio en alimentos industrializados, sino también para la reducción de cualquier otro nutriente crítico como por ejemplo, el azúcar.
Las recomendaciones de la Organización Mundial de Salud para el consumo diario de sal es de 5 gramos diarios (2 gr de sodio). En la Argentina se estima que el promedio de su ingesta diaria es de 11,2 gr, que es el doble de lo recomendado por la OMS. El 70% de la sal consumida proviene de los alimentos procesados, por lo cual debe reducirse en su elaboración industrial.
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