María Carmen Prado, María Rosa -íntima amiga- y Teresa Aroche
María Carmen Prado, María Rosa -íntima amiga- y Teresa Aroche

Poco después de las dos de la mañana del domingo, la ex funcionaria María Julia Alsogaray murió acompañada de sus hijos en una habitación del Sanatorio Otamendi, luego de permanecer internada allí durante varios días.

La ingeniera e hija del histórico dirigente liberal Álvaro Alsogaray tenía 74 años y se encontraba en un muy delicado estado de salud desde hacía meses por un cáncer de páncreas. Había ingresado al sanatorio a raíz de un cuadro agudo y, luego de una serie de estudios, se determinó la existencia de una hemorragia digestiva.

El empresario Eduardo Eurnekian envió una corona de flores
El empresario Eduardo Eurnekian envió una corona de flores

Este lunes a partir de las nueve de la mañana, alrededor de 30 amigos y familiares comenzaron a acercarse a las Salas Velatorias Malabia en el barrio porteño de Palermo para despedirla en una ceremonia privada, de mucho hermetismo con el círculo íntimo. A las 12 del mediodía, la ex funcionaria fue enterrada junto a su padre en la bóveda familiar que se encuentra en el cementerio de la Recoleta. 

Álvaro Erize
Álvaro Erize

Uno de los primeros en llegar fue Álvaro Javier Erize, su hijo mayor, quien en un breve contacto con la prensa declaró: "Sabíamos que tenía una enfermedad, pero fue un poco más rápido de lo que creíamos. Mi hermano y yo vinimos de afuera por un tiempo y lo pasamos con ella así que estamos contentos de haber podido estar".

En las salas velatorias de Malabia al 1662, una de las primeras coronas en llegar fue del empresario Eduardo Eurnekian. Minutos después de las nueve de la mañana llegó Francisco Luis Erize, su hijo menor, visiblemente consternado, y prefirió no realizar ningún tipo de declaraciones. Además de amigos cercanos, asistió también al velorio su ex marido Francisco Erize con su actual esposa.

Francisco Erize y su actual esposa
Francisco Erize y su actual esposa

Por su parte, Álvaro, al ser consultado por los asistentes a la ceremonia, remarcó que no se preocupaban por quienes decidieran no asistir. "Vendrá la gente que la aprecie y algunos no podrán. Los funerales son para los vivos, no para los muertos, así que el quiera vendrá y el que no, todo bien".

A las 11:57 se trasladó el cortejo fúnebre hacia el cementerio de Recoleta, donde se reunieron alrededor de 100 personas para la ceremonia donde fueron inhumados los restos en la bóveda de la familia Alsogaray.

Crédito de las fotos: Adrián Escandar

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