Raúl Rizzo, el actor de convicciones fuertes y personajes malvados que esquivó la muerte

Con 72 años se contagió el virus en febrero. Tuvo un cuadro gravísimo y debieron intubarlo, pero poco a poco logró recuperarse. Apasionado, frontal, actorazo, repaso por la vida de un hombre que vive como piensa y piensa como vive

Raúl Rizzo
Raúl Rizzo

Raúl Rizzo se contagió de coronavirus en febrero y estuvo internado en el Instituto Médico de Alta Complejidad (IMAC). El actor de 72 años, dueño de una extensa trayectoria artística, tuvo un cuadro grave ya que debieron intubarlo en terapia intensiva. Poco a poco, logró recuperarse y recibió el alta médica cuatro meses después.

Conocido por sus creaciones pero también por sus convicciones, Rizzo puede caer bien o mal pero jamás indiferente. Su documento indica que nació el 18 de junio de 1948. Creció en Liniers en una casa donde vivía con sus padres, su hermano, sus tíos y un primo de su hermana. Reconoce su “sangre tana” en esa pasión exagerada que muchas veces lo caracteriza y grafica esta herencia con una anécdota. “De chico estaba paradito y escuché a un pariente relatar cómo había asesinado a su novia en Italia. Él se había venido, ella se había quedado pero cuando supo que tenía otro amor cruzó el océano y la mató. Yo lo escuchaba entre angustiado y fascinado”.

Fue en la infancia que descubrió que deseaba ser actor. Veía una película y sentía la necesidad de reproducir esos personajes, hombres y mujeres, niños y ancianos, buenos y malos. Se ponía sombreros, un saco y los imitaba. Sus preferidos eran James Dean y Marlon Brando. Esperaba el horario de la siesta cuando todos dormían para realizar su función. Ese niño no quería que lo miraran, el destino haría que con los años además de mirarlo, lo aplaudieran.

Con su abuela que apenas sabía leer hizo un trato tan simple como maravilloso: “Yo te leo las revistas pero vos contame historias de tu pueblito”. Cuando no actuaba, escuchaba o leía, su actividad era jugar al fútbol. Como 8 se las rebuscaba bastante bien y pasó por las inferiores de Excursionistas, Atlanta, Ferro y Deportivo Español. Una hepatitis lo alejó de las canchas pero no de su pasión. Es gallina y de los fanáticos.

A los 15 años frecuentaba un café en Lisandro de la Torre y Patrón. Entre billares y mesas ocupadas por intelectuales y obreros se quedaba “hasta altas horas de la madrugada, en conversaciones sobre arte, política y la expectativa de un mundo mejor”. Uno de los parroquianos le regaló El hombre mediocre de José Ingenieros y otro le dijo “yo sé que a vos te gusta el teatro”, y lo llevó a ver Israfel, la novela de Abelardo Castillo que narra la vida del escritor Edgar Allan Poe. El protagonista era Alfredo Alcón, dirigido por Inda Ledesma. Rizzo quedó tan impactado que lo convirtió en su referente. Lo esperó una hora para pedirle un autógrafo, el único que admite pidió en toda su vida.

A los 16 intentó entrar al Conservatorio de Arte Dramático pero como todavía estaba en el secundario no lo dejaron. Así que se anotó en las clases de actuación de la sociedad de fomento del barrio. Si Alcón fue su referente reconoce tres maestros: Alejandra Boero, Raúl Serrano y Agustín Alezzo. “De cada uno recibí mucho pero lo más importante que recibí fue una ética, una estética y una mirada del trabajo. Alezzo decía una frase que a mí me encantaba: ‘Un actor tiene diez buenas respuestas ante un personaje, elegí la once’. Estoy convencido que es en esa búsqueda donde está lo artístico”.

Rizzo Paola durante una marcha por Santiago Maldonado (Foto: Facebook)
Rizzo Paola durante una marcha por Santiago Maldonado (Foto: Facebook)

Su primer trabajo profesional fue en 1971 en un lugar que lo apasionaba: el teatro. Debutó con un papel muy pequeño en Madre Coraje de Bertolt Brecht ,dirigido por Alejandra Boero. No fue en un teatro comercial ni siquiera del under sino al aire libre y en la plaza de Las Heras y Coronel Díaz, en un ciclo de Teatro de Verano. Sus compañeros en el escenario eran Juan Leyrado, Adrián Ghío y Mario Pasik.

Mientras seguía realizando obras participó en algunas publicidades. Una de cigarrillos le entregó cierta popularidad por lo que empezó a buscar su oportunidad en televisión y consiguió algunos bolos. Su primer trabajo fue en la tira Dos a quererse con Claudio García Satur y Thelma Biral. En simultáneo, realizaba otros trabajos para poder subsistir. Anduvo en la industria gráfica, en carpintería, en cueros, animó fiestas infantiles y hasta vendió rifas del correo.

Su peor momento fue en los años ’77/78. El mismo lo cuenta: “Plena dictadura, años muy duros, cuando me rebotaban de todos lados y no sabía qué camino seguir”. En los ’80 comenzó a tener más regularidad como actor. Participó en el programa de Alberto Migré, Chau amor mío, con Soledad Silveyra y Arturo Puig. A partir de su trabajo, Migré lo convocó para unas comedias de verano. Pero fue gracias a su trabajo en la película Desde el abismo que empezó su permanencia más fuerte y definitiva.

Rizzo asegura que se siente más cómodo en televisión y teatro que en cine. En el escenario desplegó su arte en obras como El hombrecito, De pies y manos, En familia, Rayuela, Yo no soy Rappaport, Paradero desconocido, La tentación y Hasta aquí llego mi amor, entre otras. En televisión realizó personajes inolvidables en Los vínculos, Los miedos, Extraña dama, Kachorra, Primicias y Cosecharás tu siembra. Nunca lo convocaron como primer galán, pero como secundario no solo da cátedra, también transforma a sus personajes en principales o algo mejor, inolvidables. Una prueba es que todavía se recuerda su malvado intendente en Padre Coraje. El actor maba la ficción en la tele y criticaba sin tapujos los realities. “Son como una planta a la que le creció una rama degenerada. Hay que tirarlos al cesto de la basura”. Además de su trabajo como actor, también incursionó en la docencia.

En una entrevista con Tiempo Argentino contó las razones de esta opción: “Los chicos, si están formados en lugares nobles, hacen una buena carrera. En mi caso, además de la técnica trato de transmitir experiencia. Si ellos están formados, van a ir siempre al mejor abrevadero, lo importante es estar convencido del trabajo. Siempre hay riesgos, aun cuando te va bien en un determinado medio si no lo sabés manejar es peligroso y esto es una moneda con dos caras -afirmaba-. Hay un riesgo en la idea del éxito y que se confunde con el prestigio. El éxito a veces depende de circunstancias que no tienen nada que ver con el arte”.

Rizzo en su boda con Paola Tumino
Rizzo en su boda con Paola Tumino

Al amor nunca lo esquivó. Se casó con la coreógrafa Silvia Vladiminsky. Con ella armó Teatro Fantástico a principios de los 80, donde combinaban danza, teatro y mimo. Luego, tuvo una convivencia de 14 años con la actriz salvadoreña Isabel Quinteros, con la que fue papá de Laurencia, Anahí y Camila. Asegura que los hijos “son la parte más auténtica, la más entrañable. Son un cable a tierra de tanta estupidez que anda dando vueltas por el mundo”. Se enorgullecía que a las tres las había enviado a escuelas públicas, “un tipo de enseñanza que defiendo con todas mis convicciones”.

En 2019, a los 70 años volvió a dar el sí con Paola Tumino, de 43 y mamá de su hijo, Salvador. En ese momento contó que la propuesta de casamiento surgió de ella. “El casamiento era un sueño que tenía ella y entendí que era trascendente en su vida. Además, es una forma de demostrar el gran amor que nos tenemos”, reconoció. Es a ella quien agradece que su enfermedad no haya terminado de la peor manera. “Fue una leona pelando a mi lado, dándome ánimo, estando al pie de la cama cuando podía, me masajeaba los pies y su cara me daba tranquilidad”.

Su tránsito por la enfermedad fue durísimo. Entre los dos períodos de Covid y neumonía estuvo internado 50 días en el sanatorio y después, dos meses en el Centro de Recuperación Nuestra Señora de Luján en Flores sur. Perdió buena parte de la masa muscular. Sus piernas estaban tan débiles que no lo sostenían. Comenzó un trabajo de rehabilitación con equipos de kinesiología, kinesiología respiratoria, terapia ocupacional, psiquiatría, fisiatría y fonoaudiología. Desde el punto de vista de la oxigenación pulmonar está bien aunque le quedaron secuelas que se irán con el tiempo. Lo importante es que está bien y se siente bien. “Por suerte puedo volver a ver al Raúl que era, porque cuando llegué al IMAC pesaba 15 kilos menos. Tenía piernas de tero. Ahora, lo que quiero es recuperarme todo lo que pueda y hacer lo que yo hacía, tengo un proyecto de teatro que veremos cuando lo retomamos”, aseguró el artista en una entrevista en el programa Los Mañaneros que conducen Andrea Bisso y Diego Pérez por Radio Magna, AM 680.

Fuera de escena es tan aplaudido como criticado por su activa participación en la política. Estuvo al frente de la obra social del sindicato de actores y su nombre siempre aparece en las convocatorias vinculadas a organismos de Derechos Humanos. No esconde que sus grandes ídolos son el Che Guevara y Fidel Castro. “Como espectador, cuando veo algunos programas de política me da impotencia porque siento que ofenden la inteligencia, entonces cuando voy de invitado y respondo, hablo, y eso a veces incomoda. Antes que actor soy ciudadano”.

Asegura que “amaba dolorosamente este país. No nos enseñaron a amarlo de otro modo ni renuncié a ningunas de las cosas que sostenía. Sigo teniendo esa cuota de rebeldía que hace falta para actuar. Si no sos rebelde, dedicate a otra cosa”. Apasionado, visceral, admite: “Muchas veces me enojo con el mundo y no quiero, pero tampoco puedo evitarlo”.

Dicen que es más fácil rendirse que enojarse. Para Rizzo es exactamente al revés. Algunos le criticaran sus ideas pero nadie puede dudar de su pasión para defenderlas. No es poco.

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