Adriana Brodsky recordó a Alberto Olmedo: “Su muerte me arrancó el alma”

En Fantino a la tarde, la actriz habló de su trabajo con el capocómico y se refirió a su trágico final, ocurrido hace 33 años

Adriana Brodsky recordó su experiencia con Alberto Olmedo

Cada 5 de marzo, el recuerdo de Alberto Olmedo se hace aún más presente. Aquella fatídica mañana lluviosa de 1988, en la que cayó desde el piso 11 del Maral 39 al asfalto de la rambla marplatense se convirtió en leyenda. Olmedo murió en el pico de plenitud, con funciones a sala llena con Éramos tan pobres, una película recién estrenada dos días antes, Atracción peculiar, y un éxito arrollador en la tele, como No toca botón.

Uno de los sketches más populares del ciclo televisivo era el de “El Manosanta”, una suerte de falso médico de acento brasilero y dudosas propiedad curativas. La contrafigura femenina era Adriana Brodsky, que acudía a sus servicios, siempre bajo la tutela de su padre, interpretado por Javier Portales. La química entre El Maestro y La Bebota fue inmediata y tuvo su versión cinematográfica -El Manosanta está cargado (1987)- y su fórmula y algunos de sus latiguillos, son repetidos hasta el día de hoy. A 33 años de la muerte de Olmedo, la actriz pasó por el piso de Fantino a la tarde (América), y recordó su experiencia junto a uno de los cómicos más importantes del país.

“El Negro tuvo algo que no tuvo ninguno, que es la ternura. Tenía una fórmula que era la comicidad y la ternura, una mezcla explosiva, eso es lo que yo siempre percibí”; señaló la actriz. ”Había ternura en sus ojos, en su forma de cuidar a la gente. Porque si te perdías con la letra, el no te exponía adelante de la cámara”, agregó.

Adriana Brodsky y Alberto Olmedo en un sketch de "El Manosanta"
Adriana Brodsky y Alberto Olmedo en un sketch de "El Manosanta"

“¿Qué murió con él?”, preguntó el conductor Alejandro Fantino, trasladándole la consigna del programa. “La muerte de Olmedo me tiene sin respuestas todavía. Sé que me arrancó el alma”, reconoció la actriz, que lamentó el poco tiempo que pudo compartir con el actor, que se limitó al ámbito profesional: “Yo estaba casada y prefería irme a mi casa. Me perdí esas noches de champagne, de joda, de diversión”, admitió con amargura.

Por este motivo, a la hora de recordar alguna anécdota con el cómico rosarino, eligió una vinculada al set de grabación. “Me había peleado con mi marido de entonces y llegué al estudio con una tristeza que no quería mirar a nadie. Él estaba lejos, se acercó y me preguntó qué me pasaba. Yo le dije ‘nada’, pero mi cara decía todo”, explicó la ex Bebota.

De acuerdo con su relato, Olmedo la abrazó y la llenó de elogios para levantarle el ánimo. “Hasta que en un momento me miró y, con lágrimas en los ojos, me dijo: ‘en estos momentos me querría pegar un tiro’. Yo no sabía que decirle, nunca lo había visto así y me costó sacarme esa imagen de la cabeza”, reconoció la actriz. “Dicen que era triste, pero yo nunca lo había visto así”; agregó.

Adriana Brodksy cuenta cómo se enteró de la muerte de Olmedo

Adriana contó que ese fatídico verano de 1988, ella estaba haciendo temporada en Villa Carlos Paz y se enteró del fallecimiento de Olmedo por los medios. “Primero no lo podíamos creer, pensamos que era una joda. Nos costó darnos cuenta de que era cierto y fue tremendo. Fue una sombra que nos mató a todos”, sentenció.

Dicen que a los artistas hay que recordarlos en funciones, y Brodsky se deshizo en elogios para el capocómico: “Se paraba el país para ver al Negro. Era la pizza, el sillón, la familia frente a la tele, los chicos espiando”, evocó, y reveló que hace poco se topó con El Manosanta está cargado en la televisión y, después de mucho tiempo, se animó a verla. “Me di cuenta que me reía bastante, y también me agarró una angustia... Las dos cosas juntas, y creo que en definitiva atrapé la esencia de él. La comicidad y la ternura, era pícaro y era un bebé”, analizó.

La temática giró hacia un análisis del estilo humorístico de Olmedo, que hoy puede ser cuestionado por por machista o misógino. “Toda la vida el humor pasó por el capocómico, y siempre la mujer fue como un adorno, la belleza, las plumas. Era como que el hombre mandoneaba la escena y a veces dejaba a la mujer no muy bien parada. Eso era normal en esa época, se suponía que estaba bien, pero con el Negro no pasaba. Nunca te dejaba mal parada”, cerró.

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