Favio Posca: “Está un poco de moda la hipocresía que siempre detesté”

"Siempre fui muy frontal y con una palabra de fierro. No entiendo a la gente que te sonríe y piensa otra cosa", reflexiona el actor en esta charla con Teleshow en la que comparte cómo vive la cuarentena, habla de la crisis que atraviesa la industria e invita a su show por streaming

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La cuarentena de Fabio Posca


Tomé la cuarentena como una oportunidad para estar conmigo”, dice Favio Posca, que pasa los días de confinamiento en su casa con su mujer, María Luisa Callau, su hijo Rocco y su novia. “Fue un redescubrir la capacidad que uno tiene de la convivencia y el amor que nos tenemos como familia”, destaca el actor.

El padre fundador de la trasnoche en La Plaza vuelve a su clásico horario, pero a tono con la época, en versión online. “Soy pionero en fundar la trasnoche en un lugar mainstream. Existía en el Parakultural, pero en calle Corrientes fui el primero”, asegura Poca, cuyo regreso al escenario virtual del mítico complejo está previsto para 11 de julio, a las 23.59 horas. “Tengo el honor de estrenar con un material tremendo”, promete el artista, en esta entrevista con Teleshow.

—¿Cómo la estás pasando con la cuarentena? ¿Encontrás momentos de llevarla bien?

—Sí, bastante introspectivo. Estoy haciendo cosas que no hacía: yoga todos los días de una manera muy disciplinada. Si bien practico hace muchos años, hacía una o dos veces por semana. Ahora, es todos los días. También toco la guitarra, cosa que tampoco hacía.

—¿Con quiénes estás? ¿Tu hijo y su novia están con vos?

—Rocco y Belén están acá desde el 15 de marzo. Manuela (su otra hija) está con el novio en Copenhague. Estaba en Madrid haciendo una maestría para chicos autistas, es psicóloga; la arengué a que se vuelva. El novio le decía: “Venite”, y ella: “No, me tengo que quedar acá, a terminar”. Y le dije: “Manuela, andate, pero no el lunes, mañana”. Era viernes; el sábado cerraron todas las fronteras. Fue cuestión de minutos. Logró sacar el pasaje e irse. En Madrid sí me hubiera preocupado bastante, porque estaba sola y estuvo muy heavy todo. En Copenhague nunca tuvieron una cuarentena obligatoria, simplemente de motu propio, la gente se encerraba para cuidarse y cuidar al otro; ya abrieron los cines.

—¿Y nosotros? ¿Cuándo volveremos?

—Recién arranca el invierno, tenemos que ser pacientes y conscientes. Esto todavía no alcanzó el pico y se está poniendo cada vez más complicado en Buenos Aires. Si llegamos hasta acá quedándonos en casa y respetando al otro, es bueno no olvidarse para poder seguir un paso más. Es como estar cruzando un río: te queda un poquito menos de la mitad; tenés que seguir, si te volvés no da. Soy súper deportista y me gusta ir de acá para allá, pero acaté absolutamente el tema de la cuarentena porque siento que es la única manera.

—¿Te enoja la gente que no la respeta?

—No, es muy particular y muy propio. Cada uno tiene sus motivos. Respeto mucho la opinión del otro, así como me gusta que respeten la mía. No me enojo, pero digo: “Qué lástima que no se provoque esta cosa de…”. Salir todos a correr y no guardar distancia no está bueno. Tenemos que tener disciplina sin llegar a la paranoia. El miedo es más enemigo que la propia pandemia, es letal, pero sí conscientes de lo que está sucediendo. Por primera vez en la historia de la humanidad el ser humano coincidió en un punto y se puso de acuerdo. Esto es histórico. Por algo pasó.

—Van apareciendo formas de hacer arte, hoy inaugurás la trasnoche de La Plaza online. Está buenísimo que los artistas encuentren una forma de volver a acercarse a la gente en este momento.

—Es un buen camino no cerrarse y empecinarse en algo que por ahora no se puede, que es el vivo. Soy un fiel defensor de todo lo que tenga que ver con el artista en el escenario, es lo que más me gusta. Pero en este momento no se puede y es muy buena la idea de poder brindarle diversión a la gente. Aparte, es a beneficio de la Cruz Roja. Y La Plaza es mi casa. El espectáculo es un material muy bien editado de un show de 2014. Duraba dos horas y media, más o menos, y me encargué de llevarlo a 90 minutos. ¡Es exquisito!

—¿Cómo le recomendás a la gente que se prepare para verlo?

—Una siestita para llegar bien a las 12, un vinito y buena música porque en el teatro, siempre me gusta la previa. Una picada está genial, no comer mucho porque si no, estás muy lleno. Te vas a reír mucho, ¡te lo aseguro!

El amor en cuarentena


—¿El amor y la cuarentena cómo se llevan?

—Hermoso. Fue una prueba de amor esta convivencia con Luisa, y darnos cuenta que estamos súper enamorados, que estamos juntos porque queremos y no por ninguna inercia... Después de tantos años se puede caer en la trampa. Pero no: nosotros nos divertimos, nos reímos, cenamos, almorzamos, desayunamos.

—¿Cuántos años juntos?

—No sé si no llegamos a los 30 años... Eramos muy chicos, unos bebés en Mar del Plata. Nos casamos y nos vinimos para Buenos Aires. Yo tenía 19, 20. Una vida llena de emociones. Empezamos de cero. Ella es psicóloga, arrancó en el Borda y yo en el Teatro San Martín. Comíamos hamburguesas todos los días, si es que había (risas). De a poco fuimos comprándonos la tele, la heladera, la cama...

—De la cuarentena primero se esperaba un baby boom, después parecía que se venía una ola de divorcios. ¿Son una prueba para las parejas estas convivencias las 24 horas del día?

—Cuando hay amor, no hay que confundirlo con la resistencia a la convivencia. Es probable que haya más peleas que antes pero no creo que tenga que ver con no amarse, en la mayoría de los casos. Por ahí soy muy romántico, pero tal vez son las chispas que genera el poco espacio. Cuando todo esto pase las parejas que no están tan bien se van a volver a reencontrar porque se van a extrañar.

—¿Es un romántico Posca?

Durante muchos años tuve cierta resistencia a la ternura. Si bien soy un tipo enamorado, soy bastante reacio a la caricia y al afecto desmedido. Fue un cuidado propio. Me resguardo de tanto amor por las dudas que después no esté. El más reacio termina siendo el más tierno. En teatro también me pasaba. Siempre me negué a hacer personajes tiernos; tenía que ser sexo, droga y rock. Los últimos espectáculos abrí puertas que tenían más que ver con la emoción, con el amor, y me encontré con que la gente se emocionaba y me agradecía ese tipo de personajes. Tuvo que ver con cómo estoy yo, antes que artista, como persona. Fui cambiando y evolucionando. No sé si soy un romántico pero soy un tipo sensible.

—Si le pregunto a Luisa en qué momento sos insoportable, ¿qué me va a decir?

—Antes te hubiera dicho “15 horas de 24″ (risas). Era mucho más intenso. Estaba todo el tiempo: “¡Mirá esto!”, “¿Te parece esto?”, “¿Y esto?”, “¡Hagamos esto!”. Empecé a separar la pareja del trabajo. Ella siempre me lo demandaba. Estamos juntos porque aprendí a priorizar cosas y darle la importancia en el momento que tiene que tener. El día de hoy, un par de horitas al día (soy) insoportable, no más (risas).

—¿Qué te molesta de vos mismo? ¿Qué te enoja?

—La inseguridad en las cosas simples ¡me embola! Digo: “De estas tres remeras, ¿cuál me pongo?”. Y estoy... Y le pregunto a Luisa: “¡Ponete la que quieras!”. Detenerme en ese tipo de situaciones totalmente pasatistas.

—¿En qué sabés que sos el mejor?

En enfrentar las situaciones y ponerle el pecho a lo que venga. A salir bungee jumping a un escenario con sala llena y dar todo. Afrontar situaciones que no están buenas, nunca huyendo. El ser humano es ataque y fuga. Yo trato siempre de estar como los leones, intentando no retroceder mucho, estar atento y saber cuándo voy. Es una impronta muy mía. También me llevó a ser avasallador y tener que pagar ciertas facturas que tienen que ver con mi talento. Fui aprendiendo. Uno puede modular y surfear con la humanidad. Decir las cosas de otra manera, tratar de ser un poco más polite para que te quieran más. Siempre fui muy frontal y con una palabra de fierro, muy íntegro. No entiendo a la gente que te sonríe y piensa otra cosa. Está un poco de moda la hipocresía que siempre detesté.

—¿Reconocés la hipocresía? ¿Te das cuenta cuando lo están siendo con vos?

—No siempre, soy bastante ingenuo. Te vas curtiendo con la vida. En ese sentido, soy bastante confiado.

—Más allá de las posibilidades de reinventarse en este contexto, el ambiente artístico la está pasando muy mal. ¿Cómo se sale de esto?

—Está muy difícil para todos. Desde lo personal, había estrenado un espectáculo genial el año pasado, me estaba yendo bárbaro, y el 15 de marzo me cerraron. ¡A todo el mundo! Los teatros... Desde entonces estoy sin poder trabajar, como todos. Es un flash. ¿Quién hubiera pensado? Siempre te dicen: “Tenés que pensar en el aquí y ahora”, pero ahora nos tocó. El futuro no se puede planear. No sabés qué va a pasar, hasta cuándo va a durar esto, si vas a tener dinero... Es un bajón. Un consejo que le daría a mis compañeros, que sé que hay muchos que la están pasando muy mal y es algo que me propongo a mí mismo, es “no nos desesperemos”. Esto va a pasar y vamos a tener con creces una devolución del público. Va a estar todo muy bien. Esto no está en manos de nadie, es un enemigo invisible, es muy fantasmático todo.

—La carrera del actor, de por sí, viene acompañada de una incertidumbre, y los espectáculos fueron de los primeros en parar y van a ser de los últimos en volver, sin haber recibido aún ninguna ayuda.

Todavía estoy esperanzado con que se abra una ayuda para los artistas. Nos merecemos algún tipo de cable que nos dé una mano. No quiero dejarme ganar por la sensación de desasosiego, pero todavía no veo el horizonte. Cuando esté todo bien, muchos van a seguir teniendo miedo y no va a haber un gran poder adquisitivo. La gente va a priorizar comer antes que divertirse. Esto da para largo. Tampoco veo que la solución real sea el streaming porque la actuación tiene que ver con el vivo. A veces hago videos y me encanta generar diversión, compartir mi felicidad. Pero si hablamos de laburo real, el actor tiene que ir arriba del escenario. Así lo entiendo yo.

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