Por Susana Ceballos 

Programas de preguntas y respuestas a lo largo de la historia de la televisión argentina
Programas de preguntas y respuestas a lo largo de la historia de la televisión argentina

Parafraseando a Enrique Pinti, pasan los formatos, pasan los conductores, pasan los participantes quedan… los programas de preguntas y respuestas. Casi desde los inicios de la televisión estas propuestas siempre estuvieron en la grilla. Repasar su historia es repasar la historia reciente argentina y lo demuestra que en las diferentes emisiones se pagaron premios a los participantes en australes, en pesos convertibles y hasta en pesos devaluados. Actualmente, tres de los cinco canales de aire los ofrecen. ¿Quién quiere ser millonario? es el gran éxito de Telefe, pero el Trece contraataca con Otra noche familiar mientras que El Nueve resiste con Mejor de Noche. No es una moda ni un invento reciente ya que comenzaron hace más de medio siglo.

La televisión llevaba apenas cinco años en el país cuando Odol Pregunta se estrenó en Canal 7. En sus inicios lo condujo Carlos D'Agostino, y pasaron por sus filas figuras inolvidables como Nicolás "Pipo" Mancera, Silvio Soldán, Antonio Carrizo y Héctor Larrea. Sin embargo, el programa quedó asociado para siempre a la presencia, y sobre todo la voz, de Jorge "Cacho" Fontana, quien estuvo al frente de la emisión entre 1963 y 1973.

Todo un país contenía la respiración cuando Fontana anunciaba el "Minuto Odol en el aire" -con la l estirada como la cuerda de una guitarra- y aplaudía cuando remataba el "con seguridad" ante la respuesta. Las dos frases quedaron instaladas en la gente y para cada una de ellas, el locutor tenía una explicación. La "L" se impuso por su propia sonoridad: "No supe donde parar. Odol no era lindo solamente, era imparable. Realmente lo sentía así", contó en una entrevista.

Cacho Fontana en el famoso ciclo de preguntas y respuestas en donde nació el “Con seguridad” (APTRA)
Cacho Fontana en el famoso ciclo de preguntas y respuestas en donde nació el “Con seguridad” (APTRA)

El "Con seguridad", en cambio, lo tuvo que pelear con un productor poco convencido que argumentaba "Es largo, Cacho, hay que buscar otra cosa". "Deme un mes", pidió el locutor. "Si no va, la cambiamos". La muletilla sobrevive hasta el día de hoy, del productor nada se sabe.

La publicidad vendía al programa como "el único que premia su saber", y desafiaba a "expertos en física cuántica o el reino animal", como ejemplos de la amplitud de las temáticas a concursar. El mecanismo era en apariencia sencillo, aunque había toda una maquinaria detrás hasta llegar al instante de pregunta- respuesta. El participante solicitaba responder sobre un tema. Un equipo de producción seleccionaba las temáticas hasta que aceptaba la solicitud. Luego, y para reducir el margen de error causado por los nervios, había una serie de hasta cinco exámenes previos hasta la presentación televisada.

De acuerdo a un informe de APTRA, durante las 24 temporadas del programa, se abordaron 158 temas, tuvo 442 participantes y 66 ganadores. El más recordado, sin dudas fue Claudio María Domínguez, quien con solo 9 años se impuso contestando sobre Mitología Griega y Greco Romana. Con el tiempo Domínguez llegó a conducir el programa que lo había premiado.

Claudio María Domínguez y Cacho Fontana
Claudio María Domínguez y Cacho Fontana

Durante los 80, llegó el exitazo de Seis para triunfar con Héctor Larrea en la conducción. Hetitor mostró un perfil más descontracturado. En este sentido, su aporte al diccionario de la televisión fue el "plin plin plin" con el que suprimía alguna palabra que podía presumirse subida de tono. También el envío se destacó por la interacción entre conductor y sus secretarias. Como la Señorita Lee, que hablaba en coreano, provocando gags desopilantes o una tan bella como discreta Silvia Suller, otra de las secretarias del programa.

Larrea comandó el envío durante seis temporadas, primero en Canal 11, donde se estrenó en 1986, y desde el año siguiente en Canal 9. Seis para triunfar fue líder absoluto de audiencia y uno de los tanques que posibilitaron el reinado del canal bajo el mando de Alejandro Romay. También en el 9 Feliz domingo, timoneado por Silvio Soldán proponía jugar al saber. El ping pong de preguntas y respuestas como el repechaje ponían a prueba el conocimiento de alumnos y telespectadores y dejaron su sello. Quién no se presentó con "Nombre y colegio" o no pidió "la cinta Gonzalito" para zanjar alguna polémica.

Héctor Larrea en “Seis para triunfar”
Héctor Larrea en “Seis para triunfar”

En 1996 llegó a Canal 13 Tiempo de Siembra, continuador directo en estilo y formato de Odol Pregunta. Otra vez con un sponsor incorporado en el título -eran tiempos de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones-, el programa contaba con la conducción de Pancho Ibáñez. Los participantes debían acumular ocho monedas de plata y una de oro, lo que les daría el pasaporte a los 100 mil pesos, que en ese momento se convertían automáticamente a dólares. Un estilo de preguntas más abiertas permitían el lucimiento de los participantes, que no se limitaban a contestar lo que Ibañez solicitaba, sino que las respuestas adornaban o expandían los conocimientos iniciales. "Respuesta redonda" era lo que cada jugador esperaba escuchar del locutor, con una pausa justa entre palabra y palabra, y las erres marcadas a lo relator de fútbol.

(Video: Silvio Gaetti en "Tiempo de siembra": con Mickey / El Trece / Youtube)

Tiempo de siembra combinó el estilo formal de su conductor, con un aprovechamiento de la tecnología y el desenfado con el que se vivía en la época. Algunas participaciones quedaron en el recuerdo, como la de Silvio Gaetti que contestó sobre la vida de Walt Disney, y terminó su misión con éxito, condecorado por Ibañez y… el Ratón Mickey. Otro caso recordado fue el del productor y cinéfilo Axel Kuschevatzky, quien participó en la categoría cine de terror y ganó el premio que le permitió solventar la revista especializada "La cosa cine".

En la misma época y por el mismo canal, Locos por el fútbol fue la pata futbolera de estas propuestas. Con la conducción de Matías Martin, se emitía los domingos al mediodía, con móviles rotativos en las canchas. En los estudios, los participantes contestaban preguntas acumulativas sobre diferentes categorías. En una de ellas, los rostros de dos futbolistas se fusionaban para desconcertar al participante. El "Caripelas por 200", es otra frase que se popularizó.

A mediados de 2002 llegó Pulsaciones para poner a prueba los corazones argentinos. El tiempo, ese principal enemigo de los participantes, se medía según los latidos del corazón. Sin la figura de un conductor de cuerpo presente, las preguntas las realizaba la voz en off de Luis "Negro" Albornoz, histórico locutor de la televisión. Los participantes ingresaban al estudio como si fueran a someterse a una operación. Para relajar entre pregunta y pregunta, la producción ofrecía una canción a elección, las fotos de familiares y amigos, y una gaseosa para superar algún mal trago. El programa también tuvo su versión "mini", en el que jugaban chicos y adolescentes, y fue el primero en darle continuidad a la participación recurrente de algún "famoso".

(Video: Laura Esquivel en "Mini pulsaciones" / Volver / Youtube)

En los últimos años, los programas de entretenimientos se convirtieron en un as, o un comodín, para hacer frente a los tiempos complejos que vive la televisión. En El Trece, el primer paso lo dio Los ocho escalones, con Gerardo Sofovich como sabelotodo a vencer y la conducción de Guido Kaczka. El último superó las expectativas, trascendió al envío y se convirtió en una máquina de presentar concursos.

Con un estilo serio y ameno, conocedor del medio desde muy pequeño, Kaczka explotó su formación actoral y logró empatizar con los participantes en los diferentes envíos en los que se puso al frente, como La tribuna de Guido, Cinco
pasos y una ayuda y Otra noche familiar. En este último, los participantes pueden tener acceso a la totalidad de las preguntas antes de participar, con lo que la memoria pasa a ser tanto o más importante que el saber. Desde El Nueve, Leo Montero en Mejor de noche anima a los participantes a sacarle el mayor provecho posible a la ruleta del saber.

(Video: Una participante de "5 pasos y una ayuda" / El Trece)

El gran fenómeno actual es el regreso de Quién quiere ser millonario. El primero fue hace 18 años, conducido por Julián Weich y los participantes iban exclusivamente a jugar por un millón de pesos y a lo sumo decían de qué barrio eran, qué edad tenían, de qué trabajaban o con quién vivían. Pero en esta versión, el programa encontró un par de condimentos que lo hacen líder de audiencia.

Una es su conductor, Santiago Del Moro, que disfruta y se emociona en cada emisión y la otra, sus participantes con sus historias de vida, gente con ganas de triunfar pero porque necesita la plata para investigar, está sin trabajo, o para ayudar a su hijo. El conductor siente lo mismo que sentimos todos: queremos que el participante gane. Porque parece buena gente. Porque tuvo una vida sufrida. Porque necesita la plata para un fin noble. El perfil del participante sabelotodo no tiene lugar en ese estudio.

(Video: La emoción de los hijos de una participante de "¿Quién quiere ser millonario?" / Telefe)

Este giro respecto a su versión original provocó una mirada crítica de Weich: "Por un lado, está bueno que una persona que trabaja en el Conicet sea reconocido, pero me parece que todo es muy digitado. No está mal que quieras contar la historia, pero me parece muy alevoso, como que ya sabes la historia". Digitado o no, el programa logra imponerse en su horario.

Seguramente seguirán pasando los programas pero en cada casa siempre habrá un argentino frente al televisor jugando. Compite contra sí mismo, contra el televisor, en familia, con amigos. Generalmente, sabe o cree que sabe más que el participante de turno porque si en cada argentino habita un economista y un director técnico, también podríamos sumar la categoría de participante de concurso de preguntas y respuestas. Ese que siempre tiene "la posta", aunque todavía nadie lo sepa.

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