"Nunca voy a juzgar a un ladrón", advierte Diego Reinhold, y reconoce haber cometido actos ilícitos. "Me gusta hablar en términos no de lo que hago o dónde tengo fallas. A veces escuchás: '(Nicolás) del Caño está comprando dólares', o '(Pablo) Echarri está en Nueva York'. No se trata de si yo soy comunista y si compro dólares o no; se trata de ver cómo vas instalando maneras de pensar y cómo eso va generando conciencia", analiza el cómico, que volvió al complejo La Plaza con Comedy Show.

El nuevo espectáculo está compuesto de lo mejor de todas sus presentaciones en los últimos años: "Por supuesto, con mucha interacción con la pantalla", aclara Diego, que encontró en la tecnología una vuelta fundamental para diferenciar su propuesta artística, a tal punto que él mismo coordina el diseño y armado de toda la gráfica.

Diego Reinhold presenta su nuevo espectáculo en el Paseo la plaza.
Diego Reinhold presenta su nuevo espectáculo en el Paseo la plaza.

—¿Hay cábalas pre show?

—No, soy completamente relajado. De hecho, creo que para hacer humor hay que estar lo más desconcentrado posible. Si te preparás y empezás a concentrarte, se tortura un poco el instrumento.

—¿Cómo está el trabajo con el hogar?

—Bien, muy bien. Ya van tres años que estamos trabajando con los pibes en el trabajo de campo. Dos años antes estábamos armando el hogar. Ya cinco años de trabajo intenso. La asociación civil viene trabajando hace un montón; yo me uní hace seis años.

—¿Cómo se llama el hogar?

Mariposa. Y nuestra ONG se llama Conceptos Sencillos. Estamos en Caballito.

—¿Cuántos chicos hay?

—13.

—¿Edades?

—El más grande tiene 7 años, el más chico entró con dos semanas y ahora debe tener 2 meses. Entran muy chiquitos.

Diego Reinhold es uno de los colaboradores del hogar Mariposa en el barrio de Caballito
Diego Reinhold es uno de los colaboradores del hogar Mariposa en el barrio de Caballito

—¿Y son chicos que están en contacto con sus familias biológicas o ya lo perdieron?

—Depende el caso de cada uno. Depende cómo viene su causa.

—¿Están dentro del sistema de adopción?

—Están institucionalizados y algunos entran en la adoptabilidad y se empieza a buscar candidatos, que no los buscamos nosotros, los busca el juzgado. Y otros no, otros están en trabajo de revinculación con sus familias, o con quien se haya determinado que va a vincularse.

—¿Alguno ya se fue adoptado?

—Sí, un montón. Ya salieron como 30 chicos.

—¿Qué te pasa cuando se van con una familia?

—Es una alegría. Lo que pasa es que además no termina ahí. Los casos hay que seguirlos porque en a veces se van con familias donde uno se da cuenta de entrada que está todo bien, pero en otros casos se van con familias en situaciones que no son las mejores. Hay que seguirlos de cerca por problemas económicos que tengan o por otras instancias… Por ejemplo, tenemos el caso de unos chicos que se los llevó un familiar y el Estado le había prometido que le iban a dar tres asignaciones mínimas, porque se iban al Quilmes profundo, y eso no se pudo ejecutar, nunca se hizo efectivo. Esta mujer estaba con los chicos y a los 10 meses los devolvió porque no les podía dar de comer. Nunca le dieron lo que dijeron que le iban a dar. Y a veces vuelven los pibes, a veces en los períodos de vinculación los padres…

—No pueden.

—Los proto padres serían, se dan cuenta que no y vuelven. Hay situaciones que salen desfavorables. Nosotros también tenemos nuestra percepción de qué es lo mejor para ese chico, pero es lo que dice el juzgado y tenés que atenerte. Es un trabajo muy sutil.

—Hoy hay 13 chicos, ¿qué te pasa a vos con eso? Le pusiste mucho el cuerpo en estos últimos años a ese trabajo.

—Sí, yo creo que no lo largo más. Este mes es el primero que tenemos dificultades económicas serias. Ahora vamos a armar una función a beneficio, nosotros nos financiamos mucho con eso. Por suerte tengo muchos compañeros del gremio que cada vez que les digo: "Che, te animarías a regalarnos tu magia", vienen y llenamos el teatro. En general la gente ayuda mucho con eso. Eso nos permite tener un colchón para poder seguir adelante. Pero ese colchón se nos terminó; tenemos que generar un nuevo colchón, un almohadón o algo… Somos parte del conjunto de hogares que están vinculados con el Estado, entonces recibimos un aporte estatal, pero no alcanza. Claramente no alcanza. Y los aumentos no son acordes a lo que va aumentando todo.

—¿Sentís que hay un ejercicio de la paternidad ahí?

—No, hay un ejercicio de amor. No lo podría hacer porque además esa paternidad ya está como… No sé si la palabra define todo lo que significa ya. ¿Viste que la familia se está como transformando y las palabras se están transformando, los sentidos se están transformando? Yo entiendo que voy dando amor y voy haciendo lo que puedo con personas que lo necesitan en este caso. Y si en algún momento me tuviera que quedar con alguno por h o por b, lo pensaré.

—Justamente, más allá del convivir, uno a veces puede paternar o maternar con un sobrino, con el hijo de un amigo. Tal vez no es el ciento por ciento del tiempo, pero ese amor tiene que ver con querer lo mejor para ellos.

—Yo quiero lo mejor para ellos, entonces los saco de ahí. Para que no estén todo el tiempo en el hogar, los saco, los llevo al teatro, los llevo a pasear. A cuatro los pude llevar a ver el mar. Esto es una intimidad, pero me pasó que uno un día me dijo "papá". A mí me corrió una electricidad por todos lados, pero le tuve que decir que no era su papá. Sí soy alguien que lo está ayudando, claramente. Mi idea es poder sacarlos y que vean mundos y que puedan percibir mundos para que entiendan que hay muchas cosas que ellos pueden experimentar más allá de la realidad. Igual, uno lo piensa así porque tuvo otra vida, hay una mirada positiva respecto de esto porque están bien cuidados. Yo veo a los pibes en situación de calle y digo: "Bueno, los que están en casa, como le digo yo al hogar, están muy bien, tienen todo".

—Inclusive, a los que se puede, están ayudándolos a volver con sus familias.

—Es interesantísimo además ver el recorrido que hacen esos pibes porque entran al hogar y es una situación muy crítica para cualquier conciencia. Están totalmente alterados, distorsionados, y pasa el tiempo y van relajando. Porque claro, ahí nadie les hace daño, nadie les va a violentar nada. Ahí adentro, se van transformando. También ves cómo vuelven a crisparse cuando la situación judicial empieza a ir medio desfavorable . Ahora tenemos una situación con tres hermanos que en enero habían aparecido unos candidatos. Fueron con esos candidatos, con esos posibles padres, y los padres decidieron que no, entonces volvieron al hogar, cosa que es difícil para los pibes porque hay que explicarles que no…

—Es un nuevo rechazo.

—Claro, no funcionó. Y ahora me dijeron que queda una sola carpeta de unos padres que querían dos, no tres. Después de esa carpeta no hay nada más. No es tan fácil.

—Es terrible. La responsabilidad del Estado es para con los niños que tienen derecho a tener un hogar, no es para con los padres que no podemos tener hijos. Porque en general la demanda es con chicos menores a un año, y a veces hay chicos mayores, o hermanitos, o chicos con necesidades especiales que esperan muchísimo tiempo o nunca son adoptados.

—Hay que ver qué pasa por la cabeza de los padres también, y a veces hay que pensarlo en perspectiva. Imaginate si hubiesen pasado por arriba ese miedo y no hubiesen devuelto, ¿qué pasaría con el tiempo?

—Hablabas del temor de los chicos cuando llegan hasta que entienden que ahí no van a ser violentados. Vos sufriste situaciones de violencia en tu infancia, en la familia, en la escuela.

—En todos lados, sí.

—¿Te trae algo de eso de nuevo?

—Sí, absolutamente. Lo veo, lo reflejo y veo cómo sanarlo en mí y cómo eliminar eso en ellos. Debe tener que ver con eso. Trato de no profundizar mucho en eso, si no me volvería demasiado frío. Yo hago lo que tengo ganas.

—En la escuela, puntualmente, qué fue lo que pasaba.

—Son sutilezas, son cosas en las que para uno puede ser violento, y para otros no. Es respecto el grado de tolerancia de cada uno, cómo cada uno percibe las cosas. Hoy saliendo de Retiro hacia el subte pensaba: "Claro, yo juré a la Bandera", y a mí me parece violento.

—¿Jurar a la Bandera? ¿Por qué violento?

—¿Por qué tengo que jurar a algo? ¿Qué quiere decir?

—Lealtad, orgullo, patriotismo…

Out. Pasa por otras cosas, no por jurar. ¿Entendés lo que quiero decir? Pasa por un amor natural respecto del sentimiento de familia, de pertenencia. ¿Pero jurar? Se tiene que despertar, no lo tenés que imponer.

—¿Cómo te llevabas con el Himno en el colegio?

—En el momento me parecía divertido. Lo que pasa es que hay un mensaje subyacente que va calando y va programando a la gente. Esto pasa con los símbolos patrios, pasa con las religiones, pasa con todo lo que tiene que ver con una hegemonía de pensamiento que tenés que instalar en esa CPU virgen que te viene virgen, y vos tenés que instalarme programas. Con un sistema operativo que tiene que ser el que le pusiste a vos. Acá nos hemos olvidado que esas cosas tienen que aparecer por curiosidad, no imponerlas por una cuestión de funcionalidad.

“Juré la bandera y me parece violento” explica Diego Reinhold a solas con Teleshow.
“Juré la bandera y me parece violento” explica Diego Reinhold a solas con Teleshow.

—¿Vegano seguís?

—No, no.

—¿Abandonaste?

—Abandonamos, sí.

—¿Volviste a la carne?

—Un poco. No es fácil.

—¿No es fácil volver a la carne o no es fácil ser vegano?

—No es fácil nada. En el Reinhold de hoy, de 2019, sigo sosteniendo los valores más pacíficos; eso implican no hacerle ningún tipo de daño a nadie ni a nada. Lo que sí me doy cuenta es que el purismo no es bueno. Esto no quiere decir que esté bueno que yo rompa mis propias restricciones en post de un beneficio momentáneo, pero sí me doy cuenta de que está la grieta fuerte de lo que nos está pasando entre el purismo acérrimo…

—La cosa medio fanática.

—No, no, la idea de hacer las cosas bien. La idea de lo bueno, ¿no? Como si existiera alguien que fuese bueno y puro y va hacer las cosas bien. Y eso no existe. Nosotros estamos todo el tiempo con contradicciones internas y las tenemos que sobrellevar así, aceptando la contradicción, aceptando la oscuridad que tenemos adentro, la corrupción que tenemos adentro, y manejarla desde la incorporación, y no desde el rechazo y la negación. Me gusta hablar en términos no de lo que yo hago, en ese sentido soy medio hipócrita, no de lo que yo hago, de lo que yo puedo hacer o dónde tengo fallas. Viste que a veces vos escuchas: "Del Caño está comprando dólares", o "Echarri está en Nueva York". Para boludo, sí, tranca, no se trata de si yo soy comunista, si compro dólares o no. Se trata de ver cómo vas instalando maneras de pensar y cómo eso va generando conciencia en los demás. En lo personal, yo hago cómo puedo, lo que puedo. Más allá de lo que pienso, está bueno pensar y actuar en un sentido.

—Igual, sin cuestionar el lugar dónde veranea un actor, o qué celular usa, si pensamos en los políticos, no estaría mal un poco de coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.

—Pero un poco, no todo, porque si no se vuelve todo muy rígido de vuelta.

—Si vos me decís: "Robar está mal", y después te agarro robando, es un poco difícil de sostener…

¿Pero sabés que yo nunca voy a juzgar a un ladrón? Porque entiendo que una persona que llega a un punto límite en donde decide hacer un acto que se le puede volver sustancialmente en contra, algo que lo puede terminar perjudicando fuertemente, ahí hay algo que está distorsionándose; ya no es tan consciente de lo que está haciendo. Entonces, no lo juzgo. Que lo juzgue la Justicia, sí.

—¿Podrías tener un amigo ladrón?

—No lo sé, pero yo también he cometido actos ilegales.

—¿Qué fue lo peor que hiciste?

—He pasado una computadora ultra fina en la espalda, en la Aduana. Me la metí así en la espalda, iba caminando recto y pasé la computadora. Me sentí un aventurero. Es ilegal.

—¿Tuviste un poco de miedo en el momento?

—Claro que sí, claro que sí. Podría enumerar más, que no las voy a decir acá.

—Te lo pido por favor.

—No, no, no, no las voy a decir acá. Creo que todos hemos… Nosotros decimos: "¡Eh, tocaba los números de tal cosa!". Está bien, yo con mi contador a veces vemos cómo hacemos para dar vuelta las cosas, para ver qué hacer para… ¿Entendés? Eso lo hacen todas las empresas, todos. No digo que haya que hacerlo; lo que digo es que lo llevamos adentro.

—Hay una cosa de la idiosincrasia en el intentar coimear al policía, festejar el gol de Maradona con la mano. ¿Vas hacia ese lugar?

—Yo lo que digo es que no podemos ser puristas y no podemos pretender que Jesús baje y nos gobierne. Además hay algo instalado que es muy duro para mí, que creo que no nos conviene en absoluto: la idea de que el que las hizo, las pague. Primero, hay que ver cómo las hizo. Después, hay que buscar que todo el proceso de juzgamiento de esa persona termine para entonces decir "que las pague". Porque veo señoras que barren la vereda que dicen: "¡Que vaya preso!", y se vuelve una situación medieval. Como si fuera el caso que tal político va preso, vos te vas a sentir mejor. Pero la cosa va a estar peor. El país no va a estar mejor porque tal o cual vaya preso. Y mucho más si de política se trata.

—¿Te sentís en algo cercano al "robaban pero hacían"?

—No. Todas roban pero hacen. Podría decirlo de todos, y todos no lo hacen. No, no me prendo en eso, en absoluto. No lo puedo comprobar, además; son todos dimes y diretes. Y operaciones de prensa que se hacen no solamente en el sentido de la política, en muchos sentidos se hacen operaciones de prensa. Puedo hasta llegar a dudar de Michael Jackson con la película que hicieron. No juzgo. Miro, tomo los datos, trato de comparar. Lo que sí hago es ver lo que hay, ver lo que tengo en el bolsillo; ver cómo está mi familia, cómo están mis amigos. Eso es lo único comprobable. Todo lo otro son canales de televisión o conductores, periodistas hablando.

—Y cuando hay veredicto en una sentencia judicial, ¿la creés, o ni siquiera en ese caso?

—Son personas. Lo que tengo que hacer, sí, es acatar.

—Recién hablabas de Michael Jackson y el documental.

—Lo pongo como ejemplo; no lo vi.

—Quiero tomar ese caso, no para hablar puntualmente de Michael Jackson, pero sí a veces surge la discusión: ¿se puede separar al ídolo en su obra de sus comportamientos en la vida?

—Cómo no.

—Pienso en Michael Jackson, pienso en Woody Allen, pienso en Maradona, pienso en Carlos Monzón…

—Pero tenés que pensar en Van Gogh, tenés que pensar en Baudelaire, tenés que pensar en tantos, en todos. O sea, ¿qué me importa? Yo leo la obra, veo el cuadro, escucho su música. ¿De cuántas personas no sabés nada y vas al Museo del Prado y estás mirando? Qué sé yo, no me voy a meter.

—También está quien dice: "Yo no puedo ver las películas de este tipo que violaba menores".

—Yo soy súper pacifista, por ejemplo, y jamás diría que hay que matar a alguien. Jamás, jamás de los jamases; jamás diría que son ladrones de algo, que alguien es ladrón no saldría de mi boca. Estoy en el lado opuesto de Alfredo Casero, pero lo admiro profundamente y me encanta lo que hace.

—¿Te esperanzan los años de elecciones o no te interesa?

—No, me da igual. La lucha es de todos los días. No creo que me quede contento con que gane tal o cual, y ya está. El trabajo sigue. Va a haber cosas del que gane que seguramente no me van a gustar, y vamos a tratar de ir a mejorar eso. Lo que no voy a hacer es señalar con el dedo y decir: "Ese hizo tal cosa".

ENTREVISTA COMPLETA

 

Para colaborar con el hogar Mariposa se pueden realizar donaciones desde la página web de la ONG Conceptos Sencillos.