Traiko Pinuer, emblema de la cumbia villera: "Empecé a cantar cuando mi hija tuvo cáncer a los 7 años y perdí todo"

Traiko Pinuer, con Teleshow

Nació en Chile, en 1971. Su padre es de Temuco, en el sur del país trasandino, mientras que su mamá nació en Valparaíso, donde era delegada en la fábrica en la que trabajaba. El golpe militar contra Salvador Allende los obligó a cruzar la Cordillera con un Traiko Pinuer de apenas dos años. "A mi viejo le costó, le costó mucho… -recuerda hoy el cantante, a más de 45 años de aquel exilio forzoso-. Pero con mi mamá lo repiten todo el tiempo: le deben todo a este país. Lo aman, lo adoran, porque todo lo que han logrado, fue gracias a la Argentina".

Traiko también ha conseguido mucho, habiéndose convertido en uno de los emblemas de la cumbia villera.

—Tu primer disco con Meta Guacha se llama Lona, cartón y chapa…

—Sí. En ese momento, en el año 2000, el país estaba complicado, pasando por un momento social muy feo, y lo que más se veía eran las tomas de terrenos por la gente que no tenía dónde vivir. Como no tenían casa, se tomaban terrenos, los dividían, y ponían sus casitas con lonas y alguna chapa. Era lo que estaba pasando en ese momento, y quisimos reflejarlo en el título del disco.

—¿Te mirabas lo que pasaba, te sentabas a escribir y lo contabas?

—Sí. Yo vengo de un barrio muy humilde, muy pobre de Florencio Varela, donde sigo viviendo hoy en día. Y sigo conviviendo con mi gente. En ese momento las bandas de cumbia villera tenían letras un poquito más fuertes, hablando más de delincuencia, alcohol, drogas. Y nosotros aparecimos con "Soy de los que van a pedirle a la Virgen", o sea, reflejando que en los barrios humildes y pobres también hay gente que se levanta todos los días a las 4 de la mañana para ir a laburar, porque es lo único que les queda, y lo que no pierden es la fe, esa fe para seguir adelante.

—De hecho vos sos muy religioso: creés mucho en la Virgen.

—Tengo mucha fe en la Virgen de Luján, sí, por una situación brava que me pasó en mi vida con una de mis hijas.

—¿Qué le pasó?

—Cayó enferma de un día para el otro. La internaron. Terminé en el Hospital de Niños de La Plata (con un médico) diciéndome que a los 7 años tenía un cáncer en el riñón. Y en ese momento yo no era muy creyente en Dios.

¿Cómo lo llevaste?

—No te imaginás… Es algo totalmente raro. Empecé a caminar los pasillos del hospital y me encontré con una imagen de la Virgen de Luján, y le pedí que me la salvara, le pedí por favor que me la salvara… Y bueno, hoy en día tengo nietos… Yo tenía laburo, trabajaba en una estación de servicio. Pero con la enfermedad de mi hija perdí el laburo, perdí todo, y terminé cantando cumbia.

¿Qué hacías en la estación de servicio?

—Era encargado del lavadero de autos. A media cuadra de la estación de servicio había un estudio donde grababan cumbia y el productor, que después fue mi socio en el disco de Meta Guacha, me traía a mí a lavar su auto. Cuando pasa lo de mi hija, pierdo el trabajo. Y me invitan a grabar un primer disco que lo hago con una banda legendaria, clásica de la cumbia argentina, que se llama Los Dorados. Me pusieron camisa, pantalón y zapatos: mi mamá estaba chocha.

—¿Te echaron del trabajo o lo dejaste vos?

—No podía cumplir con el trabajo porque mi cabeza estaba en otro lado. Estaba totalmente ido, encerrado en lo que le pasaba a mi hija. Lo planteé como un acuerdo porque veíamos que íbamos a terminar mal. Me acuerdo la frase que me dijo mi jefe: "Yo me pongo en tu lugar, pero lamentablemente no me sirve". Y yo le dije: "No te podés poner en mi lugar porque no tenés hijos, hermano…".

"Negro cumbiero", de Meta guacha (Video: Youtube)

—¿No te desesperaste por no saber cómo hacer para llevar la comida a tu casa?

—No. No me importaba nada. Después de lo que le pasó a mi hija en ese momento, dije: "Hay que disfrutar un poco más la vida, me chupa un huevo el trabajo". Hasta que te pasa una cosa como esa y decís: "¿Para qué tanto?". Se te acaba el mundo en un segundo… Entonces, como que me empecé a tomar un poco más relajada la vida y me di la posibilidad de meterme en este mundo de la música. Yo creo que si no hubiera pasado eso, no hubiera terminado cantando porque nunca me daba la posibilidad: siempre el trabajo era lo primero.

—¿Está complicado tocar hoy?

—Y… como todo. Está todo complicado: no hay plata. Vos te das cuenta en lugares emblemáticos, de mucho trabajo, que la gente festejaba, por ejemplo en el Norte con los carnavales: ahora hay menos gente, y la gente tiene menos para festejar, hay menos alegría. Baja el trabajo, por supuesto. Si la gente no tiene plata, no va a para una entrada para verte, y eso nos perjudica. Es una cadena.

—Llegar hasta donde estás hoy, ¿fue un camino difícil?

—Por supuesto que sí. No es fácil esta vida, sobre todo, porque uno se encuentra con una rueda que te va llevando, llevando… Tuve mis caídas al borde de la ruta, he desbarrancado…

—¿Sí? ¿Qué pasó?

—De todo. Lo que es la noche, ¿no? Alcohol, sobre todo. Y gracias a Dios hoy estoy súper bien. Y se lo debo también a haber elegido bien con quiénes estoy rodeado. Y a la familia, por sobre todas las cosas. Después también pasa eso de los amigos del campeón, ese momento en que estás rodeado de personas que después, con el tiempo, te das cuenta de que no te sirven. ¿Sabés cuándo te das cuenta? Cuando la historia decae un poco. Ahí desaparecen todos, no hay nadie. Y ese es el peor momento: cuando caes un poco y desaparecen todos, nadie está al lado tuyo.

—¿Y te encontraste solo?

—Sí, muy solo.

—¿Cómo lo resolviste? ¿Qué hiciste?

—Me costó mucho. También tuve ayuda terapéutica, que me ayudó un montón. Y aferrarme mucho a mi familia; eso también. Que en ese momento, capaz que no lo valoraba.

—¿Y sentís que cambiaste mucho en el último tiempo?

—Sí, un montonazo, un montonazo…

—¿En qué?

—En todo, en todo. Tranquilidad: antes era un acelerado, hoy en día estoy mucho más tranquilo. Yo creo que le debo mucho a las plataformas de televisión (risas). Pero sí, me calmé mucho. Antes vivía a 2.000, para un lado y para el otro. Hoy en día prefiero estar más en mi casa antes que en cualquier otro lado.

— ¿Correr para llegar adónde?

—A todo: que los amigos, que pum, que pam, que asado, que notas… Era mucho más acelerado el ritmo de vida. Ahora hago las cosas que hay que hacer. Y sí, cumplo porque es parte de mi trabajo y tengo que hacerlo. Pero después, lo mejor que puedo hacer es estar en mi casa, tranquilo con mis hijos.

 

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