Por Susana Ceballos

Alberto Cortez, acompañado de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado de Veracruz, en 2009 (Foto: Colección Auditorio Nacional)
Alberto Cortez, acompañado de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado de Veracruz, en 2009 (Foto: Colección Auditorio Nacional)

José Alberto García Gallo, tal su nombre verdadero, nació en Rancul, un pueblo situado al norte de La Pampa. Vivió una niñez feliz, sin excesos ni lujos. Precoz, a los seis años una maestra le enseñó a tocar el piano y a los 12 compuso su ópera prima: "Un cigarrillo, la lluvia y tú". "Mi madre pensó que yo era Mozart", solía bromear.

Una ciudad más grande lo recibió para los estudios secundarios: San Rafael, en la provincia de Mendoza. "Allí pude soltarme", declaró alguna vez. Conoció la música de Los Chalchaleros, a quienes siempre definió como grandes inspiradores, y los fines de semana daba sus primeros pasos profesionales cantando con la Orquesta Arizona.

Cuando terminó la secundaria, como tantos jóvenes del Interior viajó a Buenos Aires para estudiar Derecho. La bohemia de la noche porteña lo atrapó mucho más que los códigos y las leyes. Con el nombre artístico de Alberto Cortez empezó a cantar en peñas y piringundines, y en un viaje a Santiago del Estero conoció al célebre armoniquista Hugo Díaz, que lo escuchó cantando folclore y le propuso acompañarlo a una aventura.

Yo voy soñando caminos. Como integrantes de la Argentine International Ballet and Show, Alberto y Hugo se embarcaron a Europa con destino final Amberes, Bélgica. Pero la agrupación se disolvió cuando el empresario que los contrató se fugó.

Alberto Cortez, el piano y su voz: no hacía falta mucho más… (Foto: @caferomantico)
Alberto Cortez, el piano y su voz: no hacía falta mucho más… (Foto: @caferomantico)

Cortez quedó perdido en Bélgica, sin dinero y sin conocer a nadie, hasta que apareció en su vida Renée Govaert, una hermosa belga que quería perfeccionar su español para estudiar a los poetas clásicos. O eso le hizo creer. Se casaron el 2 de junio de 1964, y al otro día se fueron a vivir a Madrid. Estuvieron juntos hasta el final de sus días. "Ella está en todas mis canciones, es la musa que me llevó a vivir todo esto", reconoció el cantor.

Instalados en España un productor que lo escuchó cantar le ofreció grabar un disco de canciones hispanoamericanas, entre las que se incluía "Sucu-Sucu". Estas canciones más livianas, sumadas a boleros como "Las palmeras", tuvieron un éxito casi inmediato. Pero Cortez quería hacer otra cosa, alejarse de a poco de la frivolidad

Corría 1967 y se preparaba para dar su primer recital unipersonal en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Allí interpretó un repertorio basado en Atahualpa Yupanqui y Jaime Dávalos, y musicalizó poemas de Pablo Neruda. La crítica celebró esta transformación y el artista redobló su apuesta.

En España y México se convirtió en un cantante popular, pero le costó ser profeta en su tierra: (Foto: @EsMemorable)
En España y México se convirtió en un cantante popular, pero le costó ser profeta en su tierra: (Foto: @EsMemorable)

Un día escuchó a un ministro español comentar que eran una vergüenza las canciones tontas que se hacían. "Fue una patada que le devolvimos. Busqué los textos de Lope de Vega, Quevedo, Góngora…". De repente, los poetas del Siglo de Oro cobraron una renovada vigencia y entraron en su repertorio, mientras volvió a interpretar a Yupanqui. Quizá por esto le gustaba definirse como un Quijote musical. Y se explicaba: "No renuncio a mis principios en la forma de hacer música, esté o no de moda, se venda más o menos".

Canción con todos. En casi 60 años de carrera profesional, Cortez dejó un legado de más de 40 discos y unas cuantas canciones inolvidables. "En un rincón del alma""Callejero", "Mi árbol y yo""Te llegará una rosa" y "Castillos en el aire" son algunas de las más conocidas.

Pero sin duda la más famosa y emblemática es "Cuando un amigo se va". Sin embargo, no está dedicada a un amigo sino a su padre. La canción nació en medio del dolor más profundo. Se encontraba en Bélgica cuando supo que su padre y gran amigo estaba muy enfermo. Días después, a unos minutos de iniciar un concierto en Madrid, se enteró que su padre moría en la Argentina.

"Aquella noche no sé si canté, lloré, grité o escupí. Lo que sí sé es que al terminar la actuación, salí a caminar por Madrid, que estaba en una noche límpida pero que a mí me pareció que estaba llena de bruma porque lo único que tenía eran lágrimas. Y cuando regresé al hotel escribí los versos de 'Cuando un amigo se va'. Después ya me senté al piano y terminé escribiendo la canción".

Alberto Cortez interpretando "Cuando un amigo se va"

Grabó con casi todos los grandes de su tiempo, como Joan Manuel Serrat (a quien inspiró, como ha contado el catalán), Mercedes Sosa, Raphael y Pablo Milanés, pero su preferida fue Estela Raval. "Qué dolor tan grande el día que se fue, porque para mí siempre fue la mejor intérprete de mis canciones. Hacía auténticas creaciones con mis tonterías", aseguraba.

Su último registro discográfico con material original fue Tener en cuenta, de 2011, donde incluyó una versión de "Mi árbol y yo", junto a Ricardo Arjona. Una canción que el guatemalteco cantaba de niño a pedido de su padre y que Alberto le dio el gusto de registrar. Porque si algo caracterizó a la trayectoria de Cortez fue la versatilidad musical con la que permitió vestir sus canciones. A lo largo de los años sus espectáculos variaron desde acústicos a sinfónicos, y supo hacer dialogar su talento con el de sus pares.

Acaso el dúo más recordado sea el que entabló junto a Facundo Cabral en 1994, en el espectáculo titulado Lo Cortez no quita lo Cabral, con el que recorrieron España y Latinoamérica durante cuatro años, y que repitieron en el disco Cortezías y Cabralidades.

En el año 2007 Cortez recibió un Premio Grammy y otra vez, como un quijote, se mostró escéptico con un reconocimiento que sueñan casi todos los músicos. "Hay que pensar que el Grammy es un producto del marketing y yo nunca he estado en el mercadeo", afirmó, si bien reconoció que se trataba de "un reconocimiento a la excelencia musical y no a la trayectoria". ¿Por qué? "Las trayectorias comienzan y terminan, pero la excelencia está ahí", advirtió.

Como un quijote: así quería Alberto Cortez que lo reconocieran (Foto: AP)
Como un quijote: así quería Alberto Cortez que lo reconocieran (Foto: AP)

Aquella novia primera. Desde que partió rumbo a Europa a comienzos de los 60 estableció una relación con idas y vueltas con la tierra que lo vio nacer. Mientras se convertía en una figura en España y en otros países latinoamericanos, sobre todo en México, le costó entrar en el mercado argentino. Luego de una mala experiencia en 1971 en el Luna Park, se marchó con la idea de no volver a actuar más en el país.

La reconciliación llegó en 1978 con la participación en el festival de Cosquín, y a partir de entonces retomó el contacto con el público argentino. En 1992 actuó en el Teatro Colón, que por primera vez prestó su acústica y su elegancia a un cantante popular, y casi medio siglo después de su partida, en 2007 fue nombrado como Personalidad Destacada de la Cultura.

Cuando un artista se va. En 1996, durante la temporada de verano en Mar del Plata, Alberto sufrió un ataque cerebral y fue operado de una obstrucción en la carótida. Se recuperó en una sala especialmente acondicionada en la Quinta Presidencial de Olivos y siempre guardó un gran recuerdo del entonces presidente Carlos Menem, pero nunca quiso mezclar la música con la política.

También reconoció tener una muy buena relación con el ex mandatario ecuatoriano Rafael Correa, con quien había compartido una divertida anécdota. "Además de ser un estadista de primera línea, Correa es un travieso en el sentido más lindo de la palabra. Se sabe todas mis canciones, de pe a pa, mejor que yo. Yo estaba cantando, él sentado en primera fila, empecé a decir unos versos, y de repente se me cruzó el diablo… Me olvidé, y desde ahí él me soplaba. Una cosa increíble. Al terminar el show -que fue un éxito muy grande y muy bonito-, Correa cogió el micrófono y se puso a cantar". Pese a su simpatía por el ex presidente ecuatoriano, destacaba: "Nunca he permitido que mi escenario se utilizase como una tribuna. La política es una cosa y el arte, otra".

Luego del accidente no tardó en regresar a los escenarios, pero nunca pudo recuperarse del todo. Ya no pudo acompañarse con su guitarra y a menudo aparecía en público con su bastón. Hasta este jueves 4 de abril, cuando su corazón dejó de latir a los 79 años, en aquella Madrid que tantas veces lo había cobijado, al igual que los escenarios que nunca abandonó, porque allí "era tan feliz como en ningún otro lugar".

Seguramente allá arriba le prepararon uno, con Facundo Cabral de un lado y Estela Raval del otro.

¡Hasta siempre, Alberto! Gracias por la música… (EFE)
¡Hasta siempre, Alberto! Gracias por la música… (EFE)

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