De familia humilde y con muchas ganas de triunfar, Nicolás Magaldi (31) se mudó desde el norte del país con el fin de llegar a Buenos Aires y poder concretar muchos de sus sueños. Uno de ellos: llegar a la televisión.
Cálido, simpático y muy positivo: así es el oriundo de San Juan. Y que tiene un lema de vida: "Seguí siempre adelante, no te detengas y apostá a vos". Con esa fórmula, hoy es uno de los conductores más consagrados de la televisión argentina.
Ex presentador de C5N e Ideas del Sur, conduce de lunes a viernes El show del problema, el programa más visto de El Nueve que llegó a tener picos de 5.9 puntos de rating, después del mediodía. Y con Todos Arriba también lidera la primera mañana de Los 40 principales.
—¿En qué momento de tu vida profesional te encontrás?
—Uno siempre está aprendiendo. Vos, yo, todos estamos aprendiendo. Y uno siempre se está equivocando, y es fantástico porque esos errores son aprendizajes. Y yo me he equivocado un montón de veces, eh. Pero sigo teniendo la convicción de que todas las decisiones que las tomo con la voluntad de que sean un acierto. Si después es un error, sé que se puede remediar, que se puede corregir, que se puede seguir para adelante. Salvo que la equivocación te haga perder la vida, todo el resto tiene solución. Y en lo laboral, no hay un punto más abajo que lo más abajo que puedas encontrar.
—¿Ese lema te hizo avanzar en tu vida?
—Sí, siempre. Cuando tuve que renunciar a un lugar, me fui con el mayor orgullo. Emprendí, hice mi propia empresa, mi productora. Cuando tuve que quedarme en un lugar, estoy pensando en C5N, Ideas del Sur, o ahora en Kuarzo, siempre lo hice convencido de que lo que hacía iba a estar bien. Y obviamente viste que uno tiene la expectativa, y está la realidad. Uno puede tener esa expectativa de que te puede ir muy bien y la realidad te dice que no, en cuanto a números, y vos podés estar contento. Y otra cosa es cuando vos tenés expectativas y la realidad acompaña. Bueno, hoy tengo ese balance, de querer que me vaya bien y sentir que me está yendo muy bien. Y eso es muy gratificante, es muy bueno.
—¿Cuánto te preparaste hoy para estar al frente de todo lo que estás haciendo?
—Nací para hacer lo que estoy haciendo. Siempre fui como un pequeño actor en mi casa, o el que llamaba la atención. Somos cuatro hijo varones, pero mi familia es como mucho más tradicional: hay un hermano escribano, un hermano médico y un hermanito ingeniero. Yo salí periodista, locutor, como el más loco, el más distinto. Y eso me parece que es lo más lindo, siempre tratar… Siempre fui el más desencajado de la familia, en ese sentido. Me preparé mucho: estudié Comunicación, estudié Locución. Después me especialicé en nuevas tecnologías, que es algo que me apasiona y sigo haciendo.
—¿Todo eso Buenos Aires?
—Nací en San Juan e hice toda la primaria ahí; me fui a Bariloche e hice la secundaria allá. Y después me fui a estudiar a Córdoba. Yo quería estudiar en un lugar tranquilo antes de la locura de Buenos Aires porque sabía que iba a terminar laburando acá. Quería ser actor pero no fui actor, y encontré en la locución mucho de la actuación. O sea, me encanta interpretar con el cuerpo y con la voz cosas que esa formación te ayuda un montón a hacer. Y del periodismo amaba la historia y amaba la formación que me dio esa carrera. Y cuando entré dejé de ser el atorrante de la secundaria que se llevaba materias porque se aburría, al que le iba bien en música y nada más. El colegio me aburría mucho.
—¿Como fue tu llegada a Buenos Aires? ¿Empezaste a dejar currículum?
—No, no… Fue muy loco. Estaba en Córdoba haciendo la tesis de la licenciatura en Comunicación y mientras, mandaba currículums a Buenos Aires. Mandaba dos: uno que era como muy tradicional, y otro que era en una sola hoja con más diseño gráfico. Yo no tenía un mango, era un estudiante y me ganaba la vida con lo poquito que me daban mis viejos, que me pagaban la facu y el alquiler, y yo hacía, por ejemplo, videos de fiestas de 15: le metía un doblaje de dibujitos animados, de la Era de hielo, de Brad Pitt, de quien sea, una entrevista, y en vez de cobrar 200 cobraba 400 pesos, y con eso iba con el día a día.
—Claro.
—Siempre me las rebusqué. Les mandaba los dos currículum a periodistas por Linkedin, siempre estaba conectado en las redes sociales. Y un día me llama el marido de mi prima y me dice: "Nico, mirá que en C5N están buscando a alguien para formalizar las redes sociales". Y me llamaron. Yo había puesto el domicilio en Buenos Aires, el de una tía que vivía acá…
—Pero estabas en Córdoba.
—"Si llama alguien, díganle que estoy de vacaciones en Córdoba". Porque si veían que vivía en Córdoba, iban a pensar que no vendría ni a palos. Y cuando me llamó Celeste Paulos, de C5N, tuve una emoción indescriptible. Viajé al otro día. No tenía traje, no tenía nada para ir a la entrevista, pero sentía que lo podía hacer. Había trabajado una empresa de colectivos, en la venta online de pasajes, y en ese momento hacía las redes sociales; sin saberlo, me había dado mucha cancha en el marketing digital. Llegué acá, mostré el trabajo que había hecho, el crecimiento de seguidores, todo, y quedé en C5N para ser "el pibe Twitter". La gente pasaba y me decía: "¡Che Twitter!", no sabían mi nombre. No sabés la bronca que me daba, porque yo estaba acá, y al lado estaba el estudio de tele, y yo decía que me había formado para ser conductor.
—"Quiero estar ahí".
—Sí, quiero estar ahí. Pero amaba lo que hacía, eh. Poco a poco pasó el tiempo, me transformé en el jefe del área de redes sociales. Y un día pasó un productor y dice que hacía falta alguien que haga tecnología. "Háganme una prueba de cámara", dije. Conté tres noticias de tecnología y un gerente de noticias dice: "Bueno basta pibe, basta, ya está". Dije: "Huy, me fue mal, y bueno… sigo haciendo Twitter". Me llama un productor: "¿Vamos a fumar un pucho afuera?". "Pero yo no fumo", le digo, re ingenuo. Fuimos: "Mirá, les gustó mucho". Al otro día empecé a hacer tecnología en el canal. Viajé por todo el mundo, fui a las ferias de tecnología más importantes del mundo. Fue muy lindo. Y esto es una anécdota personal, perdón, pero un día me llama Daniel Hadad a su oficina. Yo, con todo el miedo: estaba al aire en su canal, y no sabía que él me conocía. Y me dice: "Nicolás, ¿sabés cuáles son tus límites?". "No…", yo no podía ni hablar. "Tu límite es el cielo: no tenés límites. A partir del lunes vas a empezar a conducir el noticiero a la medianoche". "¡¿Qué?!". "No le digas a nadie, andate por hoy", me dice. E canal fue una gran escuela para mí.
—De hacer las redes sociales de una empresa de colectivos, a conducir un noticiero…
—Ahora que me estás haciendo repasarlo, parece que fue ayer. Yo te puedo decir qué olores había ese día, si llovía, no llovía. Me acuerdo de todo. Y todo el tiempo me acuerdo de todo. Me hace re bien acordarme de todo. Y pienso que los límites se los pone uno. Vos llegás hasta dónde querés llegar. Es muy probable que cuando vos quieras hacer algo, haya mucha gente que trabaje para impedirte cosas. Pero si tu idea o tu cabeza está pensada para poder llegar a hacer algo… Y yo sé que estoy programado para llegar a hacer algo que solamente sé yo. No sé ponértelo en palabras, pero sé que es muy grande.
—¿Encontraste muchas personas que te dijeron que no podías?
—Sí: "No podés", "No lo hagas", o "Mirá qué". "No, estás abarcando mucho, tu personalidad abarca muchas cosas". A mucha gente le molestaba. Conocí la envidia. Conocí que la gente no te salude hasta que después te nombra un conocido conductor, y te dicen: "¿Cómo te va, Nico?". Y vos decís: "Pero si hasta ayer yo pasaba…". No lo entendía. Estoy acostumbrado a una familia donde decís "Sí, gracias", "No, gracias", "Por favor". Y no entendía que pasara gente al lado mío y no me saludara, , y de repente me mencionaba alguien muy importante… "¡Nico!". Bueno, también es muy importante saber quién es quién en este mundillo.
— ¿Como te definís?
—Soy re intenso. Cuando renuncié a Ideas del Sur, muchos no lo creían, y decían: "Te echaron", o "Te llevabas mal con Marcelo (Tinelli)". Todo lo contrario. Me fui y me crucé con un libro que lo recomiendo siempre: se llama En cambio, que es del neurocientífico Estanislao Bachrach. Y ese libro fue un disparador de algo que yo tenía adentro que decía: "Vos podés hacer todo lo que querés hacer siempre y cuando lo quieras hacer". Y ahí armé mi propia productora. De hecho pusimos un programa acá, en Infobae, que se llamó Así lo digo; fue el primer programa en 360 que se hizo en la Argentina. Yo, con muy poco conocimiento de eso, pude hacerlo. Entonces, digo, me propuse hacer algo y lo hice, y terminó en un producto de una extrema calidad que en su momento fue vanguardia, y fue distinto. Y siempre me asocié a las nuevas tecnologías, siempre estoy leyendo y consumiendo cosas para ver cómo cambiar el medio.
—¿Te afectan las críticas?
—Hay gente que trabaja para trabarte las cosas. Es parte del juego. En la vida, eh. Te debe pasar que hay una tía que no te bancás, que siempre te dice que lo que estás haciendo no le gusta. Y yo sé que vos no laburás para agradarle a tu tía, pero cuando vos estés en un lugar, que a tu tía le siente cómodo, va a ser la primera en felicitarte. Te lo puedo asegurar. Entonces vos no podés estar laburando para conformar, vos tenés que laburar creyendo que lo que estás haciendo lo podés transformar, pero con buena intención. No me olvido más: un rector, el dueño de la universidad donde estudié en Córdoba, decía: "A partir de ahora cada vez que escuchen una ambulancia pregúntense si atrás de eso hay una noticia". Y cada vez que escucho una sirena… Hay que estar muy atento a las cosas.
—¿De qué te sentís orgulloso?
—Me gusta mucho dar charlas en las universidades. Hace poquito arranqué una charla que decía "Twitter me cambió la vida". Y con ese título, la gente decía: "¡Qué pedazo de nerd!". ¿Sabés qué significaba eso? Que estar en el momento justo conectado en una herramienta me permitió entrar a C5N y eso empezó a cambiar mi vida, porque yo quise que mi vida cambiara. Podría haberme quedado en Córdoba con las ofertas que tenía, laburar de mozo o en una inmobiliaria soñando cómo hubiese sido, y no haciéndolo. A veces hay que tener sacrificios. En ese momento yo estaba de novio, no tenía un mango, era todo ilusión, mi primo acá me prestó un traje, unos zapatos. No me olvido más: el día de la entrevista, llovía. Y ahí empecé a cambiar mi destino.
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