Siempre tuvo bien claro hacia dónde quería ir y a dónde no pensaba volver jamás. Acaso por eso, y por la fuerte personalidad que lo caracteriza, Gonzalo Costa supo sobreponerse a todo para llegar a disfrutar de este presente que lo tiene como parte del equipo de El Club del Moro, el ciclo radial que lidera Santiago Del Moro por la FM 100, y luciéndose en las tablas con Yo no hablo así, el espectáculo que, hasta la primera semana de marzo, protagoniza los jueves a las 21 hs y los sábados a las 23.30 sobre el escenario del Maipo Cabaret. "Es un espectáculo unipersonal, lo escribí yo, habla de mí y lo represento yo misma, así que nada puede salir mal", contó entre risas sobre el show, que la semana que pasó entró en el top ten de las diez obras más vistas de la cartelera porteña.

Sin embargo, el más reciente de los desafíos por los que tuvo que atravesar la transformista es el by pass gástrico al que se sometió para ganarle la batalla a la obesidad, una enfermedad con la que tiene que lidiar desde que era un niño de apenas 5 años.

"Yo siempre negué la operación, siempre dije que la gente que se quería operar era porque buscaba el camino más fácil. Pero un día me di cuenta que yo ya había hecho todo lo humanamente posible y no lograba sostener en el tiempo una bajada de peso", arrancó la artista, a quien su paso por Cuestión de Peso también la ayudó a terminar de convencerse de que tenía que pasar por el quirófano.

"La operación también tiene que ver con que artísticamente yo ya no necesito el cuerpo que tenía antes. Mejor dicho, a mí la radio me sirvió para ver que yo estoy mucho más allá del cuerpo, entonces puedo tener el cuerpo que yo quiera tener. Porque muchas veces el fantasma que tenía era pensar ´ay, si bajo de peso quién me va a ver´, porque hay gente que se reía de que yo era gorda, no se reía conmigo. No porque yo lo sintiera, pero mucha gente sí me lo decía", aseveró Costa, quien hoy luce con 32 kilos menos.

"Desde que empecé el tratamiento en el OCMI, con el doctor Brasesco, hasta el miércoles pasado, son 32 kilos que bajé. Y desde que me operé, que fue el 1ro de diciembre, al 2 de enero, son 17 kilos. Entonces, es realmente muchísimo", resaltó al respecto.

"Ahora todo el mundo me pregunta ¿tenés hambre, tenés hambre? y yo digo pará, ¿hace dos meses me decían no comas y ahora se preocupan por si tengo hambre? La gente es así", agregó quien descubrió su vocación artística cuando, con 18 años, llegó a Buenos Aires desde su Córdoba natal.

"Yo iba a un pub a ver los shows. La primera vez que entré al boliche fue porque un amigo mío me hizo entrar, porque yo no tenía plata, entonces yo veía los shows hasta que un día vino el dueño y dijo ´éste viene siempre y no paga´. Entonces mi amigo me dijo vamos a hacer así, como los shows tenían un intervalo, vos venís, me ayudás, me asistís en el camarín y después mirás el show desde el costado, desde el telón. Entonces, yo ahí vi todo y aprendí la profesión", explicó.

"Un día estaba asistiendo a un grupo y ellos son los que me proponen hacer un personaje, muy chiquito, que duraba 30 segundos. Yo dije que no, pero como me dijeron que iba a hacer de Graciela Alfano, entonces acepté. Entonces, en el primer show hice una cosa, en el segundo otra, hasta que empecé a laburar, pero yo no hablaba en los shows, mis personajes eran mudos", recordó, para luego narrar cómo fue su primera experiencia hablando arriba de un escenario.

"Me fui a Mar del Plata, no sabía ni qué guita iba a ganar, no sabía nada, y una noche en una disco, yo hacía un sketch con un compañero mío, él se iba a cambiar para seguir el show y nunca volvió, y yo estuve 40 minutos hablando hasta las 4 de la mañana de la Biblia en un boliche gay en Mar del Plata en enero. Ese día me salvé de la muerte, si no me mataron ahí…Ahí empecé a hablar, y de ahí no me callé nunca más", narró con su humor característico.

Sin embargo, antes de abrazar el éxito teatral, Costa debió pasar por situaciones difíciles, que incluyen el deambular de pensión en pensión, e incluso el haber vivido un tiempo en la calle. "Yo llegué de Córdoba, me fui a vivir con mi hermano, estuve un tiempo viviendo con mi hermano y después me fui a buscar mi vida, mi destino. Y bueno, anduve de pensión en pensión, hasta que un mes no hubo plata y viví en la calle", expresó.

"A mí lo que me salvó de no haberlo sufrido es que yo tenía 30 pesos, 27 me salía el pasaje para irme a Córdoba. Yo podría haberme vuelto a Córdoba, pero yo no quería, entonces eso hizo que para mí fuera una parte más, una anécdota. Yo nunca lo sentí como algo terrible, esto es lo que hay, es lo que hay. Como mi primer laburo acá que fue de vendedor ambulante, yo iba casa por casa vendiendo cosas. Para cualquiera podría resultar terrible, pero a mí me encantaba porque conocía la ciudad", reflexionó.

"Si vos querés es muy organizado vivir en la calle. Hay refugios, hogares, comedores. Lo que pasa que hay mucha gente que está en la calle porque tiene un dolor tan grande que la denigración última es no saber dónde estar. Yo no lo viví como un drama, pero me sirvió para darme cuenta que ahí no quería estar nunca más", agregó al respecto la artista, quien siempre tuvo bien en claro su sexualidad.

"Desde muy chica tuve definida mi sexualidad. Yo me pintaba desde que tenía 13 años, a escondidas no, pero me cortaban el pelo como un varón. Pero loca como fui toda la vida en esa época estaban de moda Carolina Peleretti y Daniela Cardone, entonces para mí yo era una mujer de pelo corto. Yo iba pintada a la escuela, pero como siempre fui el mejor promedio  ¿quién me iba a decir algo?. Yo era abanderada, si no era abanderada era escolta, nadie se iba a privar de mi inteligencia por más que yo me pintara", relató con humor.

"Siempre sufrí más por la obesidad que por mi sexualidad, porque el primer insulto que te dicen es gordo, después te dicen maricón, travesti, lo que sea, pero va el gordo adelante. La obesidad es una enfermedad, pero en ningún lugar del mundo está tomada así. Entonces, reírse de un gordo es reírte de una persona que está enferma", se sinceró.

"A mis padres les costó mucho aceptarme, muchísimo. Yo no tengo esa historia gay de ´mamita, mamita´. A los dos les costó mucho, pero yo tampoco les di opción, nunca disimulé nada. Yo me pintaba, pero había un círculo de negación que nadie veía nada, entonces yo me pintaba, mi papá lloraba, y mi mamá un día me preguntó si iba a terminar prostituyéndome como toda travesti. Les costó mucho, y yo los entiendo, gente de Córdoba, de otra generación, pero eso no los hace víctimas", recordó sobre cómo tomaron en su familia que empezara a manifestarse tal cual es.

"Después yo empecé a laburar todas las noches, entonces era normal que me vieran vestido de mujer, pero lo escondían y yo también aprovechaba, como que era parte de mi trabajo", agregó al respecto Costa, a quien ahora su madre mira con ojos de orgullo.

"Con la popularidad se lleva mejor, porque todo el mundo le habla bien de mí. Yo sé que para ella es un orgullo donde yo llegué, porque además yo llegué porque no hice otra cosa que laburar y mi madre me enseñó que la única forma de llegar es trabajando", reconoció La Costa, como la llaman todos, y a quien acaso uno de los sueños que le queda por cumplir en la vida es encontrar el amor.

"Me gustaría tener un amor, pero como yo me crié con la telenovela quiero un amor de esos, hay que escribirlo y que yo lo pueda protagonizar", sostuvo la transformista, quien descarta la posibilidad de realizarse una operación de cambio de sexo. "No lo haría, yo no soy psicótica, no me creo que voy a ser madre, nada de eso, yo soy lo que quiero ser", concluyó.

LEA MÁS