
No soy fan del Indio. Me gusta su música, disfruto de sus letras pero, por sobre todo, me conmueve el fenómeno que genera. Me moviliza, me inquieta, me interpela.
Quise venir a Olavarría. Se decía que éste sería su último recital. Porque "la enfermedad le está pesando al Indio". Eso se decía.
Y por eso se esperaba que este supuesto último recital fuera una gran despedida. Una gran fiesta ricotera. Pero de grande sólo tuvo las dimensiones. Se estima que hubo cerca de 350 mil personas. Algunos incluso hablan de cerca de 500 mil. No será necesaria la precisión ahora. Había mucha, quizás demasiada gente.
Se rumoreaba que el encuentro iba a ser mucho más masivo que lo habitual pero esto fue más allá de lo imaginado.
Salimos, junto con amigos y desconocidos, a las siete de la mañana de Parque Rivadavia en micro.
Llegamos a las 18 a Olavarría. Fueron 11 interminables horas. Los 350 kilómetros más largos de la historia. O de mi historia al menos.
No es el primer recital del Indio al que voy. Y esperaba que éste fuese mucho más convocante que los anteriores. Los cientos y cientos de micro estacionados al costado de la ruta, a 10 Km del predio, eran un anticipo de esa masividad exorbitante de ese encuentro.

Tuvimos que bajar del micro cuando estábamos a 5 kilómetros de La Colmena, donde se hizo el recital. Caminamos en procesión. Como suele suceder en estas misas ricoteras, acompañamos el andar con canciones del Indio.
Mezclamos un andar apurado con uno, por momentos, más lento. Porque a medida que nos acercábamos al predio, la acumulación de gente obligaba a ralentar el paso. Pero igual avanzábamos a paso seguro. Nada parecía que empañaría la fiesta. Había cierto orden en el caos, como suele suceder en los recitales del Indio.
Abrió el recital con la canción Barba Azul que fue acompañada por la euforia habitual del público ricotero y de los otros, "infiltrados", como yo, a los que les gusta el fenómeno, la fiesta, la magia.
Nos quedamos atrás, como a seis cuadras del escenario. Ya a esa altura era imposible avanzar. Pero, bueno, tampoco esperábamos otra cosa. Éramos muchos, demasiado.
El aire se comenzó a enrarecer después de sonar Ropa sucia, un himno ricotero. El Indio paró el show y le pidió a Defensa Civil que se acercara a ayudar a la gente que estaba en el piso.
Fue la primera de una serie de interrupciones donde el Indio volvía a pedir tranquilidad y calma. Se quejó de los diez o veinte que estaban haciendo "quilombo". Después pidió a todos que nos moviéramos dos metros hacía atrás.
Hubo un intervalo de silencio donde parecía que el show terminaría, pero luego el Indio explicó que continuaría porque sino sería peor. Quizás temía que las más de 300 mil personas se avalanzaran y que todo terminase en una tragedia masiva.
De todos modos la tragedia ya había dicho presente. Para ese entonces había dos muertos y varios heridos en el hospital. Nosotros no lo sabíamos pero igual en el aire había una sensación rara. Las pausas extensas entre los temas hacía pensar que en cualquier momento el recital se terminaría abruptamente.
Había mala onda, el clima estaba tenso, faltaba fluidez. No sabíamos bien qué pasaba pero algo no andaba bien.
El Indio estaba más cascarrabias que de costumbre, porque "está grande", porque "somos muchos" y "adelante se ve que hay bardo". Esas eran algunas de las tantas explicaciones que se oían por lo bajo y por lo alto.
Sonó Jijiji y eso marcó el fin. Es el tema con el que se cierran todos los recitales del Indio. Cuando comenzamos a salir se escuchó Mi perro dinamita. Un plus inesperado que bailamos felices.

Fue un lindo shot de alegría que necesitaba. Se prendieron las luces, y el Indio pidió que nos fuéramos despacio. No se despidió.
Nos fuimos caminando lento. Comentamos la rareza del show pero igual festejamos que no había sucedido ninguna tragedia. Sólo un pequeño bardo adelante, pensamos.
Al llegar a una casa donde nos esperaban otros conocidos para subir al micro nos preguntaron por los muertos. "¿Qué muertos?", preguntamos.
Así nos enteramos. Y comenzamos a entender un poco ese aire enrarecido. Y entendimos que quizás éste haya sido realmente el último recital del Indio.
Se nos fue ese pequeño chispazo de alegría que habíamos sentido al finalizar el recital, mientras bailábamos Jijiji.
¿Se podría haber evitado la tragedia? ¿Se hizo todo lo posible? ¿Fue un problema de falta de organización? Quedaron muchas preguntas en el aire y un pensar muy grande por la que pudo haber sido la despedida más triste del Indio.
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