A 23 años del casamiento de Valeria Mazza: la verdadera historia de la galera de Gravier, el ícono del fin de fiesta de los noventa

El 9 de mayo de 1998 la mayor supermodelo argentina y el empresario protagonizaron la boda más icónica de una era signada por el lujo y el glamour. Pero fue el accesorio diseñado por Armani el que permanece hasta hoy en la memoria colectiva como emblema de aquella noche

La salida del Santísimo Sacramento de Valeria y Mazza y Alejandro Gravier ya casados. Giorgio Armani, diseñador de la ropa de ambos, le pidió al novio que no usara la galera. Claramente, lo desobedeció y creó una imagen icónica
La salida del Santísimo Sacramento de Valeria y Mazza y Alejandro Gravier ya casados. Giorgio Armani, diseñador de la ropa de ambos, le pidió al novio que no usara la galera. Claramente, lo desobedeció y creó una imagen icónica

Maradona, Susana, Guillermo Vilas y toda la escudería de modelos top de los noventa bailando hasta el amanecer entre los mil doscientos invitados al Hipódromo de Palermo. El vals tocado en vivo por 75 músicos de la Filarmónica de Buenos Aires. Una torta de bodas de ocho pisos con un anillo de oro verdadero para la afortunada soltera Dolores Moreno. Ostras, salmón, caviar, y los platos que marcaron las celebraciones de la época, como el lomo envuelto en masa de hojaldre, servidos solo con champagne francés y whisky escocés. Los novios vestidos por Giorgio Armani llegando a la fiesta en un carruaje Landeau tirado por cuatro caballos, después de la ceremonia en el Santísimo Sacramento televisada en directo para todo el país.

En la prueba de vestuario en Milán, Valeria y Gravier jugando con la galera. Dicen que 31 años mas tarde, en la intimidad la siguen usando
En la prueba de vestuario en Milán, Valeria y Gravier jugando con la galera. Dicen que 31 años mas tarde, en la intimidad la siguen usando

Ella, Valeria Mazza, la mayor supermodelo que dio el suelo argentino en la era de las supermodelos; él, Alejandro Gravier, el empresario que la había acompañado en el despegue internacional que la llevó a compartir pasarela con Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Cindy Crawford, Eva Herzigova y Elle Macpherson y ser musa de Armani y Versace. Era sábado 9 de mayo de 1998 y el suyo estaba destinado a ser el casamiento más icónico de una década de por sí signada por el lujo y el glamour. Pero es un accesorio el que, casi por casualidad, permanece hasta hoy en la memoria colectiva como emblema de aquella noche: la galera con la que el novio sorprendió a su entonces futura mujer –y a todos los presentes– al salir de la Iglesia.

La exclusiva de la transmisión la tuvo Telefé. Aquí, Dolores Barreiro entrevistó a Valeria en Milán y mostraron la prueba de vestuario


Veintitrés años después, aquel sombrero de copa no solo es leyenda, sino que tiene reservado un lugar de privilegio en la casa que los Gravier-Mazza comparten con sus hijos Balthazar, Tiziano, Benicio y Taína en San Isidro. “La galera está en mi cuarto de vestir, como si fuera un cuadro”, dice a Infobae el empresario y cuenta que en el vestidor también están cuidadosamente expuestos su jacquet y el espectacular vestido de doble escote con breteles finos y piedras bordadas creado por Armani para Valeria.

Valeria Mazza y Alejandro Gravier en la ceremonia en el Santísimo Sacramento, que emitió el programa Versus


El diseñador italiano también fue el involuntario responsable de la pieza de la que habló el país. “Giorgio nos estaba haciendo la ropa a los dos –cuenta la modelo y empresaria–. Cuando estábamos en Milán para las últimas pruebas, justo se casa su sobrina en Londres y él aparece en la prensa con galera. Entonces, en una de las últimas pruebas, Alejandro le dice: ‘Giorgio, yo también quiero la galera’. ‘No, eso es muy inglés. No, galera no’, dice Armani”. Ante la insistencia del argentino, el modisto tuvo una idea: “Giorgio le dice: ‘Ok, yo te hago la galera, pero no te la ponés, la llevás en la mano junto con los guantes, ¡no te ponés la galera!’”

Armani diseñó entonces el sombrero gris cortado por una cinta negra de seda y le enseñó a Gravier la etiqueta para sostenerlo, sin jamás usarlo. Hasta ahí todos estaban de acuerdo. Lo que la novia no sabía, dice ahora, es que “Ale tenía a una persona de confianza que lo estaba esperando en la puerta de la iglesia con la galera y los guantes. En cuanto se la dio, él agarró la galera y ¡tac, se la puso! Yo me tenté de la risa”.

Marido y mujer en el Santísimo. Esperaba la fiesta, que fue la última gran boda de la década del '90
Marido y mujer en el Santísimo. Esperaba la fiesta, que fue la última gran boda de la década del '90

La imagen quedó registrada para la posteridad: los recién casados llorando de la risa en el atrio mientras posaban ante los 424 periodistas y fotógrafos acreditados que habían llegado a cubrir el evento desde todas partes del mundo y cortaban la calle San Martín. Tal vez la explicación de por qué el accesorio cobró tal trascendencia para los miles que seguían la boda que el locutor Fernando Bravo conducía en directo para Telefe resida en la magia asociada desde siempre a estos sombreros: se decía que era un truco del novio para disimular que era más bajo que la supermodelo.

“Lo de la altura es algo que se dijo pensando que nos preocupaba, cuando indudablemente nunca fue un tema para nosotros”, vuelve a reírse hoy Gravier, que de todos modos aclara: “Igual quiero que sepan, para que de una vez se rompa el mito, que yo mido 1,78 m... ¡y Vale mide 1,77!”. A su lado, Mazza acota, tentada como hace 23 años: “¡Lo que pasa es que Vale siempre se pone tacos!”. “Tacos de 13 o 10 cm que me dejan chiquitito”, suma él, entre carcajadas.

La llegada a la fiesta en el carruaje Landeau tirado por cuatro caballos. Gravier tenía la galera puesta

Dicen que ese mismo fue el espíritu que compartieron en la intimidad de la sesión de fotos previa a la fiesta en el Hipódromo, hasta donde llegaron en un carruaje antiguo. Ella lucía una tiara en oro blanco y diamantes y él, claro, todavía tenía la galera puesta. “Nos matamos de risa todo el camino, y de por vida, porque eso lo pinta a Alejandro en su personalidad, con toda la seguridad que tiene, con lo que le ha gustado siempre romper parámetros, esquemas y reglas”, confiesa ella.

Aunque más de uno habrá querido robarle el sombrero al novio para probárselo en la pista, no hubo oportunidad. Después de la entrada triunfal, finalmente, Gravier le hizo caso a Armani y guardó su creación hasta el momento del vals en los jardines. Entonces sí, de nuevo, volvió a ponerse el accesorio que hoy conservan “como una obra de arte”.

Por su trascendencia, la boda llegó a la tapa de los principales medios del país
Por su trascendencia, la boda llegó a la tapa de los principales medios del país

“Desde el primer día estuvo en casa, en el cuarto de vestir nuestro, arriba divina: es un diseño auténtico de Giorgio Armani y está ahí como si fuera un cuadro”, dice Gravier. Hace tres años, sin embargo, se dio el lujo de volver a usarla en público. “La sacó a relucir de nuevo cuando cumplimos veinte años de casados –revela Valeria–. Hicimos una comida en casa con nuestra familia, nuestros padrinos de boda y los padrinos de nuestros hijos; Ahí nos volvimos a vestir de novios y, por supuesto, ¡la galera salió de su lugar para volver a ser desfilada por Alejandro!”

El año pasado, cuando Jey Mammon le preguntó en una entrevista a la modelo si su marido seguía usando el recordado sombrero, ella respondió con picardía: “De vez en cuando la usa en privado. A veces jugamos con la galera de Gravier”. Ante Infobae, se ríe y ratifica: “Si la usamos o no en la intimidad, eso queda en la imaginación de cada uno… Jueguen, a ver… ¿cuándo usarían ustedes la galera?”. Como sea, suma Alejandro, es parte de una historia que ya tiene 31 años, “entre 8 de novios y 23 de casados, con cuatro hijos y pudiendo disfrutar mucho del camino recorrido”.

Susana Giménez , Diego Maradona, Franco Macri y Flavia Palmiero, algunos de los invitados "VIP" de la boa
Susana Giménez , Diego Maradona, Franco Macri y Flavia Palmiero, algunos de los invitados "VIP" de la boa

Guarda también los secretos de la celebración que cerraría una era. En esa pista de Palermo bailaban además de Vilas y Susana con el Corcho Rodríguez, Franco Macri y Flavia Palmiero, Adrián Suar con Araceli González –embarazadísima de su hijo Tomás–, Roberto Giordano, Pancho Dotto, y dos amigos que años más tarde se enfrentarían en elecciones presidenciales: Daniel Scioli con Karina Rabolini, y Mauricio Macri con Isabel Menditeguy. El entonces primer mandatario Carlos Menem había anticipado su ausencia por fax a último momento: por aquellos días las inundaciones en el litoral provocaron decenas de muertos y miles de evacuados y sus asesores le aconsejaron no participar. Se dice que Diego Maradona tuvo un encontronazo con Macri, aunque mostró sus dotes de bailarín hasta que salió el sol. El título de tapa del diario más leído de ese día diría que ningún candidato del PJ tenía chances ante la Alianza, pero la foto central era “el casamiento espectáculo”: los novios, y en el centro del centro, la galera.

En las escalinatas del Hipódromo algunos aún tomaban champagne y otros se despabilaban con café cuando Gravier volvió a calzarse la creación de Armani para una última foto con Valeria antes de partir a la mansión del que todavía era el Hotel Hyatt para su noche de bodas. Eran las 8 de la mañana y no lo sabían, pero aquel sombrero había sido testigo del fin de fiesta de una década.

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