Toto Kirzner: “Tuve que hacerme adulto desde muy chico para afrontar lo que vivía”

Creció escuchando a los suyos decir que tiene “un alma vieja”. Hoy, analiza los hechos de su vida que lo hicieron crecer y “me enseñaron sobre mí mismo”. El abuso que sufrió a los siete. El día que rompió el silencio después de 13 años: “Antes de contarlo en casa, perdí el conocimiento”. Y esas marcas que hoy trabaja en terapia: “Tengo inseguridades y miedo a la soledad”. La afición al buceo. Su fanatismo por Paul Newman. El mensaje de su abuelo paterno que recibió a través de una médium. El budismo con el que encuentra “equilibrio”. Y una revelación: “Estoy viviendo el fin de una etapa en la relación con mis padres”

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A solas - Toto Kirzner con Sebastián Soldano

Dice haber rozado el hartazgo al escuchar, cien y mil veces, que es “un chico de alma vieja”. Que nació adulto. Que a los 12 parecía de 40. La corrección siempre ha sido, a priori, el rasgo sobresaliente de una personalidad que, en principio, justifica con “un gran laburo de mis padres”. Subrayando “una total alineación de carácter” con Araceli González (55), a quien además señala deberle “los valores fuertes que sirven para toda la vida”. Y, por otro lado, ese “algo de lo social y de lo gestual” tan propio de Adrián Suar (54). Pero bastará sólo un rato de charla para que asomen conclusiones claves de 17 años de diván que superarán aquella explicación. “Sin dudas mi personalidad comenzó a formatearse a partir del abuso (sexual) que sufrí de chico y, luego, con la sucesión de otras tantas y, algunas, terribles experiencias”, deduce Tomás Toto Kirzner (24). “Tal vez debía contar con cierta seriedad o fortaleza ante la vida, ante lo que fuese que pasara o ante todo lo que vendría. Armarme más rígido, más sólido y ser ‘un hombrecito´, tomando la actitud coraza para imponerme la superación”. Un eje más que atractivo para la charla de este encuentro.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Infancia
Tomás Toto Kirzner, bebé
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Infancia
Tomás Toto Kirzner con casi dos años, junto a su hermana, Florencia Torrente
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Tomás Toto Kirzner a sus cuatro años
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Tomás Toto Kirzner a sus 9 años junto a Vicente Viloni, su ídolo de 100% Lucha (Telefe, 2006)

Más allá del silencio fue un niño feliz. De tal modo lo recuerda, evocando “indicios” de su presente en el living de domingo de la casa familiar. “Me gustaba que todos se sentasen alrededor para verme imitar con impronta propia, que no es dato menor, escenas de Nemo, de Shrek o de cualquier otra película que había tocado esa semana. Siempre buscando el aplauso”, cuenta. Sigue convencido de que estaba destinado a esa pasión que, de momento, sería relegada por otra: los animales. Hasta el umbral de su adolescencia, e inspirado por “cientos de horas de Discovery Channel, Animal Planet y las aventuras de Steve Irwin (el Cazador de cocodrilos, 1962-2006), Toto quiso ser biólogo marino. “Tanto me había mentalizado que hasta hablaba de instalarme en el sur para estudiar en Comahue”, relata.

“El fanatismo y la curiosidad por la fauna” finalmente lo alentaron a lograr su Certificado PADI, un carnet otorgado por la Asociación Profesional de Instructores de Buceo. “Fue en 2019, durante una visita que le hice a un amigo que vive en Florida (Estados Unidos). Cuando él salía a trabajar, yo me iba a las clases que duraron 3 semanas, con prácticas en Key Largo y dictadas por un profesor a cara de perro”, dice. Luego tendrá algunas anécdotas de la práctica, como cuando “por seguir a uno de los compañeros, a través de esos senderos de cavernas submarinas, de repente nos vimos buceando debajo de una pareja de tiburones toro que estaban copulando. Gracias a Dios, muy en lo suyo”, dispara gracioso.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Buceo + Bajo
Tomás Toto Kirzner despuntando su pasión por el buceo. El actor obtuvo su certificado PADI tras el curso que realizó en Florida, Estados Unidos, en 2019
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Tomás Toto Kirzner y Ramiro, uno de sus amigos de toda la vida
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Tomás Toto Kirzner, en pleno acto escolar
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Tomás Toto Kirzner a sus ocho años

Así creció. “Haciendo reír a los amigos que hasta el día de hoy conservo. Y en un contexto de total creatividad, sin demasiada restricción ni límites horarios para dejar de jugar”, recuerda. “Si con buen alumno nos referimos a una conducta intachable y al respeto en el trato hacia los demás, sí, yo lo era. Ahora... ¿si me llevaba materias? ¡Todas! Y a febrero”, suelta con gracia. La popularidad adquirida, “esa que viene en el combo familiar, nunca fue incómoda para mí”. Pero cuando entró en juego el divorcio de Ara y el Chueco (2002), y parte de lo que pasaba en casa se veía en televisión, “sin dudas no lo habré pasado bien, porque mi cabeza hizo un gran laburo para olvidarme de esa etapa. ¡No me acuerdo de nada!”, dispara.

No obstante (y a los siete años) comenzó terapia, algo que le resultaba “casi una rutina que acompañaba a la del colegio”, según describe. Y que sostiene “aunque más esporádicamente” hasta el día de hoy. “La separación de mis viejos, que es algo que afecta a cualquier chico, sin dudas haya sido el puntapié inicial. Y creo que, con el correr de los años, todo eso que tenía que laburar, lo laburé muy bien”, señala. “Porque me estaban sucediendo cosas que evidentemente no podía comunicar: vivía ansioso e irascible. Y así, ya de más grande, fue saliendo a la luz el recuerdo de haber sido abusado. Algo que siempre estuvo en mi cabeza, que me era muy difícil de explicar y a lo que no lograba darle entidad o ponerle una etiqueta. Entonces empecé a trabajar la posibilidad de asimilarlo y de sobrellevarlo”, cuenta. “Fui muy bien atajado y hoy estoy contento de haber hecho ese camino con un profesional a tan temprana edad. Me ha servido mucho”.

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Tomás Toto Kirzner abrazados por su mamá, Araceli González, y su hermana, Florencia Torrente
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Adrián Suar
Tomás Toto Kirzner y su papá, Adrián Suar, compartiendo su pasión por Boca Juniors
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Adrián Suar
Tomás Toto Kirzner y su papá, Adrián Suar

Fue en octubre de 2021 que Tomás se sorprendió a sí mismo, y por ende al mundo, vomitando aquel hecho repudiable en un programa de televisión. Se trató de un rapto “sin más explicación que el de haber sido parte de un grupo de personas que compartían experiencias muy íntimas”, dice. “Se ve que algún relato que escuché en ese contexto me interpeló y lo hice sin pensar demasiado”. Desde entonces tipear su nombre en un buscador remite a decenas de links que reproducen su confesión. Aún así, Toto asegura: “Debo reconocer que minutos después me asusté. Dije: ´Uy, era demasiado íntimo´. Pero esa duda duró poco. Hoy no me arrepiento ni por un instante. Quizás, tiempo atrás, mucho antes de compartir ese episodio, había tenido algún tipo de prejuicio. ´¿Y si lo digo? ¿Van a estar todos listos, con cuchillo y tenedor?´. Y la verdad es que todos fueron muy respetuosos conmigo”.

Pregunto si regresar a ese momento, una vez más, genera angustia o incomodidad y hasta sugiero sobrevolarlo en esta charla. Kirzner responde con firmeza: “Es imposible obviar el tema si estoy hablando de mi vida. Forma parte de mi historia, de mí, de lo que soy. No podría amagarlo. Después de todo, este tipo de conversaciones siempre me coloca en un plano reflexivo. Me hacen pensar y, finalmente, es un ejercicio que agradezco”.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Araceli González
Tomás Toto Kirzner y Araceli González
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Araceli González
Tomás Toto Kirzner abrazao por mamá, Araceli González, en 2008
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Adrián Suar
Tomás Toto Kirzner y Adrián Suar
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Adrián Suar
Tomás Toto Kirzner y su padre, Adrián Suar
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Fabián Mazzei
Fabián Mazzei y Tomás Toto Kirzner
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Fabián Mazzei
Tomás Toto Kirzner y Fabián Mazzei durante el último viaje familiar por Europa, 2017

En resumidas cuentas, y sin necesidad alguna de enumerar detalles porque aquí nos importa lo aprendido, Toto fue víctima (en dos oportunidades) del jardinero que trabajaba en una casa cercana del country en el que vivía. Tenía siete años y, como suele pasar, lo esperaría un hermético silencio, que en su caso, duró 13 años. Apunta, entonces, a los mecanismos fortuitos de la conciencia y al valor del abrazo familiar. “Una tarde estábamos viendo televisión. No recuerdo si era un noticiero, pero seguramente algo tuvo que ver, porque según mi vieja, yo cambié la cara, la postura corporal. Entonces lo intuyó. Y de una, me preguntó: ´¿A vos te pasó algo?´. Y entré en pánico. Me levanté. Salí. Volví a entrar. Sólo me acuerdo estar en la puerta de entrada, con las piernas en alto y mamá intentando hacerme reaccionar. ¡Me desvanecí!”, relata. “Al recobrar el conocimiento me quebré. Lloré. Lloró mamá. Lloró Fabián (Mazzei, 57). Y conté todo. Era lo que había que hacer”.

Días después, citó a su padre. “Ya fue más sencillo, sin tanto preámbulo. Claro que se llevó una sorpresa, no entendía bien dónde había sido... Estaba desconcertado. Debe ser muy fuerte escuchar a un hijo contar eso. Y en cierto momento, antes de poder compartirlo, yo me detuve a pensar: ´¿Qué pasará con ellos al saberlo? ¿Les hará muy mal? ¿Sentirán culpa?´. Me angustiaba el daño que pudiera causarles y, sin dudas, ese sentimiento colaboró a mi imposibilidad de revelarlo”, explica. “No tenía sentido ese razonamiento, pero uno se da cuenta sólo después de dar el paso”.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Varias
Tomás Toto Kirzner, durante un viaje por Europa
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Varias
Tomás Toto Kirzner
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Varias
Tomás Toto Kirzner

Habla también de sus amigos, quienes “ayudaron mucho en las sesiones de terapia para descubrir y entender muchas actitudes”, como apunta. Uno de ellos, por ejemplo, aportó un recuerdo desactivado. “Mencionó que, por aquel entonces, al llegar a una esquina clave, yo tiraba la propuesta de hacer una carrera. Justamente sobre la cuadra de la casa en cuestión. Qué loco, ¿no? Lo que hace la cabeza para defenderse...”, discurre.

Respecto de si está consciente del valor de su testimonio para otras tantas personas y hasta de cierta responsabilidad, Toto es tajante. “Muchos me escribieron diciendo ´lo que contaste me hizo acordar que yo también...´. Bueno, genial. ´Me alegro que así sea porque quiere decir que ya pasaste toda la mierda. Ahora andá y jugá al fútbol´. Pero a la par, también dejaban comentarios increpantes, dictándome qué debía hacer y cómo exponer mi propia historia: ´¡Flaco, estás comunicando mal!´, reprochaban. ´¡Tenés que buscar al tipo y meterlo en cana!´, me decían. A ver, yo no soy un sabio en la materia ni pretendo ser un referente. Y no voy a hacerme cargo de ese ni de ningún otro lugar. Lamentablemente me tocó vivir esa situación, me salió compartirla y desde entonces hago lo que puedo. Lo que puedo. ¿Okey?”.

Revela que sus padres le han propuesto la denuncia, pero no hacerla fue decisión propia. “Pasó demasiado tiempo y fue una encrucijada. Pero, ¿qué decirte...? No quiero volver ahí nunca más. Y tanta imposición me lleva hacia atrás y a una sensación de ira. Por eso elijo ya no leer esos posteos. El que entiende, bien. Y al que no, le mando un beso y mil disculpas por si hacer lo que puedo, los ofende tanto”.

Fotos Toto Suar 23-03-2023
Tomás Toto Kirzner, con Infobae (Gastón Taylor)

Tomás resguarda una serie de conclusiones íntimas de su fina labranza en divanes o “lo que aprendí de mí mismo”, como dice con la actitud de quien levanta un trofeo. Porque, claro, “hacerse cargo es disponerse a sanar o solucionar”. La autoestima es lo primero en fragmentarse, “un patrón en estos caso”, señala. Y de ahí en más, se dispara “una serie de inseguridades que marcan hondo. Que dejan marca. Y yo laburé mucho, por ejemplo, poder relacionarme con las personas”, cuenta. Y entre tanto, enlista un temor que ocupa sus sesiones. “Hoy por hoy, la soledad es mi gran miedo. Una zona de angustia para mí que trabajo a diario”, revela. “Quizás porque cuando ocurrió lo que ocurrió yo estaba solo. Seguí viviendo y me lo guardé, solo. Tomándolo como desafío personal”, concluye. Pero no está dispuesto a muchas más conjeturas, porque como explica, “todavía estoy en un trabajo personal intenso que me hace sentir muy bien. Sí, porque estoy bien conmigo mismo. Finalmente en paz”. En definitiva, la adolescencia transcurrió “sin demasiadas rebeliones” porque “nunca tuve opresiones en casa, tal vez porque estaba muy ocupado en ese ese proceso tan interno contra mí mismo y en busca de la superación”.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Infancia
Tomás Toto Kirzner tocando el bajo, instrumento que tocó hasta los 18 y al que planea volver

Poco después de cumplir 13 y vencido ante un “destino inevitable”, dijo: “Mamá, papá, quiero ser actor”. Aunque, en definitiva, “siempre lo había sido y la novedad del anuncio era que estaba dispuesto a meterme de lleno al estudio”. Y “en una familia en la que no había existido esa posibilidad, fue mucho más que bien recibido. Ellos confiaron siempre en mi instrumento y yo me nutrí de sus consejos”. Consejos que, como indica, han sido los mismos para la vida y los escenarios: “Mis viejos se ocuparon de que fuese, por sobre todo, respetuoso. Remarcando el valor de la humildad. Porque así se han manejado siempre”.

Hasta los 18 se formó bajo la mirada de la directora, coach y maestra Nora Moseinco (mucho antes de ser discípulo de Julio Chaves), con la convicción muy personal de “no quemar ninguna otra etapa”, porque según cuenta: “Me propuse terminar el secundario antes de encarar la profesión de verdad, con la entrega que merece”. De todos modos, las ansias lo empujaron a “castinear” un año antes, inclusive (y entre tantos) en los estudios de Polka. “En cierto momento mi viejo quiso hacer una prueba de cámara para verme mejor...”, relata. “Pero la primera oportunidad llegó de parte de Undergound (productora de Sebastián Ortega) y debuté en Telefe”, como Titi, en la trama de Fanny, la fan (2017). “Se dio naturalmente, pero creo que de haber tenido la posibilidad, así lo hubiese elegido”, señala Tomás respecto de su suerte lejos de papá.

“En ese momento me pesaba la inseguridad sobre mi futuro profesional. Pensaba en qué diría la gente. Cómo se tomarían mi comenzar en este camino. Entonces, y perdón por lo que diré, fue un: ‘Tomen, hijos de puta, me voy para otro lado. Sigan diciendo boludeces’. Bueno, eso es lo que creía siendo chico. Aún sabiendo que sería un prejuicio pasajero. Pero, a la larga, fue un recuerdo que me sirvió”.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Votemos
Toto Kirzner en el escenario, con Carlos Portaluppi
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Votemos
Tomás Kirzner como Lucas, en la obra Votemos (desde el 6 de abril en el Metropolitan), junto a Cherri, Portaluppi, Santa Ana, Gil Navarro, Garzón y Lago, dirigidos por Dan

Un año después diría “sí” a su padre tomando el rol de Eliseo en Simona (El Trece, 2018). Hizo de Javo en la película El fútbol o yo (2017) y de sí mismo en la serie Chueco en línea (Flow, 2019), ambas protagonizadas por Suar, y del inspector Julián Serrano en Argentina, Tierra de Amor y Venganza (de Polka para El Trece, 2019). Claro, entre otros cinco ciclos y tres filmes más allá de ese vínculo.

Hoy, y no es figurativo porque estamos charlando en una sala de ensayo, Tomás prepara su participación en la nueva apuesta teatral de Adrián y Preludio Producciones. Será Lucas en Votemos, junto a Agustina Cherri (40), Gustavo Garzón (67), Juan Gil Navarro (49), Virginia Lago (76), Carlos Portaluppi (55), Muriel Santa Ana (52) y Alan Daicz, dirigidos por Daniel Barone (57). Todos, vecinos de un consorcio convulsionados por la inminente llegada de un inquilino con problemas de salud mental. Se trata de la adaptación teatral nacional de Votamos, el cortometraje español nominado a los premios Goya 2022 y preseleccionado para la short-list de los Oscar, que se estrenará el próximo 6 de abril sobre el escenario del Metropolitan. “Es una trama que me atraviesa porque habla sobre los prejuicios, que no es más que ignorancia, con los que solemos mirar y juzgar al distinto”, dice Tomás. “Un texto que dispara la reflexión acerca de la tolerancia, de los miedos y de las miserias humanas que asoman a veces. Y está muy bueno cuando el teatro comunica y nos interpela”.

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Tomás Toto Kirzner con dos de sus amigos del club de los hijos de, Migue Granados e Ismael Rodríguez

Hoy se reconoce un “orgullo” socio del Club de los hijos de.... En el que dice reírse de “eso que de chico resultaba un insulto”, tal vez en compañía de amigos como Imanol Rodríguez (hijo de Miguel Angel Rodríguez, 62), Migue Granados (36, hijo de Pablo Granados, 57) o Yoyi Francella (28, hija de Guillermo Francella, 68), entre otros. Ya le quitó entidad a ese prejuicio, “por miedo de no poder formar una personalidad actoral propia, independiente de cualquier intento de etiqueta”. Y desde entonces suele explicar con gracia e ironía: “Mis viejos se dedican a lo mismo que yo”. Más allá, claro, de que “ninguno de los dos, en 24 años, le dio peso a ese legado o a ese tipo de mirada. Fue algo que naturalmente yo mismo debía dejar de demonizar y superar. Porque había llegado el tiempo de creérmela de algún modo”. Ya ostenta seguridad suficiente “para trabajar al lado de mi viejo, en cualquiera de sus proyectos o producido por él, como en este caso (Votemos)”. Y claro, portando el “apellido con el que nací”. Una decisión tan personal como el camino que intenta emprender. Es entonces que remata este párrafo con humor, revelando su alter ego contra cholulos. “Cuando en algún ámbito público veo que una persona se acerca con dudas de quipen soy, hay veces que me largo a jugar usando el personaje que inventé para esas ocasiones. Entonces me dicen: ‘¿Vos no sos...?’. ‘¡Sí! Tal vez me conocés por mi viejo’, les digo. ‘Ah, claro. Sos hijo de...’. ‘¡Quique Bochinari! Yo soy el hijo de Quique Bochinari’, respondo”.

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Tomás Toto Kirzner en La naranja mecánica, protagonizada por Franco Massini en 2019. Según él, "el trabajo con el que siento haberme recibido de actor"
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Tomás Toto Kirzner en el rodaje de Sola, de José María Cicala, 2019
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Tomás Toto Kirzner como el oficial Julián Salinas en Argentina, Tierra de Amor y Venganza (El Trece, 2019)

Para 2019, Toto ya había participado de tres cortometrajes, dos filmes, tres obras de teatro y cuatro ciclos de televisión, pero según dice: “Creo que me recibí de actor en La naranja mecánica”. Habla del musical (basado en el filme de Stanley Kublick, 1971) que aquí dirigieron Manuel González Gil y Martín Bianchedi, en la que formaba parte de los drugos, el grupo de personajes que secundan a Alex DeLarge (protagonista, jugado por Franco Massini, 28) con la posibilidad de encarnar múltiples roles. “Y a esa necesidad se sumaron los repentinos reemplazos de Franco, que por entonces tenía otra obra en cartel y muchas veces no llegaba. El estrés, la adrenalina de esa urgencia, que a veces se daba minutos antes de levantarse el telón, fue el mejor entrenamiento. Por primera vez sentí que la actuación me cagaba a palos”, define.

Después de todo a eso, apunta. “Quiero más desafíos actorales que me modifiquen. Voy detrás de ese desafíos. Me resultan muy intrigantes eso procesos camaléonicos para los que me preparo”. Y en tren de escuelas y referencias en su camino, Kirzner revela tener preferencia por Jack Lemmon (1925-2001), por ejemplo. Pero no hay devoción mayor que la que jura tener por Paul Newman (1925-2008). “¡Actorazo! Lo amo. Me fascina su código, algo muy interesante de ver y de estudiar”, afirma. “En El golpe (1973), me mató. Y no puede creer lo que hizo con El zoo de cristal (director, 1987). Ya desde muy chico me atrapaba su modo, su elegancia, esa suerte de mística del actor. Lo veía en su traje, manejando esos autos, y pensaba: ´¡Mirá lo que es ese chabón!´”.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Abuelos
Tomás Toto Kirzner abrazando a su abuela, Rosa Monteferrario (fallecida en 2018), junto a su hermana, Florencia Torrente.
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Abuelos
Tomás Toto Kirzner en brazos de su mamá, Araceli González, junto a su hermana, Florencia Torrente, y su abuela Rosa Juan Monteferrario
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Minerva Casero y sus hermanas
Tomás Toto Kirzner y su hermana, Florencia Torrente.
Toto, Adrián, Griselda y Margarita
Toto, Adrián, Griselda y Margarita

En cuestión (de poco más) de cuatro años, Toto debió sortear una serie de golpes familiares que, como cuenta, le “acomodaron el eje” de algunas realidades. En septiembre de 2018 despidió a su abuela Rosa Juana Monteferrario, la matriarca de un ámbito de “mujeres fuertes” en el que (agradece) haber crecido “sin figuras tóxicas (refiriéndose al machismo)”, por lo que “no debí hacer demasiado para deconstruir mi mirada sobre perspectivas de género. Yo crecí admirando y acompañando a mi madre y a mi hermana (Florencia Torrente, 34), con quien caminé de la mano toda mi historia”, subraya. Y dicho sea de paso, ostentará luego la fortuna de “ese ir y venir entre el rol de hermano menor y el de hermano mayor”, en referencia a Margarita Kirzner (10), hija de Suar y Griselda Siciliani (44). Respecto de quien comenta, en tanto, estar disfrutando de “esa etapa de idolatría en la que todo lo que yo diga o haga resulta grandioso o divertido. En la que todo lo vivido y compartido es realmente genuino”.

En fin, y retomando el hilo, Rosita sucumbió ante el lento pero despiadado avance del Lupus, e “independientemente del dolor de la pérdida, lo más terrible para mí fue ver a mamá llorar desconsoladamente. Eso me resultó devastador y entendí el valor de saber acompañar”. Fue su primera gran pérdida. Y descubre la foto clara de un instante particular. “Habíamos viajado a Mendoza, porque mi abuela tenía que operarse de cataratas -relata-. De repente nos habíamos quedado solos en la habitación. Ella tenía los ojos vendados y nos hacía gracia estar charlando así. En un momento, muy de repente y desde un lugar muy sincero y sin solemnidades, me dijo: ´En la vida, hacé sólo eso que vos quieras hacer. Sino, nada vale la pena´. Tal vez haya tenido que ver con su historia. No lo sé. Pero, en ese instante, le salió compartir esa reflexión personal con su nieto. ¿Qué se yo? Lo recibí como un lindo regalo, y así me lo guardé”.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Abuelos
Yehuda Kirzner (Léibele) Schwartz, gran cantante de la colectividad, padre de Adrián Suar y abuelo de Tomás Toto Kirzner. El Paul McCartney de la lírica judía, rotula su nieto

No tuvo relación con la actriz y locutora Lilian Keller, su abuela paterna (fallecida en 2020), pero sí revela una “conexión particular” con su abuelo, a quien nunca conoció. “Era una eminencia, el Paul McCartney de la colectividad”, define Tomás. Habla del cantante Yehuda Kirzner (Léibele) Schwartz, nacido en Brody (1931, hoy Ucrania) y llegado a Buenos Aires a sus ocho años con gran interés por el piano y la formación en la liturgia judía. El mismo que supo abrirse lugar, primero en el Beth Hamedrash Hagadol (Gran Templo) de Sandton en Johannesburg (Sudáfrica), luego en la Congregación Shaarei Tzedek de New York (Estados Unidos) donde se estableció, y finalmente (desde 1970) en la sinagoga de la Congregación Israelita de Buenos Aires, como cantante principal con siete discos editados. Cuenta que “durante la introspección a la que me empujó la pandemia, lo sentí muy presente. Y empecé a necesitar saber más sobre él, estar más cerca”, cuenta. Fue entonces que decidió buscar referencias en la red. “Tipeé su nombre en YouTube pero no había nada. Nada de nada. Salí de casa. Al volver, intenté otra vez. Y hacía 32 minutos que alguien había subido un video de mi abuelo cantando en una sinagoga de San Pablo (Brasil). ¡Fue muy fuerte!”, recuerda.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Trabajos
Tomás Toto Kirzner en _Juegos... ¿cuál es el límite_?, el musical con dirección de Ariel del Mastro (2020)

Tiempo después, y con cuestiones personales “muy íntimas”, Toto recurrió a terapias alternativas. Así llegó a las puertas de una cabaña ubicada “en medio de la nada” a más de tres horas de Buenos Aires, en la que fue recibido por una ermitaña, médica y médium. Sí, una persona con el don o la posibilidad de establecer contacto con espíritus. “Al entrar, me dijo: ´Viniste con dos personas más, Rosa y Yehuda (madre de Araceli y padre de Suar)´. Y, al parecer, los dos estuvieron conmigo durante toda la sesión. Fue una experiencia hermosa que viví dos veces más”, relata.

“En aquel momento, la señora me dio un mensaje claro que, más tarde, marcaría mi camino profesional: ´Dice tu abuelo que le gusta mucho que pienses en él –me transmitió– y que ni bien recibas una propuesta que tenga que ver con el canto, debés aceptarla’”, recuerda. Cinco meses después, Tomás atendió un llamado con la invitación para sumarse al elenco de Juegos... ¿cuál es tu límite?, el musical basado en la obra Juegos a la hora de la siesta, de Roma Mahieu (1976), dirigido por Ariel del Mastro. Finalmente, y por primera vez, cantó ante la platea.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Araceli González
Tomás Toto Kirzner y su mamá, Araceli Gonzaléz, en una de sus primeras vacaciones en playas mexicanas (2000)
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Fabián Mazzei
Tomás Toto Kirzner, Araceli González y Fabián Mazzei, 2008
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Araceli González
Tomás Toto Kirzner llevando hacia el altar a su madre, Araceli González, el día de su boda con Fabián Mazzei, el 14 de diciembre de 2013
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Araceli González
Tomás Toto Kirzner y Araceli González durante sus últimas vacaciones familiares por Europa, 2017
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Araceli González
Tomás Toto Kirzner a sus 10 años, siempre junto a su mamá, Araceli González
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Araceli González
Tomás Toto Kirzner, adorado por su mamá, Araceli González, y su hermana, Florencia Torrente

Un año después del adiós a Rosita, Araceli fue internada de urgencia por una infección urinaria severa que desató no sólo cuadros de fiebre críticos sino también el avance de una bacteria “que llegó hasta su sangre”, señala Toto. “La incertidumbre fue devastadora. Los médicos nos decían que ya no sabían qué hacer. Nos daban a entender que el panorama estaba muy jodido. Que se moría... Realmente llegamos a sentir: ´Ya está. Se termina todo´“. Describe ese episodio como “el más duro de mi vida” y agradece a “lo que haya sido que controló mi cabeza, porque me ayudó a atravesar la angustia de un modo robotizado para sobrellevar esa situación deplorable. El dolor me endureció, me hizo más fuerte. Yo debía sostenerme y sostener. Sin duda fue otra instancia de crecimiento”.

Tomás mantiene con su madre una relación “muy poderosa”, simbiótica, entrañable, al punto de intentar apuñalar a un canadiense que se acercó a ella mientras tomaba sol en una playa. Claro, él no tendría más de cinco años, pero cuela la anécdota con mucha gracia. No obstante revela que su independencia hoy cambió esa vinculación. “Es muy interesante ver cómo, desde esa amorosa y dorada estructura de base, las relaciones con los padres van mutando. Siento y creo que estoy viviendo con ellos el fin de una etapa. Porque también ellos están en otra fase, dispuestos a tomar decisiones drásticas en sus vidas, a proyectar fuerte. Y eso nos conecta de otro modo, desde otro tipo de acompañamiento”, teoriza. Vive solo desde hace dos años (en el barrio de Belgrano) y este análisis vincular concluye en humorada sobre la utópica autonomía total de un hijo. “Obviamente, mi vieja me decoró la casa, sí... ¿Pero por qué no aprovecharía sus poderes? ¡Si mamá es un genio!”, cuenta con orgullo.

A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Fabián Mazzei
Tomás Toto Kirzner y Fabián Mazzei en uno de sus viajes juntos
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Fabián Mazzei
Tomás Toto Kirzner y Fabián Mazzei, con quien forjó un vínculo que pondera desde 2007, cuando el actor conoció a su madre, Araceli González
A Solas, por Sebastián Soldano - Toto Kirzner - Fabián Mazzei
Tomás Toto Kirzner, su mamá, Aaraceli Gonzaléz, y Fabián Mazzei, a quien considera "un pilar" en su vida

Y al derrotero familiar y poco tiempo después, se sumó la preocupación por la salud de Fabián Mazzei, tras haber caído del techo de la casa cuando, al intentar rescatar a su gato, detectó que había hojas acumuladas en las canaletas y se dispuso a limpiarlas. Entonces “cayó y hoy está vivo de milagro”, recuerda Tomás. El afortunado saldo final fue la pulverización de su calcáneo (el hueso del talón), lo que le costó semanas en silla de ruedas.

Es inevitable entonces hablar de lo “fundamental” de esa figura en su vida. “Fabi apareció en un momento de mi historia en el que era muy necesario, por eso estoy convencido de que él es un gran regalo que alguien me hizo”, describe. “Yo tenía nueve años, era muy chiquito, y supo acompañarme muy de cerca hasta el día de hoy. Su abrazo generaba un confort distinto al que me daba mi vieja. Es por eso que, para mí, está en un pedestal muy alto. A otro nivel. Es otra cosa, es diferente. La importancia de su llegada fue básicamente estructural para todos. La de ´estar´... ´¡Estar!´”, enfatiza.

Lo que lleva a un ineludible interrogante acerca de la presencia de su padre. Tomás se propone ser claro frente a la comparación: “Está lo biológico y lo que te regala la vida. No es que uno está acá y el otro allá. No. Es distinto. Es ´como se puede´”. En definitiva, a esta altura del trayecto, Fabián es “indispensable”; así lo define. “Y le estaré siempre agradecido porque parte de lo que soy hoy tiene que ver 100 por ciento con Mazzei”.

Fotos Toto Suar 23-03-2023
Tomás Kirzner (Gastón Taylor)

Dice tener “muchos menos hobbies de los que me gustaría”. Por ejemplo, “debería hacerme más momentos para leer o para animarme a para preparar algo de todo lo aprendo viendo esos videos y programas de cocina con los que suelo colgar”. Y además, “para volver a tocar el bajo, como lo hice hasta los 18. Una actividad muy terapéutica para mí”, relata este fanático del metal y seguidor de bandas como Slipknot y Ghost, entre otras.

En tanto de esa introspección de puertas adentro Toto habla de eso que se hace cuando nadie nos ve. “No tengo religión, pero desde hace algún tiempo y especialmente durante todos esos momentos difíciles de los hablamos, empecé a adoptar el budismo”, revela. Apunta a la rama de Nichirin Daishonin, enfocado en el texto Sutra del loto y la creencia de que todos los individuos nacen con la naturaleza de Buda por lo que resultan capaces de alcanzar la iluminación en su forma actual y presente existencia. A través de un mantra y un Sutra, invita a una nueva perspectiva del dolor y de la dicha para atravesarlos con sabiduría. “Se trata del trabajo de la felicidad propia y ajena”, describe. Una corriente practicada por los Casero, que conoció mientras estuvo de novio con Minerva (23), estudiosa, entre otras cosas, de la historia, de la literatura y de la economía japonesas. “Es una filosofía terrenal y concreta, como me gusta a mí. La necesité, la incorporé y me sirvió para encontrar paz mental o equilibrio”.

¿Qué agradece Tomás Kirzner cuando agradece? “Estar bien cada vez que me despierto. Tengo una buena familia y grandes amigos que me quieren mucho. Eso es lo que agradezco, porque yo necesito que me quieran mucho”.

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