Litto Nebbia revisita dos de sus discos clave de los '70, pero advierte: "No me gusta hacer un cover de mí mismo"

El histórico músico repasa con Teleshow la recuperación de su fractura, el origen de Fuera del Cielo (1975) y Bazar de los Milagros (1976), su amor por la música brasileña, sus próximas presentaciones como quinteto y anuncia una serie documental autobiográfica sobre su vida

Litto Nebbia
Litto Nebbia en su estudio Melopea, donde crea su música
Guardar

Hay músicos que hacen carrera. Litto Nebbia hizo algo más difícil: hizo historia. Y la sigue escribiendo. A sus 75 años, con una rótula y un húmero recién recuperados, el fundador de Los Gatos ensaya con su quinteto el repertorio de dos álbumes que grabó hace medio siglo y que buena parte del mundo todavía no terminó de descubrir. Fuera del Cielo (1975) y Bazar de los Milagros (1976) son los protagonistas de un concierto que se celebrará el sábado 31 de octubre a las 21 en el Teatro Santa María, Montevideo 842, en la ciudad de Buenos Aires, con producción es de Darío Arellano.

No es nostalgia, aclara Nebbia. Es evocación. La diferencia, para él, es sustancial. Mientras la nostalgia mira hacia atrás con melancolía, la evocación convoca algo que estuvo vivo y puede volver a estarlo. Y lo que está convocando ahora es un período de su obra que quizás sea el menos conocido del gran público pero que, entre quienes lo siguieron de cerca, tiene la densidad de un clásico secreto: canciones largas, complejas, grabadas con músicos que venían del jazz y que no tenían miedo de tocar rock, folclore o lo que fuera necesario. Canciones que, en muchos casos, Nebbia no volvió a tocar desde que las registró.

PUBLICIDAD

Para la ocasión, el sello europeo Vampi Soul publicará reediciones en vinilo de ambos álbumes, con nueva masterización realizada por Mario Sobrino en Melopea, el sello que Nebbia fundó hace casi cuatro décadas y que sigue siendo su cuartel general creativo. Antes del show, Teleshow habló con él sobre la recuperación, los discos, Brasil, la industria musical y una serie documental de diez capítulos sobre su vida que podría estar lista a mediados del año próximo.

Nebbia atendió el teléfono apenas terminó de ensayar con Ariel Minimal —guitarrista y voz de Pez—, Mica Corley y Tomás Corley —bajo y batería de Los Reyes del Falsete— y Santi Martínez —teclados y voces de El Kuelgue—, los músicos que lo acompañarán en el escenario. Lo hizo con la misma energía con la que, según él mismo cuenta, encara cada nuevo proyecto: sin mirar demasiado atrás, sin pensar en jubilarse, convencido de que la vida —como la música bien escrita— no tiene fecha de vencimiento.

PUBLICIDAD

Retrato en blanco y negro de Litto Nebbia sobre fondo rosa junto a dos portadas de sus discos Bazar de los milagros y Fuera del cielo.
Litto Nebbia revisita sus álbumes Bazar de los milagros y Fuera del cielo

— En 2023 tuviste una fractura seria que te obligó a suspender conciertos. ¿Cómo fue esa recuperación?

— Me quebré la rótula y el húmero. Estuve un año en una cama. No podía ir al baño, no podía hacer nada. Me operaron, salió todo bien, pero después vino la recuperación, que con los huesos y la rótula son tres o cuatro años bajo la pata. Ahora estoy bien, no tengo dolor, camino despacito, tengo que cuidarme al bajar escaleras. Por eso había que postergar algunos aniversarios. El año pasado hicimos Pormelopea, que era de 1974. El año anterior, De Muerte en la Catedral, de 1973. Ahora les toca a estos dos, del 75 y el 76. Todos los años se cumple algo, cuando uno tiene tantos discos y tanto tiempo de carrera. Así que metí los dos juntos. Todos los días hago una hora, una hora y pico de ejercicios. A premio consuelo me digo: “Mick Jagger hace cincuenta años que hace eso por día”. El tipo sale corriendo al escenario. Si no movés el cuerpo, fuiste.

— ¿Qué lugar ocupa ese período —el de Fuera del Cielo y Bazar de los Milagros— dentro de tu trayectoria?

— Mirá, en esa época yo tenía un trío que duró más de seis años con dos grandes músicos que venían del jazz: Jorge “Negro” González en contrabajo eléctrico y Néstor Astarita en batería. Eran muy dúctiles, con una aplicación musical fenomenal, pero no eran ortodoxos. Si era rock, tocaban. Si era otra cosa, también. Entonces las canciones que yo llevaba tomaban un lenguaje nuevo que salía de la combinación de la experiencia de ellos y la mía por otro lado. Para colmo, en esa época nos juntábamos y grabábamos con músicos como Dino Saluzzi, Chango Farías Gómez, Rodolfo Acharrán, Manolo Juárez. Nadie tenía el prejuicio de tocar con el otro, a pesar de que algunos venían del folclore, otros del tango y otros del jazz. Tengo un muy buen recuerdo de esa época. Y fijate que estos dos álbumes acaban de salir en Europa, editados por Vampi Soul. Los compran tipos de Bélgica, de Holanda, de España. Lo importamos también para vender acá en los recitales.

— Fuera del Cielo nació de una experiencia escénica con el mimo Olkar Ramírez y con textos de Mirtha Defilpo. ¿Qué recordás de ese cruce entre música, teatro y palabra?

— Muy bueno. Nosotros éramos muy amigos de él. Era fotógrafo, había hecho varias tapas de discos nuestros. Pero también actuaba, practicaba danza, era mimo. Se anotó en el Festival Internacional del Mimo que se hizo en el Teatro General San Martín, en octubre del 74. Venían mimos de Venezuela, de Brasil, de todos lados. Y un día nos dijo: “No sé qué obra voy a preparar”. Entonces le pregunté si quería que le escribiéramos algo, de puro gusto, por hacer algo nuestro. Ahí Mirtha Defilpo escribió ese texto extenso que narra, poéticamente, las vicisitudes de un tipo que fracasa en casi todo lo que se mete. Un clown que fracasa. Por eso Fuera del Cielo. Yo inmediatamente le empecé a poner música. Cuando se lo mostré, a él se le ocurrió que por qué no actuaba en escena con él. Le dije: “Pero yo no soy mimo, me va a dar vergüenza”. Finalmente lo orquestamos: yo aparecía mientras él hacía su trabajo de mimo, narrando y cantando las vicisitudes, tocando el piano. Duraba 45 minutos. Tuvo muchísimo éxito. Cuando terminamos dijimos: “Uy, esto ahora va a quedar en la nada”.

Litto Nebbia
Para presentar los temas de Bazar de los milagros y Fuera del cielo, Litto Nebbia tocará en formato de quinteto

— ¿Y para este concierto pensaste en traer un mimo?

— No, lo voy a tocar con los chicos que toco ahora. Nada de eso. Lo que sí hice fue una adaptación para llevar aquello al disco: quité las improvisaciones más largas que había metido para acompañar el trabajo de él, dejé toda la parte del texto musicalizada, los cambios, y logré una versión de 14, 15 minutos, que es la que está en el álbum. Después hicimos tres o cuatro canciones más. Es un disco que trae cinco temas nomás. Son muy largos. Muy contento de haberlo dejado registrado.

— Al volver a trabajar sobre estas canciones, ¿qué encontraste en ellas que quizás no habías advertido cuando las grabaste?

— Es una sensación muy noble volverte a encontrar con cosas que no tocaste desde que las hiciste, es decir, hace medio siglo. Muy rara. Por un lado decís: qué buena cosa que hacíamos en esa época. Tocábamos mucho por el interior, en bolichitos, en pubs, y todo el mundo nos escuchaba dos o tres horas tocar estas cosas que eran barbaridades para la época, porque eran bastante complejas. No era rock de tres acordes. Tengo la sensación de que dejé las canciones guardadas en un cofre, enterrado en el fondo de un jardín, y las saqué ahora. Enseguida me acuerdo las melodías. Pero lo siento todo muy fresco, con mucha energía para tocarlo. Eso es lo que pasa cuando escribís sin el prurito de: “Esto no lo pongo porque es difícil, no lo van a entender”. Yo escribí lo que salía. Y eso hace que ahora las canciones sean muy ricas. Hasta se pueden disfrutar un poco más, quizás.

— ¿Qué se mantiene intacto de las versiones originales y qué cambia al tocarlas hoy?

— No me gusta hacer un cover de mí mismo. No tiene sentido. Además, las químicas entre los músicos y el tempo de las canciones tienen que ver con ese momento de tiempo y espacio que se viven y después no se ven nunca más. Algunas de estas las canto un poco más acelerado o más lento, y nunca será como cuando las grabé. Es otra historia. Lo que sí hago es una adaptación: hay temas que duran 20 minutos con todos los arreglos del trío de esa época. Les rescato la línea melódica, la armonía, la letra, pero los adapto. Lo vamos a grabar para ver si el año que viene lo publicamos también como disco en vivo.

Litto Nebbia
Litto Nebbia habló con Teleshow de su amor por la música brasileña

— Para esta revisión estás con Ariel Minimal, los hermanos Corley y Santi Martínez. ¿Qué encontraste en ellos?

— Son tipos que me gusta cómo tocan, pero más que nada que les gusta la música que yo escribo. Me llevo bien con ellos para hacer sonar esto. Ocurren cosas bárbaras porque a todos les gusta, pero muchas cosas que escribí ellos no habían nacido todavía. Es como un secreto a voces. Por el momento somos un quinteto y suena muy bien. Tiene otra química, otras improvisaciones. Por eso me gusta cómo está saliendo.

— Bazar de los Milagros tiene una influencia brasileña muy marcada e incluso su título viene de una novela de Jorge Amado. ¿Qué lugar tenía Brasil en tus búsquedas musicales de esos años?

— Ese disco es manifiestamente un disco dedicado a la climática de Brasil. El título viene de la lectura de dos o tres libros de Jorge Amado, el bahiano: Teresa Batista, Tienda de los Milagros. Me impresionaron mucho. Un día dije: “Voy a juntar todo esto”. Y por eso grabé el disco con Daniel Homer, que es otro loco de la música brasilera. A mí siempre me gustó Brasil desde la música más antigua hasta las cosas nuevas. Cuando vas allá te das cuenta de que toda la gente ama su música, la defiende a muerte. Acá nosotros nos creemos que somos nacionalistas. No es así. Acá discutimos treinta años sobre si empezó el tango o no. Los brasileros aman a todos sus artistas. Y logran meterse internacionalmente, cosa que es muy difícil con otras músicas. Si me preguntás cómo es reconocida la música argentina en el mundo, es el tango, sí. Por las viejas películas de Gardel o de Libertad Lamarque y también por la danza. Pero la música brasilera la reconocés en cualquier lugar de la Tierra.

— ¿Hubo un vínculo personal con esa música, más allá de lo estrictamente musical?

— Sí, cuando yo tenía 19 años conocí a Tom Jobim, conocí a Milton Nascimento. Una vez me invitó a su casa Elis Regina. Estuve con Hermeto Pascoal. He estado con algunos de ellos en distintos viajes. Eso hace que entiendas un poco más de su historia, de su música. Tienen unos libros muy buenos sobre su historia. Yo entiendo bastante. Me gustan los compositores. En cada zona tienen una onda distinta. Los de San Pablo, los cariocas de Río, los de Minas Gerais, donde no hay agua ni mar y hay una música espectacular. El más importante que salió de ahí es Milton Nascimento. Y como quince tipos más amigos de él, de sus barras. Todos cantan y tocan bien.

Litto Nebbia
Litto Nebbia tendrá el año que viene su propia docuserie biográfica, que produce su hija Miranda

— Tu productora Melopea lleva casi cuatro décadas. ¿En qué proyectos estás concentrado ahora?

— Estamos sacando esencialmente discos míos. El negocio ha cambiado: no hay la cantidad de tiendas de discos que había antes, y una parte importante se vende digitalmente. Pero el que toca en vivo, como mi caso, vende mucho en los shows. Lo que más renovamos son mis discos personales y vamos sacando otros en menor medida que en otras épocas. Hubo años que yo producía veinte discos de otros artistas; ahora capaz que produzco tres. La economía está muy difícil para la gente. Hay que ser ubicado con la realidad, especialmente cuando uno hace lo que le gusta. Todo lo que hago de música tiene como búnker a Melopea, y siempre con capital que sale de la misma música: giras, derechos de autor, documentales, películas.

— ¿Y hay algún proyecto propio en puerta además del concierto?

— Sí. Mi hija Miranda, junto con el cineasta Marcelo Yapses, está haciendo una serie sobre mi historia. Diez capítulos de aproximadamente una hora cada uno. No es ficción. Está hecha con cuarenta testimonios. de músicos, escritores, gente que quiere opinar sobre mí. Yo también aparezco enlazando las narraciones. Cada capítulo está dedicado a una parte más o menos fundamental: mis inicios, Los Gatos Salvajes, Los Gatos, cuando empiezo como solista, el exilio, la vuelta, Melopea, hasta el capítulo más actual. Hay material inédito de actuaciones, reportajes, lugares en vivo. Y está hecha con un criterio bastante cinematográfico. Por ejemplo, Pablo Helman, el técnico que hace los efectos especiales con Martin Scorsese y antes con Steven Spielberg, que es muy amigo mío, tuvo la gentileza de mandarme algunas cosas inéditas de la última película de Scorsese donde él trabajó. Esas cositas van a estar de adorno. Si todo sale bien, es posible que a mediados del año próximo ya se pueda ver en alguna plataforma.

— Después de haber sido compositor, intérprete, productor y editor durante tantas décadas, ¿qué te sigue dando curiosidad?

— Esto es un poder de vocación: o lo tenés o no lo tenés. No es una tarea que vos algún día digas: “Ahora no lo hago más, me jubilo”. No existe eso. Lo que hacés es seguir adelante con nuevos proyectos que nacen a partir del último que hiciste. Querés intentar tocar con otro, escribir así, asado. Lo hacés con una conciencia totalmente de vida. Yo le explicaba el otro día a alguien que me lo preguntaba como si uno pudiera decidir parar: “Nosotros no sabemos de dónde venimos a este planeta, pero tampoco tenemos una fecha de cuándo nos vamos. Al no tener eso, para mí la vida es interminable”. Esa es mi idea. Hoy que soy más grande y estoy bastante estabilizado, si antes lo hacía cuando había épocas que no tenía para comer, imaginate ahora.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD