La Maga Caro, la ilusionista argentina que convirtió el asombro en una forma de vida: "La magia no tiene género ni edad"

La maga de 23 años habló en exclusiva con Teleshow sobre sus comienzos, el desafío de abrirse camino en un mundo de hombres y su nuevo espectáculo

La Maga Caro comparte una de sus habilidades con una baraja de cartas como parte de su labor en el mundo del ilusionismo (Gentileza de prensa)
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Caro Scialabba tenía apenas cuatro años cuando una vieja caja de magia despertó en ella una curiosidad que nunca volvió a apagarse. Lo que para muchos podía haber sido un juego de infancia se convirtió, con el tiempo, en una forma de mirar el mundo y de encontrar belleza en aquello que no tiene una explicación inmediata. A los 23 años, La Maga Caro ya es campeona latinoamericana de ilusionismo, una de las pocas mujeres argentinas que logró abrirse camino en esa disciplina y la artista más joven en ingresar a la Entidad Mágica Argentina. Detrás de cada carta, cada coincidencia y cada gesto de asombro, había una historia de esfuerzo, sensibilidad y perseverancia que compartió en exclusiva con Teleshow.

Su recorrido también estuvo marcado por el deseo de ocupar un lugar propio en un universo en el que las mujeres históricamente quedaron relegadas a un segundo plano. Desde que comenzó a formarse de manera profesional, Caro no solo perfeccionó una técnica, sino que también construyó una voz capaz de desafiar los prejuicios y abrirles camino a otras artistas. Llevó su magia a escenarios de América y Europa, recibió reconocimientos internacionales y representó al país en competencias de alto nivel. Pero, más allá de los premios y los escenarios, su búsqueda conservó algo de aquella niña que se acercó por primera vez a una caja de trucos: la necesidad de descubrir qué puede ocurrir cuando alguien se anima a mirar un poco más allá de lo evidente.

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En ese camino, Sintonía Mágica apareció como una nueva manera de compartir esa mirada con el público. El espectáculo reunió cartomagia, mentalismo, humor, música y participación de los espectadores, aunque su verdadero centro estuvo en la cercanía y en la posibilidad de recuperar el asombro como una experiencia compartida. Las nuevas funciones se realizarán el 23 y el 30 de octubre, en el Teatro Buenos Aires, ubicado en pleno centro porteño. Allí, La Maga Caro volverá a poner sus cartas sobre la mesa para recordar que, a veces, no hace falta entender cómo ocurre algo para dejarse conmover por el instante en que sucede.

A los 23 años, Caro Scialabba se consolidó como una de las pocas magas profesionales de la Argentina (Gentileza de prensa)
A los 23 años, Caro Scialabba se consolidó como una de las pocas magas profesionales de la Argentina (Gentileza de prensa)

—¿Cuál fue tu primer acercamiento con la magia y el ilusionismo?

—Comencé con la magia a los cuatro años, muy de chica. Empecé a través de una cajita de magia de juguetería que estaba en el living de mi casa, mirando las Manos Mágicas por la televisión, mirando a René Lavand y todo lo que había de magia en la televisión en ese momento. También jugaba con las cartas, que siempre me gustaron, Cuando vi que la magia era lo mío, empecé a intentar buscar más. A los siete comencé a estudiar y en ese momento me di cuenta de que me quería dedicar a eso.

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—¿Qué fue lo que te enamoró de la magia y del ilusionismo cuando eras chica?

—Me gustó mucho poder llegar a la gente, tener algo para contar y tener algo para compartir. La magia es un medio para poder contar una historia, llegar al público y compartir algo que uno siente. En ese momento, para mí, la magia comenzó como un juego, pero era un juego donde podía ser yo misma, divertirme y divertir a otros. Hacía magia para niños y para adultos.

La pasión por la magia y el ilusionismo comenzó en la infancia de Caro, cuando quedó fascinada por una caja de magia (Gentileza de Caro Scialabba)
La pasión por la magia y el ilusionismo comenzó en la infancia de Caro, cuando quedó fascinada por una caja de magia (Gentileza de Caro Scialabba)

Empezó como un juego, con una cajita y a los cuatro años, cuando el mundo es diversión, juego y aprendizaje. La magia creció conmigo y hoy tengo 23 años. En todo ese proceso evolucionó, me acompañó a través de mi crecimiento y estuvo presente en mi vida desde ese momento. También se fue transformando en distintas cosas que quería expresar y contar. Fue una gran compañía y un gran motor para transmitir lo que uno siente.

—¿Cuándo te diste cuenta de que no era un simple pasatiempo?

—A mí me gusta mucho lo artístico. Es algo que tengo desde chica. Me gusta mucho la música, hice circo, estudié piano, guitarra y canto. Lo artístico siempre estuvo presente en mi vida, pero la magia fue lo que perduró desde entonces. La música es algo que hoy mantengo y que se relaciona mucho con la magia, pero es un hobby. La magia empezó a transformarse en una profesión cuando comenzó a ser parte de mi día a día y empecé a convertirme en una artista más integral. Ya no era “hago magia” o “toco el piano”, sino que todo componía el mismo hecho artístico. Todo se complementa. No es que cuento historias o cuento lo que siento: estoy contando a través de mi magia.

" Lo artístico siempre estuvo presente en mi vida, pero la magia fue lo que perduró desde entonces", aseguro Caro (Gentileza de Caro Scialabba)
" Lo artístico siempre estuvo presente en mi vida, pero la magia fue lo que perduró desde entonces", aseguro Caro (Gentileza de Caro Scialabba)

También empecé a abarcarla de una manera más profesional. Estudié con el campeón mundial de magia Henry Evans, acá en la Argentina, y comencé a ir a congresos de magia donde estaban presentes los grandes artistas de ese momento. En su momento conocí a René Lavand, que es uno de los próceres de la magia narrativa, que es lo que más me gusta hacer y a lo que me estoy dedicando a fondo hoy. La magia narrativa tiene que ver con tener algo para contar, poder hacerlo a través de las historias y combinar la magia con la posibilidad de dejarle algo al espectador para que reflexione, no solamente el efecto mágico en sí. Uno empieza a nutrirse, va a congresos, a talleres. Yo también empecé a dar clases a los 16 años. Además, comencé a viajar por el mundo con mi magia y a intercambiar culturalmente con otros artistas.

—A los 11 años entraste a la Entidad Mágica Argentina y, a los 13, ganaste el primer premio de la Federación Latinoamericana de Sociedades Mágicas. ¿Cómo viviste esos logros a una edad tan temprana?

—Fue un poco una locura. Yo vivo la vida muy intensamente, vivo por dos, realmente, porque siempre me gustó hacer muchas cosas al mismo tiempo y dedicarme con pasión y mucha dedicación a todo lo que me gusta y me hace feliz. No fue algo que ocurrió sin que me diera cuenta, sino algo que busqué. En el mundo de la magia hay bastante competencia y, en general, uno busca alcanzar algún premio para tener reconocimiento dentro de sus pares. Yo era chica, pero recuerdo que cuando llegó por primera vez un mazo de cartas dije: “Bueno, quiero ir a competir, quiero poder demostrar que, a pesar de la edad que tengo, puedo estar a la altura de un nivel de competencia”.

Con tan solo ocho años, La Maga Caro demostró su talento con un acto de magia durante su tiempo en una colonia de verano (Gentileza Caro Scialabba)

Fueron años de preparación y entrenamiento, de practicar ocho horas por día para poder llegar a eso, armar una rutina y tener algo para contar. Porque si no estás seguro de lo que creés o de lo que querés transmitir, es muy difícil conquistar a tu público.

—¿Cómo fue crecer a la par de tu profesión?

—Fue algo que se dio de manera muy natural. La magia siempre estuvo muy presente en mi vida, tuvo altos y bajos y me acompañó a través de absolutamente todo. El escenario siempre fue para mí un lugar seguro, un lugar donde me siento plena y disfruto.

La vida tiene muchas idas y vueltas, como le sucede a cualquier niño o adolescente, pero en la magia siempre encontré un lugar atemporal. La magia no tiene edad, no tiene género, no tiene nada. Recibe a todos por igual. Me pasó que, en el escenario, no tenía ninguno de los problemas que uno puede atravesar en el día a día. En el escenario se detiene todo y el show debe continuar. Era ese cable a tierra que uno a veces necesita, tanto para mí como para la persona que iba a ver un espectáculo. Era un lugar muy lindo donde estar, porque transmitís eso. Si vos estás feliz y disfrutando arriba del escenario, el público lo siente y lo recibe.

Desde que encontró su vocación, Caro buscó perfeccionarse y hacerse notar en el ámbito (Gentileza de Caro Scialabba)
Desde que encontró su vocación, Caro buscó perfeccionarse y hacerse notar en el ámbito (Gentileza de Caro Scialabba)

En este espectáculo que estoy por presentar hablo de la sintonía mágica, las conexiones humanas, las conexiones con otras personas, la distancia y el tiempo. Hay muchas reflexiones de la vida de uno dentro de un guion y de un espectáculo, porque obviamente lleva un guion y un trabajo enorme, más allá de lo que se ve como resultado final. Eso ayuda un montón. Es como cerrar los ojos y dejar que lo artístico fluya.

—¿Cómo se tomaron tus padres la decisión de que fueras una maga profesional?

—Mis padres me acompañaron mucho. Ellos estuvieron presentes durante todo el proceso. Siempre me acompañaron en los espectáculos y en todo lo relacionado con ese mundo, porque obviamente era llegar y tener a una niña de nueve años a cargo de una función. Si bien yo podía hacer toda la parte artística, a veces era complicado que del otro lado me tomaran en serio. Entonces mis padres me ayudaron con las relaciones públicas y con todo lo que hacía falta. Con el tiempo, empecé a administrarme yo esa parte. A los 15 o 16 años dejé de vivir en zona sur, porque soy de Hudson, y me vine a vivir a Capital Federal. Ahí comencé a hacer, más acompañada, todo lo que antes hacía con ellos.

"La magia no tiene edad, no tiene género, no tiene nada. Recibe a todos por igual", asegura la ilusionista de 23 años (Gentileza de prensa)
"La magia no tiene edad, no tiene género, no tiene nada. Recibe a todos por igual", asegura la ilusionista de 23 años (Gentileza de prensa)

—Hoy sos una de las referentes femeninas de la magia en la Argentina. ¿Cuándo tomaste conciencia de que las mujeres son minoría en ese ámbito?

—Nunca ocurrió un momento puntual en el que me diera cuenta, porque fue una realidad desde el día cero. Llegué a la Entidad Mágica Argentina siendo la única mujer y la única menor de edad. Entonces fue algo que estuvo presente desde el principio.

Hay profesiones en las que es muy difícil no darse cuenta de la mayoría masculina. Cuando, de pronto, en todas las reuniones sos la única mujer, salvo por alguna esposa o novia de alguien, es algo que culturalmente llama la atención. También es extraño que esa realidad no haya cambiado a través de los años. La mujer en la magia siempre estuvo del lado de la asistente o de la partenaire. Yo llegué a la magia por amor al arte. Cuando vi que era un mundo de hombres, entendí culturalmente dónde estábamos parados, pero seguí adelante.

En 2019 creé Noche de Reinas. En ese momento circulaba en los medios la pregunta de si existían mujeres en la magia. Se había hecho muy viral una pregunta que habían formulado en el programa de Mirtha Legrand: “¿Existen las mujeres en la magia?”. También se había relacionado a las mujeres con el mundo místico, las brujas y las hechiceras. Un poco en respuesta a esa pregunta y también para dar a conocer y bajar a tierra esa idea, porque la gente no tiene por qué saber, me pareció importante demostrar que estamos y que somos. Es verdad que somos muy pocas las mujeres en la magia, pero existimos. Somos poquísimas alrededor del mundo. Ojalá haya más mujeres en la magia y que la existencia de cada una de ellas sirva como una forma de resistencia cultural. La magia no tiene género ni edad.

"Es verdad que somos muy pocas las mujeres en la magia, pero existimos", comenta Caro ante la creación de Noche de Reinas (Gentileza de prensa)
"Es verdad que somos muy pocas las mujeres en la magia, pero existimos", comenta Caro ante la creación de Noche de Reinas (Gentileza de prensa)

—También tenés un programa de radio y sos docente. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre todos esos proyectos?

—El periodismo me gustó desde siempre. A mí me gusta la comunicación en general. Todo lo que hago en mi vida es comunicar, ya sea desde la música, la magia o el periodismo. Es parte de todo. Yo escribo desde siempre: canciones, guiones y pensamientos. Siempre tengo la necesidad de bajarlo al papel. Comunicar es algo muy natural en mi vida, al igual que transmitir y compartir. No sé si la palabra es generar comunidad, pero sí poder generar un espacio seguro para que quien está del otro lado sienta que no está solo.

Muchas veces uno piensa la magia desde arriba del escenario, en formato vertical, comprando una entrada y viendo el espectáculo desde el público, pero la magia también se puede hacer en la radio. Hasta mitad de este año tuve una columna de magia en Radio del Plata, donde contaba curiosidades y hacía magia en vivo todos los viernes. En este momento tengo un segmento de magia para personalidades del mundo del espectáculo en MDZ. Se entrevista a una personalidad y se le hace magia, pero se llega a través de las historias y las conexiones. La magia es una forma de llegar, conectar, sentir y reflexionar. Por eso me gusta generar espacios para la magia en lugares que quizás no son tan cotidianos.

La Maga Caro junto a René Lavand
La Maga Caro junto a René Lavand

—Con todos los proyectos que tenés hoy, ¿qué metas sentís que todavía te falta cumplir?

—A corto plazo tengo todo el foco puesto en el espectáculo que estoy estrenando. Estoy muy enfocada en eso, lo cual es un sueño hecho realidad. Es un proyecto en el que se viene trabajando hace mucho tiempo con un equipo hermoso. La dirección está a cargo de Guillermo Courau y también habrá un músico invitado, Néstor Gebruers. Va a estar puesto en escena todo lo que hoy me hace feliz y me representa: la magia narrativa y la posibilidad de trasladarla a la cotidianidad y al contexto cultural actual.

Eso es algo que estoy trabajando y que me hace muy feliz. Después quiero llevar este espectáculo y los próximos, que ya se están trabajando, al público. Me gustaría que las personas vivan la magia, se acerquen y la disfruten como parte de la cultura.

Por otro lado, a largo plazo me gustaría mucho volver a viajar por el mundo con mi espectáculo. Digo “volver” porque estuve viajando recientemente. Este espectáculo tuvo su primer inicio en Brasil, pero me gustaría comenzar otra gira, por lo menos con Sintonía Mágica, que es lo que me hace feliz hoy. Quiero llevar mi magia a otros países, como ya lo hice en el pasado, pero ahora desde otro lugar y con mi espectáculo unipersonal, sola. Esa es la meta a largo plazo. La meta de un artista siempre es poder seguir viviendo, disfrutando y transmitiendo lo que realmente le gusta.

La joven de 23 años se prepara para su próximo show en el microcentro porteño (Gentileza de prensa)
La joven de 23 años se prepara para su próximo show en el microcentro porteño (Gentileza de prensa)

—¿Qué consejo le darías a alguien que quiere meterse en el mundo de la magia?

—Que disfrute. Que no olvide que la magia es un juego, un medio y algo que sirve para contar. Es algo que se vive y se disfruta, y que realmente no exige nada en particular. Obviamente, si uno quiere trabajar de esto y vivir de esto, lleva mucha práctica y entrenamiento. Pero la magia es noble, en cualquier género y a cualquier edad. Sencillamente, uno tiene que enamorarse de lo que hace. En esto y en cualquier hecho artístico, hay que encontrar esa pasión. Hay que animarse a preguntar, animarse a ver, animarse a disfrutar y dejar que la magia ocurra. La magia te sorprende. Es una forma de tener un cable a tierra. Así que mi consejo es que nunca dejen de jugar.

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