Ricardo Darín contó qué aprendió trabajando con Héctor Alterio y Norma Aleandro: “Te hacen jugar mejor”

El actor describió la inspiradora actitud de sus colegas, cuyas enseñanzas forjaron su ética y su compromiso hacia una profesión basada en la colaboración sincera

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Ricardo Darín, un niño entre gigantes: el asombro ante Héctor Alterio, el lazo inesperado con Norma Aleandro y los silencios que educan (Por favor rebobinar. Olga)

La primera vez que Ricardo Darín sintió el impacto genuino del arte de actuar fue en la infancia, cuando compartió escenario con Héctor Alterio. “Me enamoré de su forma, no solo de actuar, sino de su forma de ser, cómo llevaba adelante su oficio”, confesó Darín, en una entrevista con Seba De Caro en Olga, recordando aquellos días en los que tenía apenas nueve años y observaba con admiración la generosidad del experimentado actor.

Alterio, según Darín, marcó la diferencia desde el primer momento. “Su generosidad se ponía al servicio de repartir el juego y no quedarse con nada”, relató, subrayando que esa actitud poco habitual dejaba una huella profunda en quienes lo rodeaban, sobre todo en los más jóvenes. El entonces niño notó que el trato de Alterio lo ubicaba como un igual, sin condescendencia ni paternalismo. “Él te trataba como un par”, destacó. Aquella calidad humana y profesional fue el primer modelo de lo que, para Darín, significa realmente actuar.

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Héctor Alterio en El hijo de la Novia, con Ricardo Darín y Norma Aleandro

La experiencia temprana con Alterio contrastó con lo que vio después en otros actores adultos, quienes, ante la presencia de menores en el set, solían adoptar una postura distante o didáctica, asumida desde la superioridad. Darín recordó: “He visto a muchos colegas en situaciones trabajando con niños y es difícil escapar a la idea de que, ‘bueno, estás trabajando con un niño que no entiende muy bien…' Él no hacía eso”. La actitud de Alterio, que huía de los lugares comunes y del trato condescendiente, le enseñó a Darín un principio fundamental: el respeto por el otro, sin importar la edad o la experiencia.

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Ricardo Darín rememora a Héctor Alterio: “Me enamoré de su forma, no solo de actuar, sino de su forma de ser, cómo llevaba adelante su oficio”

Con los años, Darín se cruzó en su carrera con figuras que, sin proponérselo, terminaron modelando su vocación. “Son de esos maestros que te enseñan sin pretender enseñarte nada”, dijo, refiriéndose a nombres como Norma Aleandro. El vínculo con Aleandro cobró una dimensión especial en el rodaje de El hijo de la novia, de Juan José Campanella, película en la que compartieron escenas decisivas.

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La primera impresión de Darín al enfrentar a Aleandro en el set fue de absoluta incertidumbre. “Era una gran incógnita que tenía en El hijo de la novia, qué iba a hacer con esa mujer con Alzheimer, qué es lo que va a hacer”, relató. Aunque habían ensayado y leído el guion, la realidad del rodaje superó cualquier previsión.

Norma Aleandro SF
La actuación sincera y la entrega de Aleandro en set sorprendieron a Darín y elevaron su propio nivel artístico

El primer mano a mano entre ambos, ya en pleno rodaje, lo dejó sin palabras. “La primera escena en donde teníamos un mano a mano con texto que yo... me desmayé. Creo que nunca había visto una cosa así, de ese nivel de verdad”, confesó, evocando ese instante de revelación en el que la actuación dejaba de ser técnica para convertirse en una experiencia transformadora.

En la carrera de Ricardo Darín hubo momentos que marcaron su relación con la actuación y con el oficio en general. El contacto con actores como Alterio y Aleandro le permitió comprender que el verdadero talento no se impone, sino que se comparte, y que la generosidad es tan esencial como la destreza técnica. En palabras del actor, esas ocasiones no solo enseñan, sino que también elevan el nivel: “Te hacen jugar mejor”.

Norma Aleandro SF
La generosidad profesional de Héctor Alterio marcó a Darín desde los nueve años y definió su concepto de actuación

La importancia de estos encuentros trasciende la mera anécdota personal. En la industria, las relaciones intergeneracionales suelen estar cargadas de tensiones, donde la experiencia puede transformarse en una barrera y no en un puente. Lo que Darín halló en Alterio fue justamente lo contrario: un modelo de generosidad que no se reservaba para sí los mejores momentos, sino que los ofrecía para que todos brillaran.

El caso de Aleandro, por su parte, le enseñó que la actuación puede ser un espacio de descubrimiento mutuo y de entrega total, sin importar cuán planificado esté el trabajo. El resultado, como recuerda Darín, es “un nivel de verdad” que conmueve tanto al público como a los propios actores.

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Ricardo Darín destaca que el respeto y la igualdad entre actores son valores esenciales aprendidos de grandes maestros del cine

A lo largo de su trayectoria, Darín aprendió que los grandes intérpretes son aquellos que logran que los demás también sean mejores, que elevan la vara del conjunto y que, con pequeños gestos o silencios, dejan aprendizajes que perduran. “Te enseñan sin pretender enseñarte nada”, sintetizó.

En definitiva, el recorrido de Ricardo Darín está marcado por la influencia de maestros que, con su actitud y profesionalismo, transformaron su forma de entender la actuación. Esas experiencias, vividas tanto en la niñez como en la adultez, consolidaron la idea de que actuar es, en última instancia, un ejercicio de generosidad, respeto y entrega compartida.

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