
Teo López Puccio, hijo de Ana Moraitis y Carlos López Puccio— fundador de Les Luthiers— debutará en el Teatro Picadero con Problema I, una obra escrita y protagonizada por él que fusiona humor, matemática y música. A sus 27 años, Teo ya trazó un recorrido diverso en el mundo teatral: participó como director musical, compositor, músico y actor en proyectos de referentes como Mariano Tenconi Blanco, Mariana Chaud, Gustavo Tarrío, Juanse Rauch y Marcos Krivocapich.
Su talento fue reconocido en 2022, cuando quedó seleccionado en la Bienal de Arte Joven con los creadores de Dirección desconocida. Más tarde, con Familia no tipo y La Nube Maligna, recibió, junto a Mariana Chaud y Pablo Viotti, nominaciones a los Premios Hugo en las categorías “Mejores letras” y “Mejor música original”. Además, consiguió una nominación personal a “Mejor Dirección Musical” en los Premios ACE y, junto al equipo, obtuvo un ACE al mejor espectáculo infantil.
Ahora, con Problema I, Teo redobla la apuesta y se lanza a escena con una propuesta que promete integrar sus pasiones y su sello personal, combinando el ingenio matemático, la música y el humor en un espectáculo singular. Días antes del estreno habló con Teleshow de esta nueva apuesta arriba del escenario.

—Con solo 27 años dirigiste, protagonizaste y escribiste obras, ¿cómo sucedió?
—Depende de dónde agarre la pregunta, porque tengo una especie de vida de músico y de actor en el mundo del teatro y otra vida como matemático, ligado a la vida académica. Vengo de una familia muy de artistas, mi viejo es humorista, laburó en Les Luthiers, siempre estaba de chico tras bambalinas mirando cómo era el mundo del teatro, de los espectáculos. Mi mamá es cantante, entonces, estoy muy estimulado con el arte desde chico, sin presión por parte de ellos. A los ocho años empecé a tocar el piano, me llevaron a clases de teatro y todo eso me gustaba, me causaba disfrute, desde chiquito tenía intereses, sobre todo por la música, y el teatro también, pero eso lo dejé. Sin embargo, con la música seguí hasta mi adolescencia, seguí tomando clases y tocando el piano, componiendo.
—¿Cómo fue tu primer acercamiento al teatro?
—Primero empecé a ir a unos cursos, un cursito de poesía en mi colegio. Parece que no tiene nada que ver, pero a través de la poesía conocí gente que hacía eventos de poesía performática, que iban y leían en voz alta y me empecé a animar, empecé a salir, empecé a ir ahí y volví a encontrar con gente que me había cruzado cuando era muy chico haciendo cursos de teatro y a partir de ahí surgió todo el mundo del teatro. Como que desde la poesía conocí mucha gente que me empezó a proponer cosas, particularmente Marcos Krivocapich, que hoy es el director del unipersonal que voy a estrenar en abril. Fue como mi primer amigo del mundo del teatro y me propuso hacer una obra con un piano y títeres. Llamó a un par de amigas de él y terminamos haciendo un espectáculo de café concert que funcionó durante varios años y que terminó consolidando una compañía que tenemos hoy en día, que es Estudio QP.
—En medio del teatro y la música, aparece la matemática
—No era bueno en matemáticas para nada, no me gustaban los números en absoluto, pero mi viejo tiene una especie de interés por la ciencia, hizo unos años de ingeniería cuando era joven, un poco obligado por su familia, porque querían que tuviera una carrera seria. Eso en mi familia está: esa curiosidad sincera por cómo funciona el mundo, leer libros de divulgación. Entonces de chico también estaba expuesto a eso, desde un lugar del interés sincero y no científico, porque mi viejo no tiene necesariamente un conocimiento especial sobre esas cosas, pero sí es muy curioso. Desde chico sabía que pese a que no era bueno con los números, tenía mucho la curiosidad. el interés científico, la mirada científica del mundo de simplemente preguntarse cómo funcionan las cosas y estar abierto a entender explicaciones y ver dónde está la evidencia para entender por qué algunas cosas son ciertas y otras no.

—¿Cómo fue el flechazo con la matemática?
—Hacia el final de la secundaria empecé a ver que tenía un par de amigos que iban a las olimpiadas de matemáticas y se juntaban a hacer algo distinto a lo que nosotros hacíamos en las clases, ellos se juntaban a resolver problemas por gusto y algunos eran sobre hacer cálculos, pero muchos otros eran entender por qué algo funcionaba. Lo más lindo no eran las competiciones, sino cuando se juntaban a aprender después del colegio e intentaban entender mecanismos por los cuales algunas cosas ocurrían. Había muchos problemas de geometría y, a mí, que soy muy visual, me gustan las cosas que se pueden entender con los ojos, y la geometría conectó un par de cosas en mí que yo no sabía que me gustaban. Y la geometría es un lugar en donde definitivamente lo que estás haciendo es matemática, pero no es la matemática que uno se le viene a la cabeza, es más tipo: te doy una lista de instrucciones, imaginate que agarrás una regla, un compás, que hacés este dibujo, te doy unos pasos que seguís y fijate que por ahí, si seguís estas instrucciones, siempre estas tres líneas coinciden, sin importar dónde vos hayas puesto los puntos para empezar. De pronto uno dice: “Che, está raro, ¿por qué pasa esto?” y te das cuenta de que detrás de ese dibujo hay una especie de lógica y que se puede comprender con un poquito de razonamiento, pero no hay un cálculo perse, no hay una cuestión aritmética, hay más un razonamiento y con quince, sentí un flechazo. Sentí un flechazo con eso, de pronto me puse a buscar en Internet, charlaba con mis amigos, los que iban a olimpiadas y empecé a leer mucho de ese tema porque me encendía algo adentro mío que nada más había encendido.
—¿Es esa búsqueda de explicaciones lo que te llevó a hacer contenido en redes?
—Creo que no es tanto intentar explicar en sí, sino intentar comunicar el disfrute. Los años que yo pasé estudiando matemática en la UBA fueron fácilmente los mejores años de mi vida, porque la pasaba muy bien. Ahora, el contraste entre eso, entre lo bien que la pasa la gente a las que eso les produce pasión y la percepción pública general que la gente tiene de la ciencia y especialmente de la matemática, donde es una de esas disciplinas en donde la gente no le da vergüenza decir que es mala o que no le interesa, lo dice con naturalidad e incluso a veces hasta con orgullo. Intenté buscar la razón de eso y cuando lo racionalizo digo: ‘Por ahí falta más gente mostrando que se puede estar entusiasmado con algo así’, si la ciencia también es parte de la cultura heredada de la humanidad, lo que nos falta es contagiárnosla entre nosotros. Hago contenido corto ahora, te obliga a simplificar, necesitas hacer las cosas muy para llamar la atención y, para ser sinceros, en dos minutos no podes comunicar una idea verdaderamente profunda, entonces, en redes intentó explicar algo, pero lo más importante es mostrar que a alguien le interesa e intentar contagiar ese interés, ese entusiasmo y si te pica ese bicho, vas a tener toda la información disponible en el mundo.
—¿Cómo nace la idea de juntar todas tus pasiones en una sola cosa, que es Problema I?
—Vi que la cuenta de Instagram estaba funcionando muy bien. Me sorprendió tener una audiencia tan grande, en poco más de un año, y dije: “Che, esto está buenísimo, yo tengo ganas de aprovechar y hacer algo más afuera de las redes”. Hay muchas personas en mi situación que habrían tomado distintos caminos, pero yo tengo a mano el mundo del teatro, aunque no se vea en mi cuenta, es lo que hice durante los últimos siete años, es mi lenguaje natural, donde tengo muchos recursos a disposición y donde conocí a mucha gente muy buena para hacer algo bueno. Me pareció que hacer una obra de teatro era tanto un desafío como algo muy original que podía ofrecerle a la escena local.

—¿Cómo fue el proceso de escribirla con tu amigo?
—La verdad, estuvo muy bueno, porque Marcos es una persona también muy curiosa, le interesan las cosas, pero no es matemático, no sabe del tema como alguien que estudió una carrera, realmente me servía mucho de termómetro y nuestras primeras reuniones eran juntarnos, le contaba algo y él me decía: “Uy, qué interesante, a ver” y si veía ese brillo en sus ojos, yo seguía, seguía y hacía unos dibujos y le contaba cosas que me imaginaba y otras veces empezaba a hablar y él me decía: “Mmm... No, no, eso no” y si no podía convencerlo de que había algo interesante ahí, si no lo veía pedirme más, íbamos por otro lado. Así fuimos haciendo una larga lista de acciones, ideas, anécdotas, chistes, todas cosas relacionadas con la historia de la matemática. Y así hicimos una especie de línea de tiempo desde las primeras civilizaciones que escribieron números hasta los problemas abiertos que sigue habiendo en matemática hace poquitos años, y descartando un montón de cosas en el medio, pero paseando por toda la historia de la matemática. La obra tiene un poco ese dejo de nuestras conversaciones, de un viajero en el tiempo que va encontrando distintas cosas a lo largo de la historia, todas relacionadas con este misterio, que es: ¿qué es la matemática?
—¿Cómo te estás preparando para el estreno?
— La obra está bien. Estamos contentos. Estoy ensayando mucho, terminando de ordenar cosas, hago música para la obra también, pero también produjimos algunos videos, sonido, mucho diseño de cosas y hay objetos, luces, como que hay mucho truco escénico. Me gustaba también esto de salir de las redes, de intentar llevar a la gente a algo que para mí va muy en contra de la época que es poner a la gente en un lugar físico mirando a alguien en escena, sin poder usar tu celular durante hora y pico. De repente se habilitan un montón de cosas. ¿Y cómo hago que esto sea interesante? Bueno, quiero que haya luces, quiero que haya humor a través de sonido, a través de objetos que aparecen. Quiero explicar lo que es una sección cónica intentando encontrar la forma de que la gente lo vea en escena. ¿Cómo hago? Bueno, y ahí surgen un montón de cosas que valen más en el teatro que en cualquier medio grabado. La matemática tiene un poco eso de la sorpresa, de tipo: “Che, ¿cómo puede ser que esto funcione?”. Para mí la forma ideal de hacerlo era ensayar y practicar muchas cosas divertidas de ver.
—¿Le mostraste la obra a tu papá antes del estreno?
—A mi viejo le llevé algunas cosas, le mostré algunas cositas. Todo le divierte, todo le gusta. Y ni siquiera tenemos necesariamente el mismo sentido del humor. Hay cosas donde efectivamente él quizás no entiende por qué lo que yo estoy haciendo va a ser gracioso, pero hay algo de distintos consumos culturales a lo largo de los años. Pero conectamos mucho. Le pedí ayuda con unos chistes, estuvo bueno. le pasé el libreto entero y me dijo: “No, no, no lo quiero leer. Lo veo en el estreno. No te preocupes”. Me pareció lindo. Confía, igual le fui contando mucho del proceso.
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