La plácida vida de Calu Rivero y Aíto de la Rúa junto a sus hijos en la naturaleza de José Ignacio: mar, playa y caballos

La actriz y el empresario, radicados en Uruguay, apuestan por rutinas familiares conectadas a la calma, experiencias ecuestres y una mirada diferente sobre la infancia

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Aíto de la Rúa con su caballo blanco junto a Calu Rivero y sus hijos Tao y Bee

Calu Rivero y Aíto de la Rúa optaron por dejar atrás la ciudad e instalarse junto a sus hijos Tao y Bee en una chacra de mar en José Ignacio, Uruguay. En este entorno, disfrutan del verano rodeados de naturaleza, viviendo días marcados por la calma y la libertad propias del paisaje rural y la costa atlántica.

La familia buscó una forma distinta de vida, orientada a la vida al aire libre y al contacto diario con la naturaleza. Su residencia, ubicada frente al mar, les ofrece espacios abiertos y vistas al océano, distantes de los habituales ruidos urbanos.

En febrero, mientras el turismo habitual de José Ignacio disminuye, la rutina familiar permanece. Las actividades diarias giran en torno al mar, los caballos y los paseos en la playa. En este marco, destacan los momentos en familia y la exploración del entorno natural.

Calu Rivero y Aíto de la Rúa nadaron en un atardecer espectacular en José Ignacio

Las publicaciones en redes sociales de Rivero y de la Rúa refuerzan una atmósfera de tranquilidad y conexión con la naturaleza. En una de las fotografías, Rivero aparece en la orilla del mar, sosteniendo y besando a Bee sobre una playa serena. Ella lleva un sombrero de ala ancha color marrón, un vestido oscuro y el cabello suelto, mientras Bee viste una camiseta roja y pantalones claros con rayas.

En los videos compartidos, se pueden ver diferentes escenas del día a día. En uno, la pareja camina de la mano hacia el mar mientras cae el sol y la arena brilla bajo una luz anaranjada. Rivero usa una camiseta verde neón y pantalón oscuro; lleva un objeto rojo a la cintura. De la Rúa, por su parte, viste tonos oscuros y pantalón corto.

Otro video muestra ambos adentrándose en el mar bajo un cielo dorado y nublado, nadan juntos lejos de la orilla, entre pequeñas olas y reflejos cálidos. Las imágenes resaltan la calma y la integración con el entorno.

En un tercer clip, se les ve saliendo del agua y caminando entre suaves olas hacia la playa. Rivero lleva en la mano una pequeña tabla verde y el fondo revela la silueta de la costa bajo la luz tenue del atardecer.

Calu Rivero comparte un tierno
Calu Rivero comparte un tierno momento con su hija Bee, besándola en la playa de José Ignacio al atardecer (Imagen Ilustrativa Infobae)

La experiencia familiar incluye la presencia de Tao y Bee en estas escenas cotidianas. En una de ellas, De la Rúa monta un caballo blanco junto a la orilla, mientras Rivero y los niños caminan por la arena húmeda, con el mar calmo y un cielo azul salpicado de nubes de fondo. Tao viste camiseta blanca y short, observando cómo su padre cabalga algunos pasos delante de ellos.

El contacto con los caballos tiene un papel central en la vida y la educación familiar. Rivero expresó: “Crecer con caballos, el mar, el sol, la familia cerca”, reflejando el valor que otorga al vínculo con los animales y a la educación alternativa basada en el respeto por los ritmos infantiles.

La decisión de Rivero sobre la escolarización de Tao despertó debate. Optó por una institución ecuestre en lugar de la escolarización tradicional. Rivero relató que probó diferentes alternativas convencionales, como jardines y horarios formales, pero ninguna la convenció plenamente. “Probé jardines. Probé horarios. Probé encuadres. Nada me cerraba del todo. Había algo que no encajaba. Y cuando algo no encaja, yo no empujo. Menos a alguien que todavía no tiene tres años”, afirmó.

El posteo de Calu Rivero
El posteo de Calu Rivero donde cuenta que la educación de su hijo Tao será en una escuela ecuestre que generó polémica

En su reflexión añadió: “No me gusta forzar el ritmo de otro. Ni apurar una infancia”, y remarcó lo fundamental de observar y acompañar los intereses del niño. Contó que Tao se mostraba especialmente feliz y presente al interactuar con caballos. El ambiente ecuestre despertaba en él una alegría tranquila y una disposición diferente.

Rivero describió cómo percibía la conexión de Tao con este espacio: “Había un lugar al que sí quería ir. Cada vez que veníamos acá, yo veía otra cosa en él. Una alegría tranquila. Un cuerpo presente. Un deseo real. Lo veía feliz cuando había caballos. Cuando podía tocar, esperar, observar. Cuando el tiempo no corría”.

El momento decisivo ocurrió cuando se planteó que, tal vez, la primera escuela de Tao debía ser ese entorno ecuestre donde encontraba bienestar y entusiasmo. Según Rivero, la elección surgió de modo natural, sin forzar procesos.

La postura de Rivero dio lugar a opiniones divididas en redes sociales. Surgieron voces que defienden la escolarización obligatoria como derecho y deber de los adultos, mientras otros priorizan la crianza respetuosa y los procesos educativos alternativos adaptados a los intereses de cada niño. Algunos mensajes hicieron énfasis en que la educación formal es una responsabilidad de los adultos desde los primeros años, mientras que otros destacaron el valor de los espacios alternativos, como la equitación.

Durante esta experiencia, Rivero sumó a sus relatos mensajes de significado espiritual, empleando expresiones como “Ashé”, que en la tradición yoruba simboliza la energía vital, y “Aho”, utilizada en movimientos espirituales contemporáneos para afirmar deseos de vida y fuerza.

El nuevo ciclo representa para la familia un tiempo para preservar la vitalidad, la curiosidad y el coraje, celebrando la presencia y la plenitud en la convivencia con la naturaleza y sus hijos.