
La cantante Militta Bora, de 36 años, sorprendió a sus seguidores al contar que, después de años de trámites y esperas, finalmente es ciudadana italiana. Radicada hace poco en Medjugorje, Bosnia, dio a conocer este logro con un entusiasmo evidente y aprovechó para renovar por completo su identidad artística
En un mensaje que compartió en sus redes, Militta detalló con sus propias palabras cómo fue este largo camino, mezclando español e italiano, en una suerte de cocoliche aggiornado:
“Allora oficialmente Italiana. Cuando tenía 14 años tenía un sueño y era vivir en Italia así fue que empecé a juntar los papeles de la ciudadanía en el consulado donde yo vivía, una ciudad de un pueblo donde el consulado abría una vez por mes dos horas y te daban un turno con seis meses de anticipación; con esa paciencia fui juntando cada papel que me pedían durante varios años y finalmente todos en la familia obtuvieron la ciudadanía, menos yo, mis hermanos y mi papá; porque me faltaba un papel, y después de ahí me decepcioné mucho y cuando vivía en Buenos Aires nunca conseguía turno, me daba mucha fíaca, así es que me di por vencida. Hasta que después de 20 años, finalmente cuando conocí al equipo de @amada.italia pude cumplir este gran sueño”.

Además, compartió que también aprovechó el momento para dar un paso importante en su carrera y en su vida personal: “Además aproveché para cambiar mi firma con mi nuevo nombre artístico Militta Di Gesú (Nota: De Jesús). Amén!!”. Para acompañar este anuncio, publicó fotografías vestida de rojo y muy sonriente sacadas por su amigo, el fotógrafo Raúl Benegas en Porto Saint Elpidio, mostrando que este cambio tiene para ella un profundo significado personal. Entre las imágenes que posteó estaba la su nuevo pasaporte y su cédula de identidad italiana, donde menciona que nació en Neuquén, Argentina, el 28 de junio de 1989, y que mide 1,72 metros de altura.
Pero su historia reciente no se resume solo en trámites y nuevos nombres. En los últimos meses, la cantante mostró cuán agitado fue su andar: dejó atrás los Países Bajos, lugar donde había generado preocupación por su salud, y decidió mudarse a Medjugorje, en Bosnia. El cambio no fue solo de dirección postal, sino que estuvo cargado de sentido espiritual y una búsqueda clara de paz. A través de sus redes sociales, Militta comentó lo difícil que fueron sus días previos en Holanda: habló de una situación de salud que definió como “grave, mortal y aparentemente irreversible”. La angustia se notaba en sus palabras, aunque nunca dio precisiones médicas. Sí explicó que su estado estuvo, según ella, vinculado a “un trabajo de brujería” que la afectó profundamente a nivel físico y emocional, y que también tuvo impacto en sus seres queridos. Llegó a decir que el daño sufrido era “peor que una tortura” y que toda su familia llevaba meses rezando por su recuperación.
El diagnóstico complicado y sus sensaciones físicas no solo la alejaron del escenario, sino que la llevaron a repensar su vida. Contó que los síntomas arrancaron antes de irse a Ámsterdam, con un cansancio inusual y episodios que la dejaron fuera de juego, incluso cuando tenía compromisos laborales importantes, como un viaje a París en el que se sintió completamente descompuesta. Estas dificultades la obligaron a parar y priorizar su bienestar antes que cualquier otra cosa.

Ya instalada en Medjugorje, el tono de las publicaciones de Militta cambió por completo. Presentó esto casi como un renacimiento: “Les cuento que estoy mucho mejor y que me vine a vivir a Medjugorje, el lugar más santo del mundo”. Este pueblo se hizo famoso por las supuestas apariciones de la Virgen y es un destino de peregrinación, algo que Militta adoptó como parte de su propio proceso de sanación. Se mostró agradecida por poder recibir bendiciones y rodearse de figuras religiosas, mencionando al obispo Aldo Cavalli y al sacerdote exorcista Don Pasqualino Di Dio, ambos enviados por el Vaticano según sus relatos. Para ella, la fe y el contacto con el entorno espiritual se volvieron aliados fundamentales en su búsqueda de alivio.
La vida cotidiana en este nuevo lugar también dejó postales llamativas: Militta compartió imágenes de la casa donde vivía —con piscina y vistas al valle— y agradeció emocionada por haberla encontrado. En su entorno ahora se mezclan figuras religiosas, su pareja neerlandesa (a quien conoció en la Patagonia y cuya identidad prefiere mantener en privado), y hasta dos alpacas que compraron juntos y que se convirtieron en protagonistas de varias de sus historias en Instagram.
Así, la vida de Militta Bora —o Militta Di Gesú— parece haber encontrado un nuevo eje, donde los cambios de país, la salud, la espiritualidad y un entorno sorprendente conviven y marcan el ritmo de su presente.
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