“Foo’s Addiction” decía el parche del baterista Taylor Hawkins, que se leía como gesto afectuoso y consuelo por la baja a último momento de Jane’s Addiction de Lollapalooza Argentina 2022. Pero de pronto la combinación se volvió realidad y la multitud enloqueció: los Foo Fighters en pleno invitaron de sorpresa a Perry Farrell para rockear con “Been Caught Stealing”, tema de la banda cuya primera despedida fue el motor de Farrell para idear este mismo festival allá por 1991.
Fue el clímax casi sobre el final del show de la banda que Dave Grohl capitanea con su carisma expansivo. “Hace más de treinta años estábamos con Kurt Cobain en el primer Lollapalooza. Él estaba muy cebado viendo a sus bandas favoritas, como Siouxie and the Banshees. Por aquel entonces, sentíamos que estábamos haciendo la revolución... Y lo fue. Ahora ustedes son la revolución. En ese festival lo conocí a este señor”, dijo Grohl para presentar a Perry y recordando los días en que Nirvana estaba a punto de explotar con Nevermind. “La música es la cura, la música libera”, saludó el de Jane’s Addiction antes de cantar y poner el broche de oro a esta celebración total que 100 mil personas gozaron en la vuelta a los festivales masivos tras la paralizante pandemia.
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Así como el componente emocional del rock dinámico de Foo Fighters sabe tocar en las fibras sensibles de la multitud que los sigue (esta noche pasó desde el comienzo, con una versión lenta y arrolladora de “Times like these” y llegó al pico con “Best of You”), hay un fuerte ida y vuelta que no solo se tradujo en coros y pogo permanente: Grohl se conmovió al ver un retrato suyo entre el mar de gente y pidió que se lo alcanzaran. “Tenemos a Picasso en la casa”, elogió al ubicar al responsable del arte que terminó siendo parte de la escenografía del grupo. Además, Dave invitó al pintor fan a que se conocieran al final del show.
También hubo novedades de su último disco Medicine at Midnight (”Shame shame”, “No son of mine”) y el infaltable momento en que los Foo se prenden en modo “escuela de rock” para su habitual sketch de presentación: un meddley que juntó a The Who, con los Ramones y con C+C Music Factory (eternos desde su festivo latiguillo ”Everybody dance now” en el tema “Gonna Make You Sweat”) que derivó en que Dave y Taylor invirtieran voz y batería para hacer “Somebody to love”, de Queen.
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Otro que hizo escuela y fiesta fue L-Gante. “Con esto, muchos chicos aprendieron el abecedario”, dijo antes de recitar letra por letra en clave cumbia 420. Y aunque tanto ese viral como su “villarrap” con el Biza fueron sus grandes crossovers, el propio Elián se encargó de marcar cuál fue realmente el punto de quiebre que lo convirtió en una estrella, una de las más esperadas de la noche.
“Acá comenzó esta etapa”, dijo y soltó el “L-Gante RKT”, ese que viene siendo banda sonora de todas las fiestas que se hicieron desde que existe la pandemia. Y que ahora, que ya se calentó el pico, reventó ante la mayor multitud posible como para seguir la tradición de música popular bailable en el Lolla que iniciaron Damas Gratis y La Mona Jiménez en ediciones anteriores. Plantado de piluso y camperón impermeable largo (”Listo para el temporal”, bromeó antes de salir a enfrentar el fresco de la noche) y con cero titubeo, Elián Valenzuela llamó a Dillom para que lo acompañe en “Tinty Nasty” y pareció invocar al creador del festival (“¿O no, perri, o no?”) cuando hizo “Alta data”, otro de los altos puntos de agite en su show.
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“Es todo experiencia”, le había resumido L-Gante a Teleshow minutos antes de hacer una nueva parada en esta larga gira, una caravana que partió del barrio en General Rodríguez y llegó al Hipódromo de San Isidro después recorrer toda la Argentina, Sudamérica, México, España y más allá.

Elián había llegado temprano a su camarín para ajustar detalles (“Me tenía que cortar el pelo”), encontrarse con sus bailarines y su banda (“Medio rockera como para vacilar, agitar con la gente y disfrutar esto”, definió a quienes introdujeron el show con la canción de El Padrino) y mitigar un poco la ansiedad. “Uno quiere creer que de tanto recorrido, ya no va a estar nervioso. Pero sehhh, cuando estás del otro lado de la pantalla y se escucha: ‘Ehhhh, ehhhh’ (imita a una ovación), no sabés qué hacer. Los nervios siempre están, pero una vez que salís y le ves la cara a todos, ya está. No hay que frenar”, contó a la vez en que le parecía “muy flashero” el desafío de robarse la atención a la misma hora en que tocaba una de las bandas de rock más grandes de la actualidad.
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“La cumbia 420 es lo que mejor me pasó porque no tuvimos que de cambiar de estilo: somos lo que somos y estamos los que estamos”, se despidió antes de ir a cantarle a su gente.
Un rato antes, Babasónicos volvió a desplegar su carisma mutante que, al igual que en sus últimos shows, cuando más brilló fue al interpretar “La izquierda de la noche”. Su canción más nueva (que dejará de serlo en pocos días, cuando el lancen el single “Bye Bye”, que además es título de su siguiente gira) sonó en el momento exacto en el que el set hubiera quedado solapado con el comienzo de L-Gante si las cosas se hubieran dado tal como estaban programadas de antemano.
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“Todos compartimos el amor”, cantó Adrián Dárgelos y pareció ser esa la contraseña que destrabó el atinado cambio que se hizo sobre la marcha en la grilla y que dio la chance de ver de manera completa a las dos propuestas argentinas más fuertes de la jornada. Freaks y populares, el experimentado grupo de rock que aun queda en pie sin dejar de renovarse y el cumbiero más popular del momento se saludaron en secreto y le dejaron todo listo a Martin Garrix para que pusiera los últimos temas de otra edición histórica de Lollapalooza Argentina.
Fue después de otra colorida y soleada tarde, la última de este Lolla, que incluyó cita funky a IKV (“Jugo”) en el cierre del show de Emma Horvilleur; la salida de incógnito de Tiago PZK, que invitó a sus amigos Rusherking, FMK y Lit Killah (“Yo sé que tu”); la energía hitera de Jhay Cortez, el reggaetonero boricua que habría llegado al país acompañado de su novia, la ex pornostar Mia Khalifa; y el paladar negro del hipnótico set bailable de Kaytranada.
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