Diego Staropoli: "El porteño es romántico a la hora de tatuarse"

El reconocido tatuador de los famosos habló con Teleshow sobre esta “pandemia”, como la define, que también atrapa a los argentinos. Además, brindó detalles sobre el “blackout”, la técnica que emplea Candelaria Tinelli

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Las estrellas confían en Diego Starapoli: ponen su cuerpo -o más bien su piel- en sus manos, su tinta y sus agujas. Creador de Mandinga Tattoo, ha tatuado a Carmen Barbieri, Abel Pinto, Coco Sily, Roberto Piazza y Pablo Ruiz, pero también a distintos futbolistas de Racing y a los integrantes de los grupos La Renga y Los fabulosos Cadillacs, entre tantos más.

—Hablemos un poco de la evolución del tatuaje. En el siglo XX era visto como propio de la marginalidad, y de soledad. Poca gente lo hacía. Y sin embargo hoy es más común ver gente con tatuajes que sin ellos.

—Yo creo que en la actualidad, en la franja que va desde los 16, 17 años hasta los 60, de cada 10 personas tres están tatuados. Antes, éramos nosotros los que estábamos muy tatuados. Hoy encontrás gente tatuada por todos lados, en diferentes clases sociales, y ya no hay tema de tribus urbanas, sino que ya es parte de nuestra cultura. Yo tatúo desde hace 25 años, y hay chicos de veinte y tantos que ya forman parte a nivel mundial. Esto no es argentino, si bien llegó un poco más tarde acá; en el resto del mundo, como la vieja Europa y los Estados Unidos, es de muchísimos años atrás.

—Ahora es más aceptado socialmente, como en el trabajo. Quizás tiempo atrás se cuestionaba a una persona con un tatuaje…

—Las cabezas se van abriendo, y las mentes van entendiendo que tener un tatuaje no es un obstáculo para dar un trabajo. Vas a un banco y ya ves a gente tatuada, es absolutamente normal. Lo que pasa es que el mundo del tatuaje se ha disparado en los últimos años, y es habitual ver gente que tiene tatuados los brazos, el cuello y las manos. Yo me tatué las manos después de 20 años estar tatuado.

—¿Está de moda el "blackout"?

—Fue todo un gran tema cuando la hija de Marcelo Tinelli (por Candelaria) se tatuó el cuello, pero en realidad es una cultura que viene desde la Polinesia, Nueva Zelanda, de las islas donde los maoríes se tatuaban grandes partes del cuerpo en negro. Pero para nosotros es aburrido: es una pieza negra, no hay otra cosa que pintar de negro. Tiene poco de artístico, depende cómo se lo mire y quién se lo haga. Una pieza negra no es lo mismo que un retrato o una pieza de color. A nosotros nos aburren más.

—¿Tiene algún tipo de peligro ese tipo de tatuajes?

—He escuchado médicos que dicen que sí, otros que no. La única diferencia de estar tatuado en negro o en rojo es el color, la gama. Dicen que al estar totalmente tatuados en negro no se pueden prevenir las lesiones que tiene la piel. Toda tinta negra no se la puede detectar a tiempo. Y es discutible. Hay gente que está mucho más tatuada que Candelaria y mueren de viejos. Si fuera realmente peligroso estaría prohibido en todo el mundo, porque hoy el tatuaje es una pandemia.

—¿Qué es lo que más se tatúa el porteño?

—El porteño quizás sea más romanticón a la hora de tatuarse. Frases, nombres, letras de canciones, siempre han sido elegidas en estos 30 años que lleva el tatuaje en Argentina. Lo que sí está pasando es que se están tatuando piezas muy grandes. El delfín que se hacían las chicas en los 90 ya no existe: pasaron a ser mandalas y puntillismo. El hombre que se tatuaba un león o un escudo de fútbol, ya se anima a mangas enteras.

—¿Nombres de novias y de familiares es muy común?

—Es más común el nombre de familiares, quizás de hijos o padres. La gente con el tiempo le fue huyendo a tatuarse el nombre de la pareja. Hoy inventamos excusas para tatuarnos en honor a algo.

—¿Y los precios fueron cambiando?

—Lamentablemente sí. Tené en cuenta que los materiales que se usan para tatuar son totalmente importados. Lo único que tenemos en Argentina son máquinas de tatuajes, pero las de afuera siempre están un paso arriba así que todo lo que se usa se trae del exterior. Prender una máquina y poner un punto ya es descartado. Todo lo que se usa es descartable. Sumado a que lo artístico es muy importante.