“Hay que tener más miedo a perder el empleo por no usar IA que por usarla”: Jon Hernández, divulgador de inteligencia artificial

Una de las voces más seguidas de la IA en español habló con Infobae de trabajo, hijos, deepfakes y robots. Y por qué ve a Latinoamérica más despierta que a Europa

Jon Hernández posa con los brazos cruzados frente a un cartel luminoso naranja con la palabra Infobae
Hernández afirma que el riesgo de desempleo aumenta en las empresas cuyos directivos rechazan la adopción de herramientas de inteligencia artificial. (Infobae)
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Jon Hernández era fotógrafo. En 2023 le llegó un artículo de Eliezer Yudkowsky en la revista Time, se puso a leer sobre inteligencia artificial y hoy es una de las voces más seguidas sobre IA en español, con un canal de YouTube que supera los 800 mil suscriptores. Hace unos dos años vendió todas sus cámaras.

“No fue un cambio voluntario”, dice. Su sensación, cuenta, era la contraria a la del que huye: él iba a ser el fotógrafo que usara la IA para quitarles el trabajo a otros fotógrafos. Ese es el eje de toda la charla: la IA no es una amenaza que esquivar, es una ventaja que tomar antes que el resto.

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Su primer libro, La hostIA que viene, salió este año por Planeta y pregunta qué pasará el día que una IA se niegue a obedecer. Pero la conversación arrancó por algo más urgente: qué hace hoy un chico de 20 años y qué hace alguien de 45.

Al de 20 le pide que no guarde rencor y al de 45 que no mire para otro lado

Jon Hernández, divulgador español especializado en inteligencia artificial, analiza el impacto de esta tecnología en el empleo, la educación y la vida cotidiana.
Los agentes de inteligencia artificial ejecutan procesos autónomos y manejan computadoras sin necesidad de recibir órdenes paso a paso. (Jon Hernández)

“Al de 20, que se prepare para cambios y que la mochila de lo que ha invertido no sea un freno”, dice. Sabe que muchos estudiaron programación porque los adultos les dijeron que ahí estaba el futuro. “Tienen razón, les hemos jodido. No va a servir de nada estar enfadado.”

Al de 45 le pide que no esconda la cabeza. “Esto incluso al que tiene 60 le va a afectar. Nadie está a salvo.” Su fórmula tiene dos preguntas, cómo me afecta y cómo le saco partido. Entender por qué funciona la tecnología es perder el tiempo, porque mañana funcionará de otra manera.

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Y una advertencia para el empleado que cree que ocultarle la IA al jefe lo protege. “Es más probable que pierdas tu trabajo porque tu jefe es negacionista de la IA que porque sea favorable”. Los despidos, dice, van a caer en las empresas que no supieron aplicarla, no de forma pareja en todas.

Para explicar por qué no hay escapatoria, usa la imprenta: las ciudades que la adoptaron primero crecieron un 60% más rápido que las demás, un dato que el economista Jeremiah Dittmar midió entre 1500 y 1600. Pero al final todas la adoptaron. “Lo puedes hacer primero con una ventaja competitiva o lo puedes hacer después arrastrado por la marea.”

Lo que más lo sorprendió: la IA dejó de responder y empezó a hacer

Le pregunté qué lo sorprendió en estos tres años. No dudó: diciembre del año pasado, cuando los modelos empezaron a usar herramientas y nacieron de verdad los agentes, programas que ejecutan tareas por su cuenta. Entre enero y febrero armó los suyos con OpenClaw y dejó de usar ChatGPT y Claude. Ahora que las plataformas integraron eso, volvió.

El otro salto fue a mitad de año: Claude Cowork y ChatGPT Work, las aplicaciones que manejan la computadora del usuario. Lo que la IA ganó en capacidad de hacer cosas, dice, es más “que en todos los años anteriores combinados”.

Su lectura del mercado va contra la intuición. OpenAI no tiene el mejor modelo, pero tiene el mejor agente. Lo compara con un auto de motor muy potente y sin volante: “No sirve para nada”. Lo que decide hoy, dice, es cómo se integra la IA en las herramientas de cada uno, no los modelos.

Sus hijos usan IA con supervisión y uno ya lo dejó sin respuesta

Jon Hernández, divulgador español especializado en inteligencia artificial, analiza el impacto de esta tecnología en el empleo, la educación y la vida cotidiana.
Jon Hernández, divulgador español especializado en inteligencia artificial, analiza el impacto de esta tecnología en el empleo, la educación y la vida cotidiana. (Jon Hernández)

Hernández sostiene que cuanto más se trata a la IA como a una persona, mejor funciona. ¿Hasta dónde? “No estoy seguro de que en el futuro seamos capaces de diferenciar cuando hablamos con un humano y cuando con una máquina.” Cree que sus hijos, de 10 y 12 años, tendrán amigos humanos y amigos IA sin notar la diferencia.

Uno de sus hijos quería un aparato que él había traído de la oficina. Le pidió una nota escrita a mano y se la devolvió con faltas de ortografía. El chico le sacó una foto, se la mandó a ChatGPT y volvió con la nota corregida. “¿Qué le vas a decir? ¿Qué es trampa?”

Tenía un problema, dice, pensó cómo resolverlo y lo ejecutó a la perfección. Le dio el juguete.

Admite que esa delegación cognitiva, dejar que la máquina piense por uno, puede ser un problema en chicos cuyo cerebro todavía se forma. No tiene la respuesta. “Si veo que mi niño se está volviendo idiota por utilizar inteligencia artificial”, dice, siempre puede volver a la calculadora.

Qué revisa y qué no: la vara no es la dificultad, es la consecuencia

(Infobae en Vivo)
El divulgador Jon Hernández abandonó la fotografía comercial tras estudiar inteligencia artificial y publicó su primer libro sobre el tema con la editorial Planeta. (Infobae en Vivo)

Dice que casi todo se puede delegar ya, porque los modelos revisan su propia respuesta y citan fuentes antes de entregarla. Pero la vara no es si la tarea es fácil o difícil, sino qué pasa si sale mal. Si le pregunta a qué hora sale su vuelo y se equivoca, toma el siguiente.

Si le pregunta la dosis de un remedio para sus hijos, va al prospecto. “Como haya alucinado, igual me cargo a mi hijo.”

Le mencioné la nota que publiqué el día anterior en Infobae sobre Jamie Dimon, el CEO de JPMorgan Chase: los bancos evalúan cortar el acceso de los chatbots a las cuentas o hacer responsable al cliente que lo habilita. Su respuesta fue al revés: “Lo que JPMorgan tiene que hacer es crear un acceso para mi agente, con los permisos que yo le dé. Si no lo va a hacer, lo va a hacer Revolut”.

Sobre los videos falsos con su voz: “No se puede hacer nada”

Circulan videos con su voz que nunca grabó. ¿Cómo se protege la gente? “No se puede hacer nada. Con diez segundos de audio tuyo te puedo clonar la voz. Todo el mundo tiene diez segundos de audio en internet.” El momento para evitarlo, dice, fue 2022, cuando los deepfakes, los videos y audios falsificados con IA, se veían lejanos y nadie reguló.

Lo que le preocupa es la repetición: la misma gente que avisaba en 2022 hoy advierte sobre ciberseguridad y biología, “y de nuevo no les estamos haciendo ni caso”.

Ve a Latinoamérica con más ganas de IA que a una Europa acomodada

Como la nota se lee en Argentina y en la región, le pregunté si veía diferencias con Europa. Aclara que cuando viaja ve la burbuja de la IA y no el país entero, pero ve más gente en los eventos, preguntas más profundas y más medios cubriendo el tema que en España.

La ven, dice, como el trampolín que les hace falta para nivelar. Europa lleva 20 años de bienestar y se acomodó: “Eso nos va a pasar factura”.

El próximo salto no es la cuántica, es la robótica

Jon Hernández, divulgador español especializado en inteligencia artificial, analiza el impacto de esta tecnología en el empleo, la educación y la vida cotidiana.
América Latina muestra una participación más activa en eventos y debates sobre inteligencia artificial frente a la pasividad observada en Europa. (Jon Hernández)

La computación cuántica, dice, está lejos: “La IA está haciendo más por la cuántica que la cuántica por la IA”. Lo que sigue no pasa en la pantalla, sino en la calle. “Ahora mismo estamos viendo todo lo que la IA puede hacer en una pantalla. En cuestión de meses, lo veremos en la calle.”

Reservó, con un depósito de USD 200, el Neo, el robot doméstico de la empresa noruego estadounidense 1X, que empieza a entregarse en Estados Unidos este año. Calcula que el “momento ChatGPT” de la robótica llega en 2027 y que en 2028 un robot para las tareas de la casa costará entre USD 25 mil y 30 mil.

“El mundo que nos merecemos y no el que nos podemos permitir”

Usa la IA para todo, desde que se levanta hasta que se acuesta. “No es una herramienta, es infraestructura.” Su grupo de empresas, con unas pocas decenas de empleados, produce como cientos. Trabaja más que nunca y no volvería atrás: “Me daría muchísima pereza volver al mundo anterior”.

Su definición sirve para el optimista y para el pesimista: “Hemos creado máquinas capaces de hacer cosas de humanos, para lo bueno y para lo malo”. Del lado bueno pone la salud sin listas de espera de seis meses, un tutor para cada chico y, si se hacen bien las cosas, la pobreza como problema resoluble. “El mundo va a ser el que nos merecemos y no el que nos podemos permitir.”

Del lado malo, la facilidad humana para volverse mediocre, delegar todo y terminar como en Wall-E. “Dejas de tener el control, dejas de tener el criterio y a partir de ahí te puedes convertir en una ameba inútil.”

Me quedo con la nota con faltas de ortografía. Su hijo no hizo trampa: entendió antes que nadie cómo funciona el mundo que le toca. La pregunta es cuántos adultos pueden decir lo mismo.

Cuando Hernández dice que la IA no es una herramienta sino infraestructura, está diciendo algo simple: nadie elige si usa la electricidad. Lo único que todavía se elige es cuándo. Y esa ventana se está cerrando.

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