Cementerios tecnológicos o museos vivos: así sobreviven los dispositivos del pasado en las calles de Bogotá

En medio del ciclo de actualizaciones y consumo, artefactos diseñados para durar reaparecen como piezas de colección, con cámaras analógicas y formatos físicos que vuelven a circular en mercados populares

(Cámara fotográfica analógica Kodak Instamatic 11 ) Dispositivos que no mueren: la vitrina retro donde la obsolescencia programada pierde la partida - crédito Santiago Neira
(Cámara fotográfica analógica Kodak Instamatic 11 ) Dispositivos que no mueren: la vitrina retro donde la obsolescencia programada pierde la partida - crédito Santiago Neira
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En nuestro presente digital, la palabra actualización se convirtió en un término indispensable. Los grandes avances tecnológicos requieren constantes mejoras en los sistemas operativos, por lo que resultan impulsando un ciclo de consumo constante que cada vez más se parece a una obsolescencia programada.

Pero hace un par de décadas, la industria operaba bajo otra lógica, a mayor resistencia, mejor producto. Fabricaban dispositivos pensados para perdurar en los años, e incluso algunos lo hicieron con el mítico Nokia 1100, que evoca, entre nostalgia y risas, la imagen de un teléfono que podría soportar cualquier golpe.

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Afirmar que todo pasado fue mejor implica ignorar un presente dinámico, marcado por un desarrollo acelerado que ha dado lugar a dispositivos tan innovadores que hoy se consideran indispensables en la vida cotidiana.

Los  “mercados de pulgas” se convierte en vitrina de tecnología retro y vinilos - crédito Santiago Neira
Los “mercados de pulgas” se convierte en vitrina de tecnología retro y vinilos - crédito Santiago Neira

Más allá del avance en electrodomésticos y del debate sobre el paso del tiempo y la funcionalidad, existen dispositivos que permanecen en la memoria colectiva, pero que, debido a la evolución tecnológica, dejaron de ser de uso común. Esto invita a preguntarse dónde concluyó su vida útil y qué ocurrió con ellos tras su retirada del día a día.

En el norte de Bogotá, en un mercado popular, o como algunos prefieren llamarlo, “mercado de las pulgas”, un hombre de 84 años de edad atiende un puesto que bien podría ser un cementerio de dispositivos tecnológicos. Son artefactos que marcaron otras generaciones pero que, gracias al inevitable paso del tiempo, quedaron relegados al olvido. Sin embargo, esto no es realmente un cementerio tecnológico, porque todavía avivan el interés de personas de todas las edades.

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Gabriel González conserva discos que superan cinco décadas y los escucha en casa, en una escena que contrasta con plataformas modernas - crédito Santiago Neira
Gabriel González conserva discos que superan cinco décadas y los escucha en casa, en una escena que contrasta con plataformas modernas - crédito Santiago Neira

Es, tal vez, una vitrina; o, si se prefiere, una pequeña exposición o museo del tiempo que atiende Gabriel González, un adulto mayor que dispone de una colección de más de 2 mil vinilos. Algo que envidiaría el usuario más activo de Spotify, una aplicación que ‘Don’ Gabriel no conoce. Para él, la música se escucha en vitrola, como los discos de bolero que suele disfrutar.

“Yo tengo una vitrola en la casa, y allá es donde me gusta disfrutar de mi colección de acetatos”, mencionó, resaltando el valor sentimental que para él tienen álbumes como el de los Beatles, que algunas veces suele escuchar en sus auténticas máquinas del tiempo.

Son algunas de las portadas que se ven en la foto, apiladas entre acetatos que cruzan décadas: Ray Conniff’s Greatest Hits (1969), Poet & Peasant de Halo Records (c. 1957), El Disco del Año (Vol. 14) (1982) y el doble de Timbiriche (1988), listas para volver a sonar en vitrola - crédito Santiago Neira
Son algunas de las portadas que se ven en la foto, apiladas entre acetatos que cruzan décadas: Ray Conniff’s Greatest Hits (1969), Poet & Peasant de Halo Records (c. 1957), El Disco del Año (Vol. 14) (1982) y el doble de Timbiriche (1988), listas para volver a sonar en vitrola - crédito Santiago Neira

Aunque el protagonismo no es exclusivo de los acetatos, que pueden superar hasta cinco décadas de antigüedad, también reposan en barandales inmóviles e imponentes cámaras fotográficas y de video, que registraron una era en la que el rollo de celuloide no ofrecía las garantías del formato digital. Ahora, estos equipos se han convertido en una afición para las nuevas oleadas de amantes de la fotografía, del mismo modo que los acetatos lo son para los melómanos.

Y es que, aunque el avance constante sorprende cada vez con nuevos dispositivos y funcionalidades que prometen comodidad tanto en entretenimiento como en comunicación, estas innovaciones dominan el mercado, pero jamás podrán desplazar por completo piezas que fueron diseñadas como verdaderas creaciones únicas, pensadas para trascender en el tiempo. Ejemplo de ello es la Polaroid OneStep 600 que exhibe ‘Don’ Gabriel, y que sigue llamando la atención de extranjeros y nacionales de todas las edades.

Este modelo de Polaroid OneStep 600 con flash integrado llegó al mercado en 1983 y, con variaciones de diseño, se mantuvo en producción durante los años 80 y principios de los 90, convertida en un ícono de la fotografía instantánea de esa época - crédito Santiago Neira
Este modelo de Polaroid OneStep 600 con flash integrado llegó al mercado en 1983 y, con variaciones de diseño, se mantuvo en producción durante los años 80 y principios de los 90, convertida en un ícono de la fotografía instantánea de esa época - crédito Santiago Neira

Y la historia del adulto mayor de 84 años de edad, que posee lo que no sé si se puede definir como cementerio de dispositivos tecnológicos, museo al aire libre o simplemente un puesto en el “mercado de las pulgas”, no es exclusiva de Gabriel.

A lo largo de Latinoamérica, se extienden estos sitios de venta al aire libre de artefactos tecnológicos que pasaron del protagonismo a convertirse en piezas de segunda mano. Pero aquí es donde reside lo maravilloso de estos lugares: dejan de ser simples tiendas improvisadas para convertirse en puntos de encuentro de coleccionistas, creadores de contenido retro y nostálgicos que desean recordar cómo funcionaba el mundo antes de la voraz expansión de la digitalidad.

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