
El hallazgo de microplásticos y nanoplásticos en alimentos almacenados y calentados en recipientes plásticos ha generado preocupación entre la comunidad científica y la población general. Una reciente investigación dirigida por Kazi Albab Hussain, de la Universidad de Nebraska-Lincoln, resalta que el uso cotidiano de envases plásticos, especialmente al exponerlos al microondas, puede liberar cantidades alarmantes de partículas plásticas y aditivos químicos en los alimentos.
Este fenómeno, aún poco comprendido en sus consecuencias a largo plazo, plantea interrogantes sobre la seguridad alimentaria, la salud humana y la conveniencia de continuar usando plásticos en contacto con los alimentos.
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Microplásticos en alimentos: lo que revela la ciencia actual
Durante una investigación inicial sobre nanopartículas de plata, el doctorando Kazi Albab Hussain observó una presencia significativa de diminutos fragmentos plásticos en envases reutilizables de polipropileno y polietileno, materiales comunes en el almacenamiento de alimentos para bebés. Sus hallazgos fueron dados a conocer por Bon Appétit.

Estas partículas, invisibles a simple vista, pueden llegar a los alimentos incluso bajo condiciones de refrigeración. Sin embargo, el calentamiento en microondas acelera de forma extrema la liberación de estos residuos plásticos.
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El experimento consistió en llenar recipientes de plástico con agua y ácido acético al 3 %, simulando condiciones típicas de almacenamiento de alimentos líquidos o ácidos. Los recipientes permanecieron cerrados durante diez días, tanto a temperatura ambiente como en el refrigerador.
Los resultados mostraron que millones de microplásticos y nanoplásticos pasaron al líquido contenido. Cuando los recipientes se calentaron en el microondas durante tres minutos, algunos liberaron hasta 4.22 millones de microplásticos y 2,110 millones de nanoplásticos por centímetro cuadrado.
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Estas cifras superan ampliamente las estimaciones previas sobre la cantidad de plástico que se ingiere accidentalmente: estudios anteriores sugerían una exposición anual de unas 50,000 partículas de microplástico.
Efectos de calentar plástico en el microondas: una visión química y biológica
La estructura química de los plásticos está formada por cadenas de polímeros a base de carbono, a menudo modificadas con diversos aditivos para alcanzar características específicas como flexibilidad o transparencia. Entre estos aditivos destacan los bisfenoles, presentes en plásticos rígidos, y los ftalatos, usados en materiales flexibles.
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El calentamiento en microondas actúa como un catalizador: el calor favorece la hidrólisis, un proceso en el que las moléculas de agua rompen los enlaces químicos del polímero, facilitando la liberación de microplásticos y aditivos al alimento.
Este efecto no solo implica la migración de partículas físicas, sino también de sustancias químicas como bisfenoles y ftalatos. Una vez ingeridos, estos microplásticos pueden degradarse aún más dentro del organismo, liberando nuevas cantidades de aditivos.
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El deterioro de la superficie de los envases plásticos se evidencia en manchas imposibles de eliminar, resultado de la apertura de poros en el material. Según James Rogers, director de investigación y ensayos de seguridad alimentaria en Consumer Reports, este fenómeno permite tanto la entrada de sustancias al plástico como la salida de componentes hacia el alimento.
Riesgos para la salud humana asociados a microplásticos y aditivos químicos
La exposición a microplásticos y a los químicos presentes en los plásticos se asocia con diversas alteraciones biológicas en mamíferos, principalmente por el papel de los bisfenoles y ftalatos como disruptores endocrinos.
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Estas sustancias pueden interferir con el funcionamiento hormonal, incrementando el riesgo de infertilidad, ciertos tipos de cáncer, afecciones metabólicas y trastornos inmunológicos y neurológicos. Estudios en humanos han encontrado vínculos entre la exposición prenatal a ftalatos y el asma infantil, así como problemas de comportamiento y potencial alteración en el recuento de espermatozoides en etapas posteriores.

La investigación también advierte sobre la presencia de microplásticos en órganos y fluidos humanos como el corazón, sangre, pulmones, placenta, semen y leche materna.
Se ha observado que el cuerpo percibe estas partículas como agentes extraños, desencadenando respuestas inmunitarias con inflamación y muerte celular. Además, los microplásticos pueden actuar como vehículos para otras sustancias tóxicas, aumentando el potencial riesgo para la salud.
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El equipo de Hussain expuso células renales embrionarias humanas a concentraciones elevadas de microplásticos, resultando en la muerte del 76 % de las células en 48 horas. Este resultado triplica la mortalidad observada en células expuestas a concentraciones más bajas, lo que respalda la hipótesis de que la exposición directa a microplásticos puede causar daños celulares, inflamación y estrés oxidativo.

Plásticos “aptos para microondas”: mitos y realidades sobre su seguridad
Muchos productos plásticos llevan la etiqueta de “aptos para microondas”, lo que induce a pensar que son seguros para calentar alimentos. Sin embargo, este término solo garantiza que el material no se agrieta ni se deforma con el calor, sin considerar la posible migración de compuestos químicos.
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Los plásticos categorizados como seguros pueden contener, igualmente, bisfenoles, ftalatos y otros aditivos con potencial riesgo sanitario.
La identificación de los tipos de plástico se realiza mediante un número impreso en el envase, que va del uno al siete. Cada número corresponde a un polímero diferente, con usos y propiedades específicas.

Por ejemplo, el tipo uno (tereftalato de polietileno) y el seis (poliestireno) suelen utilizarse en envases desechables de baja resistencia térmica, lo que facilita la liberación de compuestos al ser calentados. Los tipos tres (cloruro de polivinilo) y siete (otros) tienen mayor probabilidad de contener ftalatos y bisfenoles.
James Rogers sugiere evitar el uso de plásticos identificados con los números uno y seis, además de los tres y siete, por su mayor tendencia a liberar sustancias químicas bajo calor. Como alternativa, recomienda preferir los tipos dos y cinco, aunque señala que incluso estos pueden desprender microplásticos al calentarse, como demostró el estudio de Hussain.
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