
Una empresa de robótica usó un apartamento en San Francisco, Estados Unidos, para probar uno de sus dispositivos y dio inicio a una batalla legal con el propiertario del lugar, la compañía y Airbnb.
Toda esta polémica se generó por el caos causado por un robot, al punto que el propietario está reclamando 12.000 dólares por los daños generados.
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Cómo comenzó la disputa entre el anfitrión y la empresa de robots
Donovan, quien desde 2022 alquila en Airbnb la casa de su infancia, acostumbraba recibir huéspedes en su vivienda de cuatro habitaciones y tres baños en el barrio Portola.
La mayoría de sus clientes eran trabajadores tecnológicos de paso por conferencias o familias que asistían a graduaciones. Todo cambió en abril de 2024, cuando aceptó una reserva de un grupo que alegaba trabajar de forma remota desde Tailandia. El grupo no tenía historial de alquileres previos, pero Donovan decidió darles una oportunidad.
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Según el propietario, la situación se tornó sospechosa cuando fue a la casa a recoger la basura y notó cables y equipos inusuales distribuidos por el interior.
Siguiendo los cables hasta el comedor, observó lo que describió como “el borg”, en alusión a los cyborgs de la franquicia Star Trek. Junto a la máquina, un hombre trabajaba en una laptop.
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Las grabaciones de seguridad de cámaras exteriores Ring confirmaron luego sus sospechas: la casa había sido utilizada como un improvisado laboratorio de investigación y desarrollo. En el periodo de alquiler, entre el 12 y el 25 de abril, se registró el ingreso y salida de al menos 30 personas, muchas de ellas organizándose por turnos para trabajar durante la noche.
Qué sucedió dentro de la vivienda y cómo funcionaban los robots
El grupo que alquiló la propiedad resultó ser parte de The Bot Company, una startup fundada por Kyle Vogt y Paril Jain.

La compañía, que ha recaudado más de 300 millones de dólares, buscaba probar prototipos de robots domésticos en situaciones reales. El dispositivo principal, descrito en la demanda como un “prototipo robótico” y comparado por Donovan con una “Roomba con orugas” de cerca de 1,8 metros de altura, fue puesto a prueba en el apartamento.
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La empresa utilizó la vivienda para entrenar a sus robots en tareas del hogar, pero el resultado fue caótico. El robot, equipado con correas y varillas, habría manipulado objetos, cambiado la disposición de los cajones y muebles, y dejado señales de su paso en cada rincón de la casa.
Cuáles son los daños materiales reclamados por el propietario
El panorama al regresar a su domicilio fue devastador para Donovan. Los daños enumerados incluyeron desde baldosas agrietadas en el baño, una mesa de comedor familiar con 70 años de antigüedad abollada, hasta un juego de cerámica Franciscan con piezas faltantes.
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Otras pérdidas incluyeron una mesa de centro dañada, una credenza rayada, sábanas manchadas, una taza rota con el asa pegada, y hasta un zapatero y pares de zapatos desaparecidos de un armario que permanecía cerrado con llave.

Donovan relató que al ingresar a su vivienda todo había sido movido de lugar: los objetos de cada cajón habían desaparecido y, en su lugar, encontró cosas nuevas. La cubertería había sido reubicada en otros cajones como si todo el orden previo hubiera sido sistemáticamente alterado.
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La situación llevó al anfitrión a realizar una evaluación detallada de los daños, concluyendo que nunca antes había invertido tantas horas en reparar la casa tras una estadía de Airbnb. La lista de reparaciones y objetos extraviados o destruidos se hizo extensa, y el propietario asegura que el desorden fue total, con huellas y manchas de agua en muebles antiguos y paredes.
El reclamo judicial y la respuesta de la empresa
Donovan optó por iniciar una batalla legal. En la demanda presentada ante la Corte Superior del Condado de San Francisco, acusa a The Bot Company de utilizar su propiedad “bajo falsas pretensiones” y describe cómo la vivienda fue convertida en un laboratorio sin su consentimiento.
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El daño material incluye el acceso no autorizado a un armario cerrado con llave, pérdida de pertenencias y alteración del orden en toda la casa.
El monto reclamado supera los 12.000 dólares. Donovan explicó que la cifra es una reducción de buena fe respecto a los más de 22.000 dólares que considera realmente adeudados, pero que no renuncia a reclamar una suma mayor si el caso pasa a una instancia superior.
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El propietario no presentó una denuncia policial, aunque en su demanda civil mencionó que la desaparición del zapatero podría configurar un delito. Donovan supone que, con tantas personas entrando y saliendo de la vivienda, algunos objetos pudieron haber sido llevados por error.
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