La historia de los cajeros automáticos revela por qué la IA podría transformar y no eliminar empleos

La expansión de los ATM no acabó con los cajeros humanos en la década de los 80 y 90. No fue hasta el año 2010 que todo cambió con la banca móvil

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El cajero automático no provocó el desempleo de cajeros humanos cuando salió al mercado. (AP Foto/Sakchai Lalit)
El cajero automático no provocó el desempleo de cajeros humanos cuando salió al mercado. (AP Foto/Sakchai Lalit)

La expansión de la inteligencia artificial ha reavivado el temor a una pérdida masiva de puestos de trabajo, pero varios economistas sostienen que la historia de los cajeros automáticos ofrece una lección distinta sobre cómo las nuevas tecnologías transforman el empleo.

Lejos de eliminar a los trabajadores bancarios, los ATM modificaron sus funciones y, durante décadas, contribuyeron incluso al crecimiento del número total de cajeros. El verdadero cambio llegó años después con la banca por internet y las aplicaciones móviles, que redujeron la necesidad de acudir a las sucursales físicas.

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Especialistas como James Bessen, de la Universidad de Boston y David Autor, economista del MIT, han estudiado cómo la automatización suele alterar las tareas que desempeñan las personas más que eliminar profesiones completas. Este fenómeno, conocido como la “paradoja de la automatización”, es utilizado hoy como referencia para entender el impacto de herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT y otros asistentes generativos.

Mano insertando una tarjeta bancaria en un cajero automático de cerca
La historia de los cajeros automáticos podrían revelar el futuro de los empleos durante la era de la IA. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cajero automático no eliminó a los cajeros humanos

Cuando los cajeros automáticos comenzaron a extenderse durante las décadas de 1980 y 1990, muchos pronosticaron que los empleados bancarios desaparecerían. Sin embargo, ocurrió algo diferente.

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Antes de la popularización de los ATM, una sucursal bancaria promedio en Estados Unidos requería alrededor de 21 cajeros. La automatización redujo esa cifra a unos 13 trabajadores por oficina, pero también disminuyó los costos operativos de las entidades financieras.

Como consecuencia, los bancos abrieron más sucursales para competir en nuevos mercados. El resultado fue que, pese a contar con menos empleados por oficina, el número total de cajeros bancarios aumentó.

Al mismo tiempo, las funciones de estos trabajadores evolucionaron. Las tareas repetitivas relacionadas con el manejo de efectivo fueron reemplazadas por actividades de mayor valor, como la atención personalizada, la venta de productos financieros y la resolución de problemas complejos.

Un hombre en camisa vaquera recibe dinero en efectivo de una empleada bancaria sonriente a través de una ventanilla de vidrio en un banco, con un micrófono cerca.
Con la llegada del ATM, los cajeros humanos desarrollaron nuevas funciones dentro de los bancos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La banca digital cambió el modelo por completo

El verdadero impacto sobre el empleo bancario no llegó con los cajeros automáticos, sino con la expansión de la banca por internet y los teléfonos inteligentes durante la década de 2010.

Las aplicaciones móviles y los servicios digitales permitieron realizar transferencias, pagos y depósitos sin necesidad de acudir a una oficina física. Con menos clientes visitando las sucursales, los bancos comenzaron a cerrar miles de establecimientos.

La diferencia de costos fue uno de los factores decisivos. Según datos citados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), una operación realizada en una sucursal puede costar alrededor de un dólar, mientras que una transacción en un cajero automático reduce ese valor a unos 60 centavos. En cambio, las operaciones realizadas a través de internet o aplicaciones móviles pueden costar apenas unos pocos centavos.

Los empleos de cajeros humanos empezó a caer en el año 2010.
Los empleos de cajeros humanos empezó a caer en el año 2010. (Platzi)

Este cambio eliminó gran parte del incentivo económico para mantener estructuras físicas dedicadas a tareas transaccionales.

La IA actual estaría atravesando su “momento ATM”

Para algunos expertos, la inteligencia artificial generativa se encuentra actualmente en una etapa comparable a la de los cajeros automáticos.

Herramientas como ChatGPT, los asistentes de programación o los generadores de imágenes están automatizando tareas específicas dentro de distintas profesiones, pero no necesariamente sustituyendo ocupaciones completas.

Los programadores pueden delegar parte del código a sistemas de IA, mientras que abogados, diseñadores o analistas utilizan estas herramientas para resumir documentos o crear borradores más rápidamente.

Un smartphone negro horizontal sobre una mesa de madera. En la pantalla se ven los logos de Claude a la izquierda, Gemini en el centro y Grok a la derecha.
Los sistemas de IA han llegado para complementar el trabajo humano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este fenómeno también podría impulsar el denominado efecto Jevons, una teoría económica según la cual una mayor eficiencia termina aumentando la demanda total. Si producir software o contenidos resulta más barato, las empresas podrían generar más productos y servicios, manteniendo o incluso incrementando la necesidad de supervisión humana.

El mayor riesgo es un cambio de paradigma

Los economistas advierten que el verdadero peligro para algunos empleos no reside en las herramientas que aumentan la productividad, sino en aquellas que modifican completamente la forma en que las personas interactúan con un servicio.

En atención al cliente, por ejemplo, un asistente de IA podría evolucionar hasta el punto de reemplazar centros de llamadas completos si los usuarios resuelven directamente sus problemas con la máquina.

Ilustración de una mujer y un robot chatbot sonrientes con burbujas de diálogo sobre sus cabezas, sobre un fondo plano de color verde pastel.
Si bien la IA no reemplaza por completo el trabajo humano, algunas funciones ya pueden ser automatizadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Algo similar podría ocurrir en áreas de consultoría tecnológica, donde sistemas capaces de configurarse y repararse automáticamente reducirían la necesidad de intermediarios humanos.

La experiencia de la banca sugiere que las tecnologías no suelen destruir puestos de trabajo de manera inmediata. Más bien, transforman las funciones existentes y, en algunos casos, cambian los hábitos de los consumidores hasta volver innecesarios determinados modelos de negocio. Esa misma dinámica es la que muchos especialistas observan actualmente en el desarrollo de la inteligencia artificial.

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