(Desde Mountain View, California) Horas después de cerrar la keynote de Google I/O 2026 con un repaso de la inversión histórica de la compañía en infraestructura, Sundar Pichai, CEO de Google, participó de una entrevista en vivo frente a periodistas. Y ahí, lejos del libreto del escenario, dejó una admisión que en la presentación no había aparecido. Cuando el entrevistador le preguntó si Google tenía hoy más demanda que capacidad de cómputo disponible para atenderla, Pichai respondió con una sola palabra: “Absolutamente”.
Esa palabra describe el momento real del negocio mejor que cualquier slide de la mañana. La compañía que invierte entre USD 180.000 y 190.000 millones al año en centros de datos reconoce, por boca de su CEO, que esa inversión no alcanza para servir todo lo que sus clientes le piden.
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La cuenta detrás de la confesión
El ejecutivo desarrolló el porqué. Dijo que los costos están subiendo, que el precio de la memoria y otros componentes presionan al alza, y que con un mismo presupuesto se obtiene menos capacidad de cómputo de la que se planificaba meses atrás. Sumó otro factor: los clientes de Google Cloud ven una demostración del modelo Gemini 3.5 Flash corriendo a 800 tokens por segundo y piden acceso inmediato. Esa presión se acumula sobre una compañía que también tiene que abastecer a sus propios productos para miles de millones de usuarios.
Pichai lo presentó como un equilibrio difícil, no como un fracaso. Pero es una admisión de peso, dicha por el CEO de la compañía que más invierte en infraestructura de inteligencia artificial del planeta.
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El problema del cliente y la respuesta comercial
La otra mitad de la conversación describió el otro lado del problema: la cuenta del cliente. Pichai contó que escucha de directores de tecnología de muchas compañías que sus presupuestos anuales destinados a inteligencia artificial ya se gastaron y todavía falta más de medio año. “Y creo que el problema se va a poner peor a medida que avancemos en el año”, dijo. La frase del escenario quedó así reforzada: no es una anécdota de mayo, es una tendencia que Pichai espera que se agrave.
Frente a ese cuadro, Pichai presentó la salida que Google ya había puesto sobre la mesa por la mañana. El modelo Gemini 3.5 Flash, dijo, está pensado precisamente para este momento. Es rápido, entrega capacidad de frontera y, según el CEO, es “extraordinariamente eficiente en costo” comparado con otros modelos de nivel similar. Su recomendación a las empresas fue concreta: usar una mezcla, reservar los modelos más caros para tareas que de verdad los necesiten, y mover el grueso del volumen a Flash. Esa es, en sus palabras, la forma de operar en esta época de “cómputo restringido”.
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Por qué la confesión y la salida se sostienen entre sí
Las dos partes de la entrevista forman una sola historia. Si Google tiene más demanda que cómputo disponible, vender el modelo más caro al mayor número posible de clientes deja de ser la mejor estrategia, porque cada consulta a un modelo grande consume capacidad que la compañía no le sobra. La salida razonable es empujar a esos clientes hacia un modelo más liviano, que cumple buena parte del trabajo a una fracción del costo y de la energía. Eso libera la capacidad cara para los casos que realmente la necesitan.

Para Google, esto resuelve dos problemas a la vez. El del cliente, que ve su factura bajar. Y el suyo propio, que distribuye mejor un recurso escaso. Pichai lo dijo sin ambages: la propia Google está usando internamente una combinación de Pro y Flash, y la mayoría de las compañías, según él, debería aprender a usar esa mezcla con efectividad.
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Lo que esto deja para el mercado
La conversación tocó otros frentes. Pichai habló de modelos abiertos chinos y dijo que su preocupación no es si las empresas estadounidenses adoptan tecnología de China, sino si Estados Unidos hace lo suficiente para mantenerse en la frontera. Habló también del límite físico que enfrenta la infraestructura: permisos para construir centros de datos, energía disponible, componentes específicos. “Hay cuellos de botella sistémicos en todas las capas”, admitió.
Lo que queda después de la entrevista es una foto más nítida que la del escenario. La era del entusiasmo por la inteligencia artificial, la del modelo que crece sin freno y la inversión que parece infinita, encontró su pared. Esa pared se llama capacidad de cómputo. Y la respuesta de Google a esa pared no es construir más rápido, porque no se puede, sino vender un modelo más chico y enseñarle al cliente a usarlo bien.
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La frase clave de Pichai en la entrevista no fue la del “absolutamente”. Fue otra, dicha al pasar: “Estamos viviendo uno de esos momentos en el tiempo”. Acaba de definir el año entero de la industria.
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